Sònia

Sònia

dilluns, 11 de desembre de 2017

TODOS QUEREMOS QUE ALGUIEN VUELVA

- ¿Qué haces tú cuando echas mucho de menos a alguien que ya no está?

- Intento recordar qué era lo que más me gustaba de él.

- ¿Y eso te hace estar menos triste?

- Eso me ayuda a saber la suerte que tuve de poder tenerlo en mi vida.

A todos nos gustaría que alguien volviese, aunque fuese sólo por unos instantes. Para volver a compartir una sobremesa, para podernos fundir con él en un silencioso abrazo, para poder susurrarle al oído que sientes más miedo desde que se fue.

Para poder confesarle que aún sigues necesitándole como cuando eras pequeña, para pedirle que vuelva a explicarte aquella historia que tanto te hacía reír, para que pueda abrazar a tus hijos. 

Aunque sólo sean unos minutos para poder agradecerle lo mucho que creía en ti, que te escuchase sin tener que pedírselo, que no se cansase de repetirte que tenías talento. Para decirle todo lo que no te atreviste a confesarle, para que pudiese ver en lo que te has convertido gracias a sus consejos. 

Para volver a sentir sus gestos, sus palabras de coraje, sus caricias.  Para poder decirle te quiero, para explicarle que lo añoras todos los días.

La muerte es una parte ineludible de la vida pero eso no consuela. Nadie está preparado para perder a alguien que quiere, para sentir su vacío, para añorar su olor. Para sentir su pérdida cada vez que miras su lado de la mesa.

Para ver sufrir a todos los que como tú le añoran, para explicar a un niño que nunca volverá a ver a su abuelo, para perder a un padre, un hermano o un amigo. Nadie está listo para que la vida le pegue tan fuerte sin opción a réplica, para que te robe la posibilidad de acompañarle en sus últimos momentos, para entender porqué una enfermedad te lo roba sin casi avisar.

Dicen que nada enseña más que la muerte, que es una gran maestra. La muerte nos hace reestructurar la vida, nos enseña una nueva forma de exprimirla, de sentir. Nos recuerda nuestra torpeza a la hora de llenar nuestros días de excusas y postergas. Nos recuerda la importancia de centrarnos en lo que realmente importa, nos invita a ponerle nombres a las estrellas.

A la muerte hay que enfrentarse sin maquillar el dolor, sin edulcorar lo que sentimos. Hay que llenarla de verdad, de sencillez. Se la acompaña compartiendo el llanto, respondiendo preguntas, sin miedo a recordar. Aceptando nuestra vulnerabilidad, dejando de esperar que las cosas pasen, sin temer sentirnos vivos, de forma intensa, sin miedo. Sabiendo perdonar sin estar anclado al pasado, mirando al futuro con ilusión.

diumenge, 3 de desembre de 2017

NO TENGAS MIEDO

- ¿Qué hay que hacer cuando uno tiene miedo?

- Intentar ponerle nombre.

- ¿Y si no sabes de dónde viene?

- Atacarlo sin retroceder un solo milímetro.

Todos tenemos miedo. Con formas, nombres o trajes diferentes pero todos lo sentimos. Miedos que arrastramos desde pequeños o que van apareciendo en nuestro camino. 

Miedo a perder lo que uno ama, a no estar a la altura, a ser juzgado. A no convencer a los que mandan, al fracaso o a lo desconocido. A los imprevistos, al que dirán, a las estúpidas discusiones. A sentirnos vulnerables, poco capaces o a no tener suficiente talento.

Miedos producidos por nuestros errores, frustraciones o complejos. Por nuestra manera equivocada de ver las cosas, de escuchar el alma, de querernos. Algunos nos los contagian y otros torpemente nos los creamos.

El miedo nos hace pequeños, detiene nuestro impulso. Roba nuestros sueños, nos hace diminutos. Llena de obstáculos nuestros días, contamina nuestro tiempo, nos instala en un laberinto. Nos colma de reproches, de tristeza, de llanto. Hace que nos sintamos extraños en nuestro propio cuerpo, que el alma nos pese, saca nuestra peor versión.

Difumina nuestros proyectos, nos seduce a abandonar nuestro empeño. Nos confunde, paraliza y nos encoge por dentro. El miedo nos limita, sabotea nuestras emociones, se adueña de nuestra sonrisa. Sutilmente nos recuerda que quizás no seamos suficientemente buenos.

Inútilmente invertimos nuestra energía en evitarlo olvidando que lo más importante es nuestra actitud ante él. Postergamos mirarle cara a cara sin importarnos que sea la brújula que marca nuestros pasos.

La única forma de ganarle es ir a por él, sin medias tintas ni excusas. Pegándole con rabia, intimidándole para que vea que ya no tenemos miedo a decidir, a coger las riendas.

Rompiendo con todos los moldes que no han funcionado hasta el que el momento, reconociendo lo que nos inmobilizaba, entendiendo que la cobardía es la peor compañera de viaje. Haciéndonos inmensos, creciendo ante las adversidades. Luchando contra el miedo admitiendo nuestros defectos, ajustando nuestras metas, buscando nuevos aliados. Queriendo nuestras rarezas, asumiendo riesgos, buscando respuestas.

Y cuanto más le atacas más diminuto se hace, más tímido y cobarde. Porque se da cuenta que ya no huyes, que ya no utilizas pretextos baratos, que contra más te quieres menos le temes. Y logras borrar el dolor que te ha causado al saber cuántas puertas ha sido capaz de cerrarte, los planes que ha envenenado, las ilusiones que te ha estafado.

Ahuyentándolo, colisionando contra él con fuerza, identificando tus ridículas ansiedades. Sin achicarnos, sin darle tregua. Probando, cayendo, aprendiendo. Admitiendo que el miedo va a acompañarnos toda la vida ganemos o perdamos.

Hijo, el cobarde es el que no se enfrenta al miedo no el que no lo supera. Serás feliz el día en el que seas consciente que todo lo que quieres está justo detrás él.

dimecres, 29 de novembre de 2017

CURSO CRIANZA RESPETUOSA EN LA PRIMERA INFANCIA + SORTEO

Hace unos días me animé a realizar el curso de CRIANZA RESPETUOSA en la PRIMERA INFANCIA de la ESCUELA BITÁCORAS. Una escuela que ofrece un amplio abanico de cursos con temáticas muy diversas (crianza, alimentación, salud, imagen...) impartidos por los autores de los mejores blogs de la blogosfera actual. 
Sin duda lo mejor de esta plataforma es que podemos realizar el curso elegido a nuestro ritmo pudiendo acceder a él cuando queramos desde cualquier dispositivo electrónico. Todos los contenidos de sus cursos están distribuidos de forma clara y entendedora. Además, a lo largo del curso es posible interactuar con el docente que lo imparta pudiéndole preguntar todas las dudas que vayan surgiendo a lo largo de las lecciones.
El curso de Crianza Respetuosa en la primera infancia está impartido por Soraya Sánchez autora del blog La mamá de pequeñita. Psicóloga, formadora y asesora de familias. Un curso  dirigido a mamás, papás o profesionales de la educación  que quieran aprender a educar desde el respeto, la calma, el afecto y la escucha.


A lo largo de sus doce lecciones aprendemos a identificar cuáles son las necesidades básicas de nuestros pequeños durante sus primeros años de vida y los diferentes estadios de pensamiento por los que pasan. El curso dedica un espacio muy importante a hablarnos de la importancia que tiene el apego seguro en el desarrollo de nuestros hijos favoreciendo su resilencia y la autonomía.
A lo largo de las lecciones Soraya nos explica cómo conseguir que nuestros hijos crezcan felices e independientes acompañándolos de forma respetuosa estableciendo normas y límites basadas en la libertad. Destaca  la importancia que tiene el tono emocional y la palabra a la hora de comunicarnos con nuestros hijos y lo esencial que es respetar sus emociones.

El curso también nos facilita herramientas para ayudarnos a gestionar la ira y las rabietas de nuestros pequeños según la etapa de desarrollo  en la que se encuentren y como conseguir educar sin premios ni castigos. Además, aprendemos a educar desde la calma ayudando a  nuestros hijos a valorar la belleza de todo aquello que les rodea.

En las últimas lecciones hablan de la importancia que tienen el juego espontaneo y las expresiones artísticas en el desarrollo, como fomentarlo y respetarlo. Además Soraya nos da magníficos instrumentos para poder aprender junto a ellos.
Sin duda un curso  muy recomendable para todas aquellas que crean que el respeto, el cariño y el amor son las bases más importantes para educar.

Y ahora llega el GRAN SORTEO junto a la Escuela Bitácoras. Sorteo dos plazas para el curso de la temática que tú quieras de la escuela. Un ganador saldrá elegido de su participación en Facebook y el otro de Instagram. Se podrá participar en las dos redes sociales si así lo deseas. El sorteo estará abierto hasta el día 12 de diciembre y el ganador será anunciado el 15.  ¿A qué esperas para participar?


diumenge, 26 de novembre de 2017

NO SIEMPRE TIENES QUE SER FUERTE


- Me he aguantado el lloro y nadie se ha enterado mamá.

- Llorar delante de los demás no es un signo de debilidad.

- Todo el mundo disimula cuando no está bien.

- Quizás deberíamos aprender a que fingir lo que sentimos es la peor forma de crecer.

Nos enseñan ser fuertes, a mostrarnos implacables. A esconder nuestras debilidades y disfrazar nuestras fisuras. A fingir nuestra entereza aunque estemos rotos por dentro. Nos entrenan para ser capaces de superar todos los baches, para ser de aquellos que siempre lo consiguen.

Nos instruyen para maquillar nuestras debilidades por miedo a mostrarnos vulnerables.  A embotellar nuestras emociones , a esconder lo que realmente somos, sentimos o necesitamos. A seguir las señales que otros marcan, a hacer cosas porque tocan. No nos dan permiso a expresar lo que nos quema por dentro.

Nadie nos enseña a tocar fondo, a mostrarnos frágiles, a admitir que necesitamos que nos cuiden. 

A ser honestos con lo que nos pasa, a aceptar que las cosas nos afectan, que nos rompen por dentro.

Ocultamos lo que sentimos para evitar mostrarnos derrotados. Nos escudamos en una falsa valentía sabiendo que las emociones tristes incomodan, que están fuera de moda. Sobrevivimos  a cada paso del vendaval sin plantearnos si realmente somos felices.

Sería mucho más sencillo si nos hubiesen explicado que las dificultades se convierten en magníficas oportunidades para crecer, para transformarnos por dentro. Que nuestros conflictos, insatisfacciones o derrotas curten el alma. Que tenemos el derecho a sentirnos extraviados, confusos o muertos de pánico.

Ojalá nos hubiesen enseñado a utilizar las mejores herramientas para sobreponernos a la adversidad sin escondernos, sin juzgarnos, sin sentirnos culpables. A tener miedo, a aprender de él sin silenciarlo entre las sábanas, a no disimular nuestro dolor con máscaras o excusas. A vivir sin necesitar la aprobación de los otros, priorizando lo que realmente necesitamos, sin dudar lo que merecemos.

Aprendiendo sin la necesidad de tenerlo todo controlado, estando dispuestos a retroceder las veces que hagan falta sin que nos tiemble el pulso. A admitir que a veces los cambios duelen, que no es fácil tomar decisiones. A no pedir perdón por dudar, por sentir temor, por fallar. A llorar acompañados, a pedir auxilio sin sonrojarnos. A no ser menos de lo que queremos, a reinventarnos las veces que hagan falta atacando a nuestros fantasmas cara a cara.

Hijo, tienes derecho a mostrar lo que sientes, a bailar el momento coreografiando tus pasos, a vivir amando lo impredecible  porque caer no te hace pequeño. 

diumenge, 19 de novembre de 2017

DAME UN ABRAZO

- Como me gusta que hagas eso mamá.

- A mi me encanta hacerlo.

- Después de un abrazo todo se vea diferente, ¿verdad?

- Los abrazos tienen un efecto sanador.

Recuerdo como me gustaban los abrazos de mi abuela materna. Cuando me abrazaba parecía que el tiempo se detenía y los problemas se esfumaban. No hacía falta pedirselos, ella siempre sabía cuando debía dármelos. No necesitaba añadirles palabras para que hiciesen efecto especialmente aquellos días donde parecía que las fuerzas del firmamento se habían conjurado en mi contra.

Dicen que el abrazo es el único traje que se amolda a todos los cuerpos. Los abrazos inyectan energía, rescatan esperanzas, se convierten en grandes aliados ante el miedo. Facilitan la comunicación afectiva, el sentimiento de empatía, la comprensión.  Nos ayudan a fortalecer vínculos, a regalar consuelo, a educar. Tienen un poder medicinal.

Existen tantos abrazos como personas, como circunstancias, como necesidades. Amo esos abrazos que hacen que las tristezas se vayan del cuerpo, que cicatrizan heridas, que reparan el alma. Que acarician las penas, espantan fantasmas, acercan distancias y detienen el tiempo. Repletos de calidez, amor, seguridad.

Esos que alargan las oportunidades y abrigan los sentimientos. Que conectan emociones, comparten madrugadas y sintonizan sueños. Que derrotan al pánico y alivian el sufrimiento.

Me gustan los que provocan sonrisas, comparten victorias, reinician por dentro. Llenos de mensajes, confidencias, de serenidad. Que engrandecen los deseos, cargan de optimismo y se vuelven eternos.

En casa utilizamos diferentes tipos de abrazos. Está el “abrazo de oso polar”, consolador, cariñoso, que persigue animar y que el otro sienta que puede contar contigo. Un abrazo cargado de seguridad, apoyo y reafirmación.

El “abrazo de pingüino”, es corto y juguetón, donde las mejillas se juntan y con él la risa está asegurada si se acompaña con una buena dosis de cosquillas. Abrazo para compartir en momentos distendidos y reconfortantes.

El “abrazo volador”, mí preferido,  es aquél que nos dan cuando echan a correr con ímpetu al vernos llegar. Abrazo lleno de magia, ilusión, espontaneidad y sorpresa. Cortos pero muuuuy intensos. Aquel momento que te hacen sentir única al ser la elegida.

Por último está el “abrazo zen”. Aquel que te llena de energía, que te carga las baterías. Un abrazo sublime, largo, abierto, tranquilo, agradecido y genuino. Un abrazo dado en silencio.

La magia de un abrazo es que al darlo recibimos otro.

diumenge, 12 de novembre de 2017

EL ARTE DE VIVIR

Nos empeñamos a malgastar nuestros días mostrándonos torpes o cobardes a la hora de vivir. Olvidamos nuestro compromiso al dejar pasar casi a diario el tren de nuestros sueños por falta de valor o ganas de intentarlo. Permitimos que se difuminen nuestras ilusiones entre pretextos, postergando a que llegue el momento perfecto. A menudo deseamos que la vida nos regale lo que necesitamos sin estar dispuestos a salir a buscarlo, mostrándonos inmóviles cuando las cosas se complican. Se nos pasa la vida sin vivirla.

La vida no es algo que funcione de manera matemática, que responda a ninguna ecuación. Tampoco creo sea el azar, las rachas de buena suerte o la proveniencia quien determinen nuestro destino. Son nuestras decisiones las que nos ponen en la casilla que merecemos.

A vivir se aprende, hay que echarle ganas. La vida te pide cuentas a diario así que más vale exprimirla con garra. La suerte aparecerá en función de lo que estemos dispuestos a pelear, arriesgar y trabajar. 

Vivir es aprender a gestionar nuestras circunstancias, dejar de lamentar lo que nos falta, perseguir lo que deseas. Gozar sin motivo, agradecer el presente, mirar la vida sin complejos, sin acentuar lo negativo.

Reconstruirse cada vez que sea necesario, sabiendo lo que merecemos, sintiendo sin miedo.

A veces hay que hacerlo mal para aprender. Vivir también es atreverse a fallar, decepcionar, romper con lo que otros piensan. Jugársela sin reservas, sin encogerse. Inyectando la adrenalina necesaria para no tener que vivir de alquiler, sin esconderse, sin tregua. Conjugando verbos prohibidos, eliminando el condicional de nuestras acciones, creando nuevos moldes.

Vivir sin estar al servicio de los resultados, sin esperar recompensas. Sintiéndonos inmensos, creyendo en lo que nos palmita por dentro, desarrollando nuestro potencial. Aceptando nuestras miserias, defectos, los bandazos del destino. Estando dispuestos a navegar sin mapas, sin miedo a romper rutinas, excediéndonos en lo que nos produce la sonrisa.

Arriesgando, siendo contundentes con lo que realmente deseamos, flirteando con la ventura, aprendiendo de los mejores. Reseteando las veces que sean necesarias, sin discutir con quien no tiene ganas de escucharte, creyendo en los impulsos.

Ojalá nunca olvidemos que con los pies en la tierra no se puede soñar.

diumenge, 5 de novembre de 2017

QUIERE TU IMPERFECCIÓN

-  ¿A ti te da miedo que vean que te equivocas?

-  En absoluto.

- ¿Y si no les gustan tus defectos?

- Nadie es perfecto.

- ¿Y no intentas esconderlos?

- Lo mejor que puede pasarnos en la vida es querernos sin condición.

Disfrazamos nuestras imperfecciones buscando la captura perfecta. Tuneamos con filtros nuestros defectos por miedo a no ser aceptados. Vivimos en la época de las apariencias, las tendencias, los likes. Depuramos nuestra vida para que a los otros les fascine, fingimos ser algo para lo que no estamos preparados. Vendemos nuestro ser por poseer y convertimos el pretexto en el mejor aliado para nuestro inmovilismo.

Nos empeñamos a hacer lo que los otros desean, sentimos lo que marcan las tendencias. Nos enamoramos únicamente del brillo de las cosas obviando lo que realmente significan, buscamos que sean los otros los que decidan por miedo a que conozcan nuestras debilidades. Permitimos que cualquiera juzgue nuestra vida olvidando el impacto que produce en nuestra alma.  Nuestras aspiraciones quedan relegadas a la aprobación de los otros, a esperar el momento perfecto.

Somos infelices por nuestro excesivo nivel de exigencia, de culpa, de vulnerabilidad. Nos da miedo conocernos a fondo por pavor a encontrar a alguien que no guste a los demás. La lista de tareas pendientes aumenta a diario por nuestro conformismo, por nuestra falta de iniciativa. Nuestras ambiciones se van desdibujando a medida que aumentan nuestros complejos.

Es más seguro vivir en la zona que controlas, enseñando únicamente las cartas que hablan de tu parte que destaca. Sin correr riesgos, sin creer en tu capacidad de triunfar. Viviendo en la constante insatisfacción, en la incomodidad de no reconocerte cada vez que te miras al espejo. La búsqueda de la perfección nos paraliza, acaba con nuestra autenticidad.

Todo cambia en el instante que eliges ser tú quien dirige tu destino, de tener coraje para ser uno mismo, para ser coherente con lo que sientes. Decidiendo que la opinión de los demás acaba donde empiezan tus sueños, aprendiendo a dejar ir, a soltar.

Te das cuenta que todo es más fácil cuando eres capaz de querer tus incorrecciones y dejas de esconderte. Admitiendo tus manías, tus raíces, tus sombras.  Enamorándote de tus cicatrices, de tus arrugas, de tu forma de bailar en los escenarios. Estando orgulloso de quien eres sin tamiz, sin traicionar a tus sentidos, sin reservas.  Aprendiendo de cada uno de tus fracasos, tus malas elecciones, tu falta de agallas. Sabiendo que lo que realmente te define son nuestras obsesiones, nuestros momentos absurdos, las sombras que aparecen mientras caminamos.

Atreviéndote a buscar tu sintonía, comprendiendo tu torpeza, cambiando la culpa por aprendizaje. Sintiéndote merecedor de tus triunfos, viviendo sin necesitar cumplidos, inventando lo que te apetezca. Entregándote a lo que realmente te apasiona, dejándote sorprender por la vida, sin esperar garantías, sin creer que es tarde para intentarlo.

Hijo, benditas imperfecciones nunca olvides que siempre es el momento.