Sònia

Sònia

dimarts, 27 de desembre de 2016

Soy MAMÁ y me gusta la NAVIDAD

No entiendo porqué te gustan tanto estos días.
– ¿No deberían gustarme?
Tú ya sabes que sois los padres quien os encargáis de los regalos.
– ¿Y esa es razón suficiente para no creer en la magia de estas fechas?
¿Qué es lo que más te gusta de la navidad, mamá?
– Que son unos días perfectos para creer en la ilusión.
Nunca olvidaré el escalofrío que sentí cuando aquel hombre de barba blanca me miró y me regaló una sonrisa de oreja a oreja. Sentada en sus rodillas, identifiqué al instante el pose de su boca y descubrí que en realidad era mi padre quien llenaba mis bolsillos de caramelos. Repasaba con atención la carta que sostenía en mis manos a la vez que me recordaba la importancia de no hacer enfadar tanto a mamá. Al volver a casa, tras repartir los regalos a los niños más necesitados del barrio, nos fundimos un largo abrazo. Nunca hicimos referencia a ese momento, nunca rompimos la magia, los deseamos que fuese mi rey para siempre.
Ahora yo soy madre y él abuelo y seguimos compartiendo ese hechizo. Soy de las que le gusta la Navidad, de las que trabaja para que su MAGIA e ILUSIÓN no desaparezca. Creo que las fiestas navideñas son una época perfecta para educar, para aprender, para compartir momentos que se convertirán en recuerdos que nos acompañaran a lo largo de toda la vida. Momentos que quedarán gravados en nuestra memoria y nos robaran sonrisas cada vez que nos acordemos de ellos.
La Navidad es una fecha ideal para inculcar valores a los pequeños de la casa que les permitan crecer y afianzar su identidad, que nos permitirán estrechar el vínculo familiar, que nos facilitarán soñar de la mano.
“Lo que vale mucho vale muy poco” así que la Navidad puede ser un momento excepcional para educar en la GENEROSIDAD, en la importancia de compartir, trasmitiéndolo desde el ejemplo de un consumismo responsable, evitando los excesos y el despilfarro. Nuestros hijos no quieren que les emborrachemos con regalos, desean que estemos presentes, que permanezcamos a su lado sin condición.
Unos días extraordinarios para que nuestros pequeños aprendan a EMPATIZAR con lo que sienten los demás, para ayudarles a identificar sus propias emociones y aprender a ponerle palabras a todo lo que les corre por dentro. Días para abrazar a los que nos importan, para susurrar al oído lo importante que son para nosotros, para decir te quiero y acostumbrarnos a hacerlo los 365 días del año como algo ordinario.
Datas para hacer cosas JUNTOS, demostrándoles lo mucho que disfrutamos del juego compartido, de las carcajadas espontáneas, de las tardes sólo para ellos. Tiempo para escribir la carta a sus majestades a cuatro manos, acordándonos de los que nos rodean y de aquellos que más los necesitan. Momentos perfectos para aprender a priorizar, para tener un sentido crítico de nuestras necesidades y deseos.
Días para dar las GRACIAS por lo que privilegiados que somos de poder estar un año más juntos y para recordar a los que se fueron con una sonrisa en los labios. Para sentirse agradecidos y dichosos, para compartir, para reconocer el esfuerzo que hay detrás de cada regalo. Tiempo para aprender a mimar y cuidar de los nuestros, para apreciar todo lo que hacen por nosotros.
Una época ideal para RENOVAR las ilusiones, las esperanzas, para soñar si cabe más grande. Días para escribir juntos nuevos compromisos, diseñar nuevos retos, elaborar nuevas estrategias en familia. Para cargarnos de optimismo y entusiasmo.
Días para disfrutar de los rituales de la Navidad, de sus villancicos desafinados, de sus pesebres, de su árbol lleno de luces. Para estimular la creatividad y la imaginación, para aprender a hacer nuevas cosas juntos, para conocer diferentes formas de celebrarla.
Hijo, nunca elimines de tu vida la MAGIA que te regala cada NAVIDAD.

dimarts, 20 de desembre de 2016

QUIZÁS MAÑANA SEA TARDE

- Ya lo haré cuando tenga 12 años.

- Es una pena que no te atrevas a intentarlo.

- No me va a salir.

- Postergar nunca es una buena solución.

-¿Y tú qué haces cuando vas a intentar una cosa y sabes que es muy probable que no te salga bien?

- Pensar que ese es el mejor momento para probarlo.

- ¿Aunque sepas que será un fracaso?

- Quien trabaja por sus sueños siempre es un ganador.

El paso de los años te enseña que el mundo es de aquellas personas que son capaces de jugársela, que están dispuestos a entrenarse a diario para ser feliz. De aquellos que se atreven a soñar grande, a arriesgar a doble o nada, a apostar a fuego por lo que creen. Personas intrépidas que actúan y no postergan, que no se escudan en excusas o se hacen pequeños ante la adversidad. Aquellos que aman sus sueños, que se comprometen a diario, que no dejan de caminar. Esos que no se esconden, ni esperan un golpe de suerte para empezar a construir.

Aquellos sujetos que deciden sin esperar la aprobación de los demás, que silencian las críticas con actos, que no necesitan ser elegidos para creer en su trabajo, para empezar a crear. Aquellos que se atreven a dar el primer paso aunque no sepan muy bien donde les va a llevar, esa primera pisada que te saca de donde estás y te abre mil y un camino por descubrir.

Aquellos que aprenden a simplificar, relativizar, a enfocar únicamente hacia lo que es importante. Esos que saben renunciar, que no se atan a causas imposibles, que no se aferran a aquello que les contamina. Individuos que están dispuestos a dar la vuelta a todo, a poner punto y a parte a todo lo que no merezca la pena, a colocar todo patas arriba si no se encuentran satisfechos. Sin pereza ni pausa, sin inventar pretextos, sin buscar culpables.

Personas que atacan las dudas, que eliminan los esfuerzos a media, que emprenden, que pierden el control cuando merece la pena. Los ambiciosos, los inconformistas, que aprenden a desobedecer a los cobardes, a saltar límites, que viven con coraje. Aquellos que buscan lo que les hace diferente, que invierten todo lo que tienen en sus utopías. Que no desean ser lo esperado, que dejan ir lo que les intoxica, que aceptan que hay cosas que no cambiaran.

Aquellos que saben remover bien adentro aunque les asuste, les duela, les ponga al revés. Sujetos que están preparados a tirar del hilo hasta llegar al final, a perseguir preguntas, a tentar el futuro. Esos que prueban mil y una estrategia, que saltan charcos, que son auténticos, que nunca se quedan con las ganas de volver a empezar.

Esas personas que hacen únicamente lo que les emociona, que no traicionan lo que sienten, que no se cansan de buscar nuevas oportunidades. Que creen que equivocarse es una maravillosa forma de aprender, que el error les motiva, que la duda no les paraliza. Aquellos que se hablan con respeto, que se quieren mucho, que tienen ganas infinitas de vivir. Esos que piden ayuda cuando lo necesitan o un abrazo cuando las cosas se empiezan a torcer.

Hijo, nunca olvides que sólo los valientes consiguen lo que quieren. Hoy siempre es el mejor momento para intentarlo, quizás mañana sea demasiado tarde.

diumenge, 11 de desembre de 2016

EDUCAR ANTE LA MUERTE

- ¿Tú también le echas de menos mamá?

- Creo que no hay un sólo día que no me acuerde de él.

- ¿Y también te pones triste al recordar que ya no está?

- Intento acordarme de todo lo bueno que compartimos juntos.

- Sé que papá a veces disimula sus ganas de llorar cuando hablamos de él.

- Se le hace difícil que él ya no esté.

- Ojalá pudiese verme cuando marco un gol.

- Estoy convencida que desde algún sitio lo hará.

Educar ante la muerte pertenece a la vida, es parte imprescindible de ella. Nuestra existencia está llena de encuentros pero también de pérdidas, nos gusté o no, es parte de las reglas del juego. Las pérdidas en ocasiones dan aún si cabe más sentido a nuestros días, nos recuerdan a menudo la necesidad de exprimirla al máximo, de tratarla con cariño. La vida es tan emocionante precisamente porque tiene un límite, la muerte es su esencia.

Hace 4 años que el abuelo se fue. La enfermedad se lo llevó de un manotazo, privándonos de tener tiempo para despedirnos de él, para poderle expresar lo importante que era para nosotros. La muerte le robó lo que más le gustaba en esta vida, ver a sus nietos crecer. Cuatro años donde ha costado mucho no llorar en cada celebración familiar, hablar sin miedo al recuerdo, superar la rabia, entender su marcha. Aprender a afrontar el vacío, la desolación, la ira.

Sin edulcorar la realidad aprendimos a hablar del tema sin rodeos, fantasías o engaños. Sin tabús y admitiendo que estábamos rotos por dentro. Desarrollamos mecanismos para sublimar el dolor, eliminamos los eufemismos. Superamos la negación, la furia, la tristeza. Nos permitimos tener días grises confiando en que poco a poco iría a mejor, aprendimos a seguir caminando sin tenerlo. Aceptamos nuestra presumidad como padres admitiendo que no teníamos respuesta para todo, le pusimos color a la injusticia, buscamos mil y una manera de mantenerlo vivo en nuestro recuerdo.

El tiempo nos ha enseñado a aceptar su pérdida sin enojo, a ponerle una sonrisa al recuerdo. A hablar con naturalidad de su ausencia, a respetar diferentes rituales de despedida, a compartir todo aquello que sentimos sin tapujos, a verbalizar lo mucho que le añoramos. A dejar expresar emociones sin miedo al ridículo, a responder con naturalidad preguntas incómodas, a entender las muestras de dolor sin tapujos. A comprender que el amor no se gasta, que él vivirá para siempre en nosotros.

El paso de los años nos ha permitido compartir el duelo, coger la rabia acumulada y convertirla en energía, a hacernos más fuertes. El primer contacto con la muerte nos ha hecho integrar nuevas emociones, a sentir muy adentro. Al principio necesitamos buscar una estrella que nos unía a él, ahora ya está presente en todo lo que hacemos.

Recuerdo cada vez que discutía porque malcriaba a sus nietos, ahora desearía que les atiborrase de chucherías. Si el abuelo viese como marco un gol, si el abuelo viese la nota del examen que he conseguido, ojalá el abuelo me pudiese abrazar.

dimecres, 23 de novembre de 2016

LA SUERTE DE VIVIR CON UN ADOLESCENTE

- ¿Por qué no dejas de mirarme?

- Porque me cuesta creer que hayas crecido tanto.

- ¿Te gustaba más cuando era pequeño?

- No, me hace realmente feliz verte tan mayor.

- ¿Aunque discutamos más que antes?

- Aunque en ocasiones nos cueste entendernos.

Tengo la suerte de vivir junto a un adolescente. Un joven con ganas de retar al mundo, de descubrir caminos, de perseguir sus sueños. La adolescencia es para mi la etapa más apasionante, un despertad a la vida lleno de ilusiones, miedos y emociones a máxima intensidad. Una edad en la que parece que todo se tambalea, donde crees que nadie te entiende, donde sientes que a menudo vas a contracorriente, donde te ves extraño al mirarte al espejo.

Es sin duda la etapa en la que siento que mi hijo más necesita de mi ternura, mi serenidad, mi presencia, que estemos en sintonía. Que precisa que le acompañe a cierta distancia, que me muestre confidente, que le deje espacio para probar. Aunque le cueste aceptarlo, aunque aparente que es autosuficiente, aunque rechace mis besos en público, necesita a mamá.

El trayecto donde más le hace falta que le repita que le amo sin condición, que le ayude a poner freno, que le haga creer en su potencial, que celebremos juntos cada pequeño logro conseguido. Que compartamos secreto, busquemos aficiones comunes y tiempo para conversar. 

Entenderé sus cambios de humor, su desconcierto, sus dudas e impertinencias. Sus tropiezos, la variabilidad a la hora de opinar, que ría y llore casi a la vez. Que en ocasiones hablemos idiomas distintos, que tenga que poner a prueba los límites, sus salidas de tono, que viva en constante ebullición. Comprenderé sus indecisiones, su fragilidad, su rebeldía y sus deseos de transgredir.

Le daré importancia a sus dudas, a sus intereses, a sus ganas de saber. Sonreiré cuando diga lo contrario a lo que piense, aprenderé a leerle entre líneas, a no perder la compostura, a descifrar sus necesidades. Entenderé que sus amigos sean a veces más importantes que sus padres, que necesite intimidad, que haya espacios que no quiera compartir. Aprenderé a llamar a la puerta de su habitación, a no interrogarlo, a dejar que tome decisiones.

Sabré que sus enfados piden a gritos más paciencia, más tiempo para aprender. Evitaré las etiquetas, las comparaciones, las críticas que destruyen o limitan, le explicaré que yo también fui una joven rebelde.

Le invitaré a que escribamos juntos las normas, pocas y claras, a pactar nuevas condiciones, a reorganizar las responsabilidades, a marcar juntos el ritmo. Aceptaré mis errores, agradeceré que me cuestione, aprovecharé también para crecer. Intentaré no contagiarle mis miedos, mis limitaciones, mis tareas por cumplir.

Pero seré firme cuando toque,  hablaré claro sin discursos, sin debatir lo que no es negociable, mantendré la calma cuando más lo necesite aunque tenga que contar hasta diez. Le recordaré sus obligaciones, no justificaré sus errores, dejaré que se equivoque y se caiga para que aprenda a avanzar. Le haré sentir, pensar, decidir aunque le incomode.

Aceptaré que cada vez necesite menos ir de mi mano, le ayudaré a reconocer sus miedos, a superar sus complejos. Le encorajaré a inventar su mundo, a dibujar como quiere que sean sus pasos, a seguir a su instinto. A no olvidar de sonreír a todo lo que le regale el futuro, con optimismo y mucha dedicación. Le recordaré a diario que los éxitos llegan de la mano del trabajo y la constancia, le animaré a soñar grande y a mirar el futuro con ilusión.


diumenge, 13 de novembre de 2016

HIJO, QUIÉRETE MUCHO

- ¿Tú siempre te gustas cuando te miras al espejo?

- No siempre.

- ¿Y qué haces cuando eso pasa?

- Averiguar cómo puedo cambiarlo.

- ¿Y si a los demás no les gusta el cambio que tú decides hacer?

- Sólo yo tengo el poder de decidir quién quiero SER.

Lo mejor que puedo enseñarle a mi hijo es a QUERERSE MUCHO. Sin reproches, excusas, ni desprecios. A mirarse al espejo con valentía, sin críticas despiadadas, etiquetas o  justificaciones.  A reflejarse en él sin complejos, sin limitaciones, sin pretender ser algo que no siente. A prohibirse verse pequeño, a aprender a quererse con avaricia, con cariño, aceptando las cicatrices que en ocasiones la vida regala.

A hablarse con palabras bonitas, con dulzura, sin engaños, sin encogerse cuando las cosas se empiezan a tambalear. A mirar bien adentro, a conocerse sin miedo al ridículo, a desafiar a los que no crean en él. A creer en él exprimiendo cada experiencia sin olvidar NUNCA que a la única persona que no debe defraudar es a ÉL MISMO.

A quererse sin condición, a valorar cada batalla ganada, a nadar a contracorriente cuando sea necesario, a PISAR sin miedo. A esforzarse aunque duela, sin mediocridad y paciencia. A sentirse INMENSO en cada amanecer, a sorprenderse a diario, a cambiar las circunstancias cuando haga falta. A vivir sin copiar, sin reproducir como otros viven. A no cansarse jamás de trabajar por aquello que le hace emocionar aunque los demás no lo entiendan.

Le entrenaré a diario a tratarse con RESPETO, a ser amable con sus imperfecciones, a saber que tiene derecho a sentirse frágil o vulnerable. A permitirse titubear, a no verlo claro, a aprender a pedir ayuda sin pudor al qué dirán. A ser irreverente con los que no se atreven, a no pedir permiso ni licencias, a ser siempre la mejor VERSIÓN de él mismo.

Le ayudaré a BUSCAR su potencial sin pereza, a amar sus rarezas, a creer en sus capacidades. A valorar cada pequeño paso, a ver en las dificultades una nueva oportunidad, a no postergar el cambio cuando haga falta. A tomar las riendas de su vida, a VIVIR COMO SUEÑA, a no acumular tareas pendientes, a no esperar aprobaciones.

Le acompañaré hasta que se convierta en su MEJOR compañero de viaje, su gran aliado. Hasta que sea fiel a sus valores, auténtico, convirtiéndose en su mejor visionario, sobresaliendo de él mismo sin sucedáneos. A vivir con coraje, a alejarse de los que no suman, a apostar a fuego por cada uno de sus retos. A SABER que merece todo lo bueno que les ocurre.

Con ternura y afecto le recordaré a diario que me gusta por lo que ES y NO por lo consigue, por lo que significa en mi vida, asegurándome que sabe que CREO ciegamente en él. Sin transmitirle mis dudas o miedos, sin que le ahogue mi exigencia, dejando que se caigan y se enfrente a sus retos. Potenciando más que frenando, dándole tiempo para estar preparado, enseñándole a SOÑAR GRANDE.

Hijo,  aquel día en el que sientas que te QUIERES SIN CONDICIÓN estarás preparado para hacer que las cosas sucedan, para conseguir propósitos fascinantes, para hacer mucho ruido y ser gigante. No olvides nunca que no hay nadie como TÚ.


dimarts, 1 de novembre de 2016

EXPRIME EL TIEMPO

- Mamá, ¿a ti te preocupa lo que puede pasar mañana?

- No demasiado.

- ¿Y si no pasa lo que tú esperas?

- Intentaré adaptarme a lo que llegue.

- ¿Y no te gustaría poder controlar el tiempo?

-  La vida perdería toda su espontaneidad.

- Ya, pero así  pasaría únicamente lo que deseamos.

- ¿Sabes qué? lo mejor que podemos hacer es dedicar toda nuestra energía a aprender a disfrutarlo.

El tiempo es nuestra mercancía más preciada, nuestro mejor valor, aquello que nos iguala. Da igual el éxito del que disfrutemos, el dinero que tengamos en nuestra cuenta corriente o nuestra posición social. Sea cual sean nuestras raíces, se detiene a la misma velocidad. Puede desaparecer en milésimas de segundo y es entonces cuando nos hacemos diestros en lamentar.

Nuestra torpeza a menudo hace que se nos escurra entre los dedos como el agua de un manantial, que se nos escape a diario con brutal estupidez. Un compañero de viaje al cual valoramos únicamente cuando algo está a punto de arrebatárnoslo, cuando lo que sucede nos pone contra las cuerdas, nos acerca al acantilado. Somos verdaderos expertos a la hora de malgastarlo, en perder cartuchos que no volverán a recargarse, en dejar pasar el tren siendo muy conscientes que no volverá.

Deberíamos aprender a concentrarnos en nuestras prioridades, en invertir toda nuestra energía en aquello que nos hace realmente feliz. En planificar y definir qué es lo realmente importante, priorizando los compromisos con uno mismo. Siendo leales a nuestras corazonadas, eliminando lo que nos resta, aquello que se lleva nuestro entusiasmo.

Aprendamos a decir NO, a descartar dudas o titubeos porque los otros no lo ven claro, a intentar dar explicaciones de todo lo que nos mueve por dentro. A llenar de excitación todo lo que tenemos entre manos, a soñar grande. Démosle la espalda al fracaso con el trabajo como mejor aliado, invirtiendo cada minuto en mejorar, a vibrar con cada uno de nuestros proyectos. Forcémonos a hacer cosas nuevas, a picar nuevas puertas sin miedo al rechazo, aunque nuestra zona de confort nos recuerde el riesgo.

Vivamos sin relegar ningún deseo, dominando cada segundo, pintando con nuestro propio color el camino. Sin mapas que nos encadenen, confiando en el instinto, seleccionando los mejores compañeros para nuestro viaje. Aprendamos a no guardar nada por si todo cambia, a vivir el presente sin peros ni excusas, saboreando cada regalo que la vida nos ofrece a diario. Sintamos esos pequeños detalles que erizan nuestra piel, que le dan sentido a todo lo que hacemos, que nos empujan a seguir dando pasos.

Aprendamos a aflojar el ritmo, a dar las gracias, a centrarnos en lo que tenemos y no en lo que anhelamos. A dedicar todo nuestro esfuerzo a cultivar el alma, a dejarnos sorprender por la incertidumbre, a hacer aquello que los otros no se atreven. A no vivir la vida de otra persona, a no permitir que se apoderen de él sin permiso o lo llenen de distracciones banales, excusas o pleitos.

Escuchemos al alma cuando nos diga que no quiere detenerse, a hacer cosas que nos embelesan, a jugar correctamente nuestras cartas para que no llegue un día que debamos lamentarlo.

Hijo, somos un instante en el tiempo pero nunca olvides que nuestro impacto es para siempre.


diumenge, 16 d’octubre de 2016

NO ME PIDAS TANTO MAMÁ

- A veces tengo la sensación de que nunca estás contenta con lo que hago.

- ¿Por qué dices eso?

- Parece que siempre quieras que haga las cosas aún mejor.

- Porque confío en que puedes mejorar.

- Ya, pero en ocasiones sólo te vale que lo haga perfecto.

- Tienes razón, a veces me olvido que nadie encuentra su camino sin haberse perdido varias veces.

Lamento cada ocasión que mi torpeza me lleva a no saber valorar el sinfín de cosas que mis hijos hacen bien. Aquellos instantes en los que me convierto en una madre insaciable que invierte su energía en valorar únicamente el rendimiento de aquello que hacen, olvidando el esfuerzo que han puesto en ello, la fuerza de voluntad que han demostrado, cada paso que han sido capaces de dar en su camino.

Aquellos momentos en los que me muestro excesivamente crítica, donde exijo que sean sobresalientes a la hora de aprender, ignorando que lo importante es el sentir y no el hacer. Aquellas situaciones en las que descuido que se aprende experimentando, dando la mano al ensayo y el error, cayendo y volviendo a empezar. Esas ocasiones donde provoco una agria sensación de inutilidad, de torpeza, de desolación. Donde me olvido de alentar, de motivar sin condición, de recordar que estoy ahí donde me puedan necesitar.

Esos instantes en los que el resultado se convierte en la única meta, sin tener presente la importancia de respetar sus ritmos de aprendizaje, las capacidades innatas, el deseo de hacer las cosas de manera diferente a las mías. Mi desacierto me lleva a olvidar que yo tampoco soy una madre ni una mujer de sobresaliente y que ellos nunca juzgan mi poca destreza para cocinar o mi incapacidad de mantener la calma cuando las cosas se empiezan a torcer. Esos momentos en los que mi exigencia es tan elevada que consigo que mis pequeños tengan miedo a explorar.

Nuestros hijos no pueden convertirse en un producto bursátil que debemos revalorizar, ni un trofeo que debemos exponer, ni una medalla que podernos colgar. No podemos convertir sus vidas en una exigente escuela donde sólo haya lugar para el éxito y la perfección,  que les exija siempre estar al  mejor nivel.

Yo no quiero hijos sobresalientes sino felices. Valientes, osados, con ganas de probar, que acepten el error como parte esencial del aprendizaje. Con ganas de aprender sin miedo a fallar, sin querer vivir siendo siempre los primeros de la fila. Quiero hijos que vivan el presente sin más, que disfruten de cada regalo que les ofrece un nuevo amanecer. No quiero educar en la necesidad  de ser los mejores, de sentir que los demás son rivales, donde el único objetivo es alcanzar la notoriedad. 

Quiero que sepan que les quiero por lo que son y no por lo que consiguen. Deseo ser una mamá que estimula, que valora cada escalón superado, que no recrimina los errores,  que susurra "estoy contigo" cuando todo se empieza a balancear. Quiero hijos que crezcan en libertad, sin tener la necesidad de demostrar nada a nadie, sin tener que ser élites. Que aprendan a valorar el intento aunque sea imperfecto, que tengan las ganas de seguir intentándolo las veces que sean necesario, a no quieran ser lo que los otros deseen.

Ojalá sea capaz de enseñarles que no siempre hay que saber bailar sin pisar, ni saber seguir el ritmo que otros imponen. Sin duda la vida es mucho más emocionante cuando pintas del color que tu crees.


dilluns, 3 d’octubre de 2016

HIJO, LIDERA TU VIDA

- ¿Tú siempre sabes lo que quieres?

- A veces no.

- ¿Y cómo decides hacia dónde ir?

- Atreviéndome a probar.

- ¿Y no te da miedo tomar el camino equivocado?

- No, lo único que me preocupa es no ponerme a caminar.

- ¿Y si a los otros no les gusta lo que has decidido?

- Tú debes ser el único encargado de dibujar tus sueños, los demás sólo deben decidir si quieren o no acompañarte en el camino.

No hemos sido educados para decidir. Perdemos infinidad de tiempo dudando, sintiendo pudor a la hora de tomar decisiones, postergando. Evitamos tambalearnos por miedo a perder el equilibrio, relegando lo importante para mañana. Todo debe ser perfecto, estar controlado, ser entendible. Agotamos gran parte de nuestra energía esperando aprobaciones,  mostrándonos incapaces de diseñar cómo queremos que sea nuestra vida por miedo al fracaso, por sentir que nunca es el momento adecuado, por esperar el momento perfecto. Los momentos de transición nos llenan de pánico.

Nuestra incapacidad de liderar nos mantiene estáticos, nos paraliza, nos mata poco a poco. Nos hemos acostumbrado a vivir en blanco y negro, rechazando la incertidumbre. En los momentos importantes nos mostramos incapaces de dar el primer paso, aquel que nos acerca al abismo pero que a la vez es el único capaz de sacarnos de nuestro letargo. Esa decisión que nos obliga a actuar, a tomar decisiones, a innovar.

En las escuelas debería existir una materia que nos enseñase a liderar, a capitanear nuestras vidas. Deberían educarnos en la valentía, en apostar por lo que te llena de verdad, en la determinación. Enseñarnos a no creer en las autojustificaciones que nos privan de dar el salto, en las excusas que otros inventaron. A priorizar con calma y reflexión, a decidir cuales son nuestras preferencias, a descartar las rutinas que nos matan poco a poco, a eliminar los miedos impuestos.

Ojalá seamos capaces de educar a nuestros pequeños a ser curiosos, a elaborar sus propias instrucciones, rediseñado los mapas siempre que sea necesario, siendo los únicos protagonistas de su aventura. A buscar nuevas  formas de hacer, sentir, pensar y emocionar con coraje, sin miedo a la autocrítica, al error. Aprendiendo a ser permeables, flexibles, creativos y adaptables.

Priorizando las preguntas ante las respuestas, escuchando a los valientes, transformando la emoción en acción. Dejando atrás las viejas costumbres, la pereza, los prejuicios. Estando dispuestos a dar soluciones, ofrecer ayuda, a confiar aunque los otros no lo hagan.

Tocará tener paciencia, mostrar confianza ante lo desconocido, ser consecuente con nuestras elecciones. Aprender a escuchar al alma cuando te desafía, entrenar nuestras fortalezas, mejorar las debilidades. Liderar supondrá hacer cosas que cuenten, que nos hagan sentir vivos, entregarse sin excusas. 

Hijo nunca olvides que a la hora de liderar lo importante no es estar preparado sino dispuesto.

diumenge, 25 de setembre de 2016

¿QUÉ DEBO APRENDER MAMÁ?


- ¿A ti también se te olvidan las cosas que aprendes?

- Sólo las que no son importantes.

- ¿Y cómo puedo saber si un aprendizaje es valioso o no?

- Porque aquello que aprendas te ayudará a avanzar.

- ¿Qué es lo más importante que debo aprender?

- Que la vida es un regalo que debes aprender a explorar.

Cuando nos convertimos en papás y mamás nos entra la necesidad imperiosa de llenar a nuestros hijos de saber. Centramos nuestro esfuerzo y presupuesto en conseguir nuestros pequeños aprendan todos los idiomas posibles, toquen un instrumento musical, sean habilidosos deportistas o realicen cientos de operaciones por minuto. Los saturamos de contenidos, procedimientos o habilidades que deben dominar a la perfección, además de cumplir con su curso escolar.

Por suerte la experiencia te va enseñando que en la educación lo importante no es la cantidad de inglés que puedan llegar aprender, la media aritmética que obtienen al final del curso escolar o si logran jugar o no de titular.

Yo no quiero hijos atiborrados de conocimientos, mi única pretensión es conseguir contagiarles el placer de VIVIR. Mi maternidad se basa en pretender que se conviertan en personas empáticas, libres, críticas, capaces de vivir en una sociedad cambiante, llena de desafíos, que tengan ganas de aprender. Niños capaces de gestionar sus emociones, que crean en el valor del esfuerzo, que acepten el error como el mejor aliado para avanzar.

Una educación que forme para la vida, que priorice el sentir al hacer, las ganas de probar, el ser capaz de disfrutar del camino.

El mejor legado que podemos dejarles a nuestros hijos debería ser:

1) Enseñar que la FELICIDAD puede esconderse en cualquier esquina, hay que entrenarles a buscarla con ansia. Que sean más que tengan, que vivan sencillo, sin guardar nada para mañana. La vida no entiende de programaciones ni planes, simplemente sucede.

2) A no dejar pasar la vida esperando que ocurra aquello que les va hacer sonreír. Enseñémosles a ID a por ello, a tomar las riendas, a dar el primer paso. Demostrémosles que los sueños deben ser el motor que les remueve por dentro, a ser imprudentes, osados, a pintar sus propios caminos, a buscar la excelencia. A no olvidar que el TIEMPO es nuestra mejor mercancía.

3) Que aprendan que, si deben esperar algo, que sea únicamente de ellos MISMOS. Ejercitémosles a confiar en sus habilidades, a explotar su potencial, a descubrir el talento que todo niño posee. A enamorarse de los defectos, a reírse de los contratiempos, a juzgarse con cariño, a establecer sus propios límites. A escucharse a menudo, a hablarse con respecto.

4) Entrenémosles aVIVIR sin MAPAS, sin guión. Consigamos que se enamoren de la incertidumbre, de la casualidad, del cambio. A no pedir permiso por luchar, por conseguir aquello que les hace vibrar, por defender lo que les hace diferentes. Velemos porque nunca se cansen de trabajar, de mejorar, de buscar la mejor versión. Expliquémosles la necesidad de reprogramarse a diario, de reinventarse la veces que sea necesario.

5) Consigamos que crean en el INSTINTO, que se conviertan en lo que piensan, a sentir en estéreo, a emocionarse a diario. Animémosles a rodearse de valientes, a arriesgarse sin lamentaciones, a cruzar por la cuerda floja, a vencer aquello que les asusta, a no escuchar a sus pensamientos cuando se quieran rendir.

6) Expliquémosles la importancia que tiene DESTACAR únicamente por ser buenas personas, dar sin esperar recibir, empaparse de valores. Enseñémosles a centrar la atención en saber quién necesita de su calor, a rodearse de personas que ayuden a sumar. A perdonar, a ser humildes, a tejer complicidad, a que sus actos hechicen.

7) Motivémoslos a TOMAR decisiones, la inactividad y la pereza no son un buen compañero de viaje. Ayudémosles a identificar aquello que les apasiona, a gestionar los miedos, a hacer algo nuevo cada día. A empoderad su vida, a conducirla con originalidad y autonomía, a estar dispuestos a desaprender. A asumir las consecuencias de sus acciones, a buscar soluciones, a hacer que el riesgo valga la pena.

8) Enseñémosles a AMAR sin olvidar sus raíces, a llorar sin temor, a ser sin antifaces ni excusas. A vivir con conciencia en el presente, a componer su propia banda sonora. A ver en cada día una nueva oportunidad, a soñar grande, con pasión y curiosidad.


9) Demostrémosles que la queja no les sacará de los problemas, enseñémosles a llevarse bien con la VIDA, que las cosas pequeñas son las que realmente importa. A reírse mucho, a ver la vida con la máscara del HUMOR. A quitarle hierro a las vicisitudes , a ver lo positivo del intento.


No nos cansemos de REPETIRLES que aprendemos de la mano, que les acompañamos sin condición. Que apoyamos sus decisiones, que entendemos sus temores, que perdonamos sus errores, que valoramos cada pequeño progreso.

dilluns, 19 de setembre de 2016

EL PODER DE UNA MIRADA

-No me mires así

- ¿Cómo es así?

- De esa forma, tu cejas se arquean y se vuelven graciosas.

- La mirada tiene un poder fascinante.

- Me haces reír.  A veces con sólo mirarme ya sé lo que estás pensando de mí.

- Mirar es un idioma extraordinario. 

Creo firmamente en el poder de las miradas. Aquellas que sin hablar expresan nuestro sentir, aquellas que declaran a gritos lo que el corazón calla. Las únicas incapaces de fingir lo que nos recorre por dentro, portavoces de nuestras alegrías o nuestros miedos. Esas que establecen diálogos, besan o abrazan, que increpan o invalidan.

Mis preferidas son las miradas que enamoran, que provocan ternura y comprensión, que protegen y sanan. Que usurpan sonrisas, contagian esperanza, ganas de seguir intentándolo. Pícaras y provocativas, que te invitan a seguir conociendo, a investigar. Miradas llenas de complicidad acompañadas de una mano que ofrece su ayuda, encuentros efímeros que nos recuerdan en el momento más necesario que no estamos solos en esto.

Rechazo las miradas que anulan, que nos llenan de incertidumbre, de pánico. Que imponen, castigan o reprochan, que juzgan sin sentido. Miradas atestadas de indiferencia, frialdad o tirria. Que provocan rechazo, retroceso. 

Busco las deseadas, las cómplices que rastrean réplicas. Aquellas que provocan emociones, erizan la piel, que nos atraviesan por dentro. Que estrechan lazos, cultivan amistades, crean vínculos, rescatan sentimientos. Que conmueven, enternecen, encandilan. Que calan los huesos, aquellas que nos hacen eternos.

Miradas inventadas, juguetonas, creadas para un preciso momento, que contagian futuro . Que nos abarrotan de ilusión, esperanza y motivos. Dulces y perfumadas, acarameladas, afectuosas. Aquellas que hechizan, repletas de brujería, donde aparece la magia. Divertidas y llenas de juego, de táctica, de insinuación. Miradas que consiguen sueños, que sólo dos consiguen descifrar.

Evito las fugaces, las distantes, aquellas que anuncian despedida. Llenas de vértigo, que imponen y sentencian, que incomodan. Que castigan, odian, reprenden o penalizan, que rebosan estupidez. Miradas que sólo el remitente entiende, que se pierden en el laberinto, que enmudecen. Las cobardes, las llenas de prejuicios, las que sólo están pintadas en blanco y negro . Aquellas que desaparecen como la voz en el desierto, aquellas que contaminan. Las que solicitan tiempo, tierra de por medio.

Ensayo las miradas que perdonan, ofrecen alternativas, abren nuevos caminos y construyen puentes. Que dibujan amaneceres, establecen diálogos, que apadrinan nuevas oportunidades. Aquellas que rebosan energía, esfuerzo, que te invitan a caminar. Las que arropan, las que siempre dan una segunda oportunidad.

Hijo, mira siempre ofreciendo tu mano, deseando contribuir, abierto a los que los demás te regalan.

dimarts, 6 de setembre de 2016

KATHRINE VIRGINIA SWITZER, la mujer 261

He contestado cientos de veces a la misma pregunta, ¿por qué corres? y siempre mis respuestas podrían resumirse en  "simplemente porqué me hace feliz". Entiendo que para mucha gente sea dificil comprender que me sienta afortunada que a diario mi despertador suene al alba para recordarme que ha llegado el momento de calzarme mis zapatillas y recorrer las calles de mi ciudad en solitario.

Correr me hace sentir libre, fortalece mi constancia y saca lo mejor de mí. Además me ayuda a educar a mis hijos en el esfuerzo y a creer que la voluntad es la fuerza más poderosa que puede existir.

Correr me ha regalado conocer a gente maravillosa, descubrir miles de nuevos caminos y ha cambiado mi forma de pensar. Se ha convertido en mi refugio cuando necesito soledad y el mejor escenario para poder crear.

Pero si hoy corro es gracias a mujeres valientes que se atrevieron a enseñar al mundo que las féminas también podíamos soñar con la distancia de Filípides y lucharon para que esto fuese así. Kathrine Virginia Switzer fue la primera mujer que corrió una maratón con dorsal el año 1967, una distancia que estaba prohibida para las mujeres. Con su dorsal número 261, desafió a los organizadores de la maratón de Boston y cruzó su meta escoltada por hombres que creyeron en la igualdad.

Desde aquel día se convirtió en una de las mujeres más notorias en la promoción del deporte en femenino. Su coraje y osadía abrió las puertas de la maratón al resto de corredoras del mundo y su ejemplo ha sido clave para emponderar a miles de mujeres de diferentes generaciones a creer en la capacidad de conseguir todo aquello que se propongan. En los Juegos Olímpicos de los Ángeles por primera vez la maratón femenina pasó a formar parte del programa.

La historia siempre se ha escrito por hombres y mujeres, independientemente del sexo al que pertenezcan pero con algo muy importante en común: la capacidad de SOÑAR GRANDE.


dimecres, 6 de juliol de 2016

VERANOS EN FAMILIA

- ¿A ti te gusta estar de vacaciones?

- Es una de las cosas que más me gusta.

- ¿Por qué?

- Porqué pasamos mucho tiempo juntos.

- ¿Aunque a veces no paremos de pelearnos?

- Pese a que os peleéis.

- ¿Aunque siempre me manche de helado?

- Pese a que siempre te ensucies de chocolate.

- ¿Aunque hayas días que acabemos enfadados?

- Pese a la riñas y los berrinches.

Vuelve a meterse en la piscina y al instante sale como un rayo y empapa las páginas del libro que leo. Me salpica al mover su pelo y con una sonrisa de oreja a oreja, se vuelve a zambullir. De nuevo a mi lado para insistirme que nos tiremos de bomba para mojar a papá. Suspiro con inmersa pereza, pienso que ya no tengo edad para tanto movimiento, saltamos y papá sonríe de medio lado. Jugamos a nadar como delfines, a buscar nuestro récord bajo el agua, a hacer el muerto y que el otro nos tenga que rescatar. Salimos agotados a la toalla y charlamos sin prisa, hacemos guerra de cosquillas y compartimos helado y auricular.

Me gusta el verano porque estoy con ellos. Aunque a veces pierda los nervios, desee volver a trabajar y sienta un agotamiento extremo. Pese a que haya días que no nos aguantemos, nos enfademos por todo y añore la calma. Aunque haya tardes que desee que se vayan unos días con los abuelos, me moleste cualquier comentario y esté cansada de tener todo patas arriba.

Recuerdo cuando en mis veranos reinaba el silencio. Cuando era todo calmado y viajábamos buscando rincones del mundo para fotografiar. Pausa, horas tranquilas llenas de lectura esperando el mejor atardecer. Pocos planes y mucha improvisación. Sin dar explicaciones, sin nada por hacer. Sólo sol, sosiego y prensa por leer.

Once años más tarde los veranos se han llenado de ruido y emoción. Agua salada, granizado de limón, paseos en bicicleta, parques de aventura y ferias. Yo disfruto del verano, de las tardes de pesca, del cine de dibujos animados, de las palomitas dulces y las colchonetas de agua. De las jornadas sin rutinas, de las cabañas y ríos, de las olas y la arena. Del coche abarrotado de maletas, de las riñas y los lloros, de las risas sin control.

Adoro estar con ellos, compartir aficiones, cantar la banda sonara del verano cuando sale en la radio. Me emociono al darme cuenta de lo mucho que han crecido y aprendido en el último año, al comprarles un número de zapato más grande que el mío, al ver que cada vez necesitan menos de mi. Me gusta que me propongan jugar a los juegos de mi infancia, que me susurren al oído "te quiero mamá". Días llenos de bullicio, tatuajes y pulseras, conciertos infantiles, de miles de cosas por descubrir. 

Deporte y excursiones,  raquetas, piscina y pelotas, ratos de aburrimiento y siestas a la sombra. De visitas inesperadas, amistades de la infancia, reencuentros calmados. De mucha salsa de tomate, norias y toboganes, charlas infinitas, lecturas compartidas, museos y talleres, estrellas fugaces, de imaginación en ebullición.

Jornadas para bajar el ritmo, para dejar de ir corriendo a todas partes, estrechar lazos y transmitir valores. Para cambiar de entornos, conocer nuevas costumbres, practicar idiomas y soñar sin prisas. Días de aprendizajes mutuos, de achuchones y abrazos, de besos con sabor a fresa. Momentos de añorar al abuelo, de lamentar su pérdida, de desear que estuviese, de recordar lo que compartíamos.

Veranos para sentirse querido, para programar nuevos retos, para palpar lo que sentimos y notarse especial. Momentos para diseñar nuevos caminos.

dilluns, 4 de juliol de 2016

8 LECCIONES REGALADAS A MI HIJO EL DÍA DE SU CUMPLEAÑOS

- ¿Qué sentiste al verme por primera vez?

- Que era la mujer más dichosa del mundo.

- ¿Y te gusté nada más verme?

- Me emocionó ver que eras igual que papá.

- ¿Qué es lo que más te gusta de mi?

- Que eres capaz de provocarme una sonrisa cuando siento que no puedo más.

El tiempo pasa volando y no se trata de una frase hecha. Hoy hace once años que me convertí en mamá, ese día en el que cambió mi vida 360 º. Años de aprendizajes de la mano, de disfrutar de cada uno de sus logros, de aprender a dejarle caer para que pueda avanzar, de confidencias y arrumacos. De sentir como se me eriza la piel cada vez que me susurra al oído "te quiero mamá", de ofrecer el calor de mis manos, de querer sin condición.

Los años te enseñan que en la educación de tus hijos lo importante no es la cantidad de inglés que puedan llegar a saber, las notas con las que acaba el curso escolar o si logra o no jugar de titular. Lo importante de educar es estar ahí cuando necesitan seguridad, saber regalarles palabras que les alienten y abrazos que arropen. Crear códigos que sólo nosotros somos capaces de descifrar, guiños que estrechan lazos, sonrisas reconfortantes, caminos entrelazados.

Mi maternidad se basa en conseguir que mis hijos se conviertan en personas empáticas, libres, críticas, respetuosas. Capaces de gestionar sus emociones, que ayuden a sumar, que crean en el valor del esfuerzo. Que vean en cada día una nueva oportunidad y se atrevan a soñar grande.

Mi mejor legado sería que entendiesen que;

1) La FELICIDAD puede esconderse en cualquier esquina, buscarla con ansia. Sed más que tengáis, vivir sencillo, no guardéis nada para mañana. La vida no entiende de programaciones ni planes, simplemente sucede.

2) No paséis la vida esperando que ocurra aquello que os va a hacer sonreír, ID a por ello. Tomad las RIENDAS de vuestra vida, dad el primer paso, que los sueños sean vuestro motor. Sed imprudentes, osados, pintad vuestro propio camino, buscad la excelencia. Sonreír al cambio, a las oportunidades. No olvidéis que el TIEMPO es vuestra mercancía más preciada.

3) Si tenéis que ESPERAR algo de alguien que sea únicamente de VOSOTROS. Confiad en vuestras habilidades, explotad vuestro potencial. Enamoraros de vuestros defectos, reíros de vuestros errores. Juzgaros con cariño, rebajad la exigencia y dejad fluir.

4) Vivid sin MAPAS ni GUIÓN. Enamoraros de la incertidumbre, de la casualidad. No pidáis permiso por luchar por lo que os hace vibrar, por aquello que os hace diferentes. Nunca os canséis de trabajar, de mejorar. Buscad vuestra mejor versión, reinventaros las veces que haga falta.

5)  Creed en vuestro INSTINTO, convertiros en lo que pensáis, sentid en estéreo, con rabia emocionaros a diario. Rodearos de valientes, arriesgad sin lamentaciones, cruzad por la cuerda floja, venced lo que os asusta, no escuchéis a vuestros pensamientos cuando se quieran rendir, eliminad los tabúes.

6) DESTACAD únicamente por ser buenas personas,  dad sin esperar recibir, empaparos de valores. Centrad vuestra atención en saber quien necesita de vuestro calor, con quien podéis contribuir. Perdonad, sed humildes, tejed complicidad, que vuestros actos hechicen.

7) TOMAD DECISIONES,  la inactividad y la pereza no son buenos compañeros de viaje. Identificad lo que os apasiona, aprended a gestionar los miedos, haced algo nuevo cada día. Empoderad vuestra vida, conducidla  con originalidad y autonomía, estad dispuestos a desaprender. Asumid las consecuencias de vuestras acciones, buscad soluciones, haced que el cambio valga la pena.

8) AMAD sin olvidar vuestras raíces, LLORAD sin temor, sed sin antifaces ni excusas. VIVID con conciencia en el presente, componed vuestra propia banda sonora. Aportad entusiasmo a todo lo que hagáis, paladead todos los sabores.

Ojalá la vida os regale mil y un amanecer. Feliz cumpleaños hijo.

dimarts, 28 de juny de 2016

HIJO, ATRÉVETE A DECIDIR


 - Podrías haberme ayudado a elegir.

- Entonces no hubieses aprendido tanto.

- Ya, pero no me hubiera equivocado.

- Quizás, pero caerse es la mejor manera de avanzar.

- ¿Por qué haces que siempre sea yo el que tome la última decisión?

- Porqué es una magnífica manera de hacerte mayor.

La vida se dibuja a través de las decisiones que vamos tomando. Cada decisión nos transforma, nos desinstala, nos hace diferentes. Las hay que son intrascendentes y otras cambian nuestras vidas en un solo instante. Algunas nos ayudan a avanzar a pasos agigantados y otras nos devuelven a la casilla de salida y nos fuerzan a volver a empezar. Decisiones que nos allanan el camino o que nos obligan a dar un buen rodeo. Incluso al no elegir estamos decidiendo.

Las hay que nos ayudan a soltar lastres, eliminar tabúes o saltar muros que sólo nosotros hemos sido capaces de construir. Otras nos siguen engañando, nos condenan a la rutina, nos hacen grises. Las más perversas no invaden de vértigo o pánico y las dulces nos hacen soñar grande.

Enseñar a decidir, a tomar las riendas de la vida, debe ser prioritario a la hora de educar. Demostrarles a diario que sólo aquellos que están dispuestos a arriesgar consiguen lo imposible, que únicamente los valientes consiguen lo que quieren. Instruir a elegir sin miedo a errar, aprendiendo a confiar, a creer en uno mismo. A mirar lo desconocido como una nueva oportunidad, a tener la predisposición de probar, a no necesitar controlar todo lo que pase a nuestro alrededor.


Aprender a elegir sin miedo al que dirán, con sencillez y honradez, sin pudor por si el resto no logra entender. Resolver sin pavor a destacar, con ganas de buscar la originalidad, de dejar fluir. Aprender a creer en la intuición, a trabajar con elasticidad, a no cansarse de intentar. A seleccionar entre la vorágine de opiniones que los otros se atreven a dar, a identificar sólo aquellas que ayuden a sumar, a eliminar a aquellos que se empeñan a no dejarnos crecer.

Decidir estando dispuestos a desaprender, a asumir las consecuencias que puedan tener, a comprometerse con lo que pueda pasar, sin lamentar, sin miedo a sentir. Siendo consciente que cada decisión desencadenará una cadena de acción, que exigirá nuestra mejor versión, con perspectivas diferentes que aprender. Mostrarse flexible, con ganas de jugar, de descubrir qué y cuando elegir. Con liderazgo, disciplina, iniciativa y contundencia., teniendo siempre claro qué es aquello que realmente nos va a hacer feliz.

Elegir dando un buen portazo a la zona de confort, sin miedo a empujar bien lejos, decidiendo siempre aquello que esté más cerca del sí, analizando aquellas opciones que más nos van a hacer vibrar, con el derecho a decir no cuando queramos ir en otra dirección. Poniendo toda nuestra empeño en las preguntas que debemos formular, sin importar demasiado lo que nos puedan contestar.

Hijo, recuerdo siempre que un deseo no cambia nada, una decisión lo cambia todo. Se siempre consecuencia de tus decisiones.


El lobo hace huelga es un magnífico cuento de la editorial Juventud que nos narra una preciosa historia donde el lobo feroz de los cuentos decide cambiar su vida porque se ha cansado de ser el malo de la literatura. Altamente recomendado para trabajar con los más pequeños la importancia de tomar sus propias decisiones y las consecuencias que estas pueden tener.

dijous, 16 de juny de 2016

¿NO TE DA MIEDO HACERTE MAYOR?

- ¿Qué es lo que más te gusta de cumplir años?

- Tener la oportunidad de poderlo explicar.

- ¿Y qué vas a pedir cuando soples las velas de tu pastel?

- Poder seguir disfrutando de verte crecer, eso me hace realmente feliz.

- ¿Y no te da miedo hacerte mayor?

- Lo único que me preocupa es llegar a la linea de llegada habiendo quemado todos mis cartuchos.

Lo mejor de cumplir 41 años es que con el paso de los años has aprendido a saber quien eres, aunque a veces duela. A estar de tu parte, a dar la mano a tus imperfecciones, a no hacerte trampa.

La experiencia te enseña a que de todo se aprende, a admitir que en ocasiones eres vulnerable, a que no siempre es fácil estar en paz con una misma, a poder confesar sin vergüenza que a veces tienes miedo.

Lo mejor de hacerse mayor es que ya no necesitas el reconocimiento de los demás para creer en tu trabajo, para perseguir tus sueños, para verbalizar lo que te hace feliz. Has aprendido a no perder el tiempo con lo que no suma, a buscar la respuesta en una misma, a no querer por inercia, a saber que hay días que no te mereces.

La vida me ha enseñado a ser agradecida, a valorar lo pequeño, a admitir mis errores y aprender de ellos. A no contener el llanto, a soltar complejos, reducir excusas y aprender a mirarme al espejo sin demasiados reproches. A no ahorrar palabras que acarician, a no eludir emociones o deseos, a decir siempre lo que siento. A saber que hay cosas que no se negocian, a aprovechar las oportunidades aunque lleguen a destiempo, a reírme de lo absurdo, a disfrutar de los míos sin recelo.

 Estoy justo en ese momento en el que se acabó el esconderse, el intentar tenerlo todo controlado. Se terminó el subestimar mis potencialidades, dudar de mis capacidades, no creer que puedo si lo deseo. Ya no hay tiempo para esperar el momento perfecto, es el instante de trabajar por el cambio, para  de agarrar lo que amo con todas mis fuerzas, para hacer que mis ideas cobren vida, para asumir riesgos.

Tiempo de exigir que tengo derecho al cambio, a cometer errores, a ser escuchada sin juicios, a ser tomada en serio. A decir no sin sentir culpa, a decidir lo grande que quiero ser, a reconocer lo auténtico, a fabricar oportunidades sin miedo al precipicio.

Cuatro décadas y un año para saber lo importante que es dar el primer paso, para aprender a tomar decisiones aunque me tiemble el pulso, para saber que no puedes dejar pasar trenes. Tiempo para no tener pánico a lo desconocido, para buscar la mejor versión de una misma, para probar aunque esté amargo, para dejarme sorprender sin miedo al ridículo, para no depender de nadie para esbozar una sonrisa.

Hoy empieza un punto y seguido en mi camino.

dilluns, 13 de juny de 2016

DIME LO QUE SIENTES

- A veces no se muy bien lo que siento. ¿A ti también te pasa mamá?

- Claro que me pasa.

- Cómo me gustaría poder controlar todo lo que se me mueve en mi interior.

- Yo creo que la vida perdería gran parte de su gracia.

- ¿A caso te gusta estar triste?

- No, pero si no lo estuviese nunca no sería capaz de valorar  cuando me siento inmensamente feliz.

Prestamos poco interés a nuestras emociones cuando en realidad somos un revoltijo de ellas. Emociones que son capaces de hacernos sentir que tocamos el cielo con las puntas de los dedos o que nos trasladan al mismísimo infierno. Las emociones están presentes en todas las actividades de nuestra vida, nos acompañan a diario para condimentar todo lo que nos ocurre. Son las únicas que nos permiten tomar decisiones desde el corazón, aquellas que nos agitan, nos conducen y hacen sacar lo mejor y lo peor. Aquellas que contienen el poder del amor, de la pasión, del compromiso o el sufrimiento. Las encargadas de llevarnos con determinación a nuestras metas o provocar que abandonemos nuestros sueños ante la primera piedra en el camino.

Las positivas nos reconfortan, nos colman de esperanza, nos animan a seguir. Las negativas nos llenan de dudas, incertidumbre y excusas, nos limitan a no salir de la zona de confort.

De pequeños nos enseñan a hacer o saber pero no a sentir. Poco tiempo en la educación dedicado a escuchar lo que nos recorre por dentro, para aprender a encontrarnos con uno mismo sin juicios o miedos. Escasos instantes dedicados a aprender a hallarnos, sentirnos, para vivir con la máxima consciencia. Los contenidos y procedimientos colman los aprendizajes relevando a segundo plano la educación de la emoción.

La educación emocional debería convertirse en el centro vertebrador de nuestra enseñanza, una educación integral que forme personas emocionalmente inteligentes y de sentido completo al aprendizaje. Una formación que debería ir mucho más allá de ponerle nombre a lo que sentimos y buscar estrategias para regularlo.

Debería convertirse en un aprendizaje centrado en poner en comunión la mente y el sentimiento, en equilibrio el corazón y la cabeza. Que  consiguiese que nos sintamos bien con nosotros mismos y con la relación con los demás, que nos enseñe a gestionar cada una de nuestras emociones, nos ayude a entenderlas, darles sentido y transformarlas las veces que sea necesario. 

Conocer nuestras propias emociones y controlarlas es la base para empezar a construir, para aprender a focalizar nuestra energía en aquello que nos haga realmente feliz, para construir un buen autoconcepto. Aprender a visualizar lo que deseamos, a identificar las necesidades de los demás, a respetar que los otros se emocionen de forma diferente, a realizar autocrítica con el objetivo de mejorar.

Enseñemos a nuestros pequeños a mostrarse asertivos, a guiarse por la sensatez, a ser capaces de leer las diferentes tonalidades que nos regala la vida a diario. Entrenémosles a regular impulsos, a reflexionar antes de actuar, a expresar lo que sienten sin miedo al ridículo, a cuestionarse el por qué de las cosas.

Motivémosles a investigar límites, a no parar de hacerse preguntas, a escuchar con ganas de comprender, a solucionar problemas buscando siempre la solución más justa, a indagar en las miradas, a escuchar de forma activa.

Los niños inteligentes emocionalmente dominarán las habilidades sociales necesarias para desarrollar la empatía, para leer emociones, para entender el comportamiento de los demás. Serán niños autónomos, autodisciplinados y capaces de practicar la resiliencia, de legitimar emociones y vivir con ellas de la mano, de aceptar la frustración o la decepción.

Hijo vive cada una de tus emociones a máxima intensidad.

Una ideal forma de explorar más de 40 emociones es dejarse llevar por las páginas de El arte de emocionarte un fabuloso que nos propone realizar un magnífico viaje el apasionante mundo las emociones a través de magníficas ilustraciones que nos invitan a dejar fluir.