Sònia

Sònia

dimarts, 25 d’abril de 2017

HIJO, SÉ UN INCONFORMISTA

- ¿ Por qué no te enfadas cuando no hago las cosas como esperas?

- Porque admiro tu atrevimiento.

- ¿Aunque me equivoque por no hacerte caso?

- Dicen que el último error es siempre el mejor maestro.

- ¿Debería hacer las cosas como los demás las hacen?

- Lo mejor que puede pasarte en esta vida es que seas un inconformista.

Desde que tengo uso de razón me he considerado una inconformista. Siempre me ha costado seguir las normas, aceptar que tocaba hacer las cosas de una determinada manera, seguir patrones estrictos, imitar el paso de los otros. He vivido siempre con la sensación de ir a contracorriente, de no creer en las fórmulas preestablecidas, de tener la necesidad de romper los límites que otros intentan imponerme.

Me fascina hacer cosas poco convencionales, probar por mi misma, cuestionarme el porqué de las cosas, emprender caminos. No perder la necesidad de ser curiosa, de negar la complacencia, de no necesitar la aprobación de los demás para hacer las cosas.

Soy una inconformista de los pies a la cabeza y me alegra ver que mis hijos también lo son. Los inconformistas eligen el sentido de sus vidas, se crean a diario, aprenden de los fallos. Son disruptivos, exprimen sus talentos, baten sus miedos. Cogen las riendas de su vida con fuerza, con rebeldía, hacen cosas que les dan pavor.

Son honestos con su esfuerzo, buscan, pulen, mejoran, reajustan, se aferran a sus sueños sin excusas. Creen en la rebeldía sin miedo, en el riesgo, nos les importa andar por la cuerda floja. Los inconformistas no creen en fórmulas mágicas, en golpes de suerte, en el azar. Confían con tesón en sus decisiones, trabajan con alma, sin atajos. Con pasión, con ganas, con actitud. Remueven sus cimientos cada vez que hace falta, se reinventan a cada amanecer.



Asumen los riesgos, lideran sus vidas con autenticidad, sin filtros. Aceptan sus debilidades, piden ayudan, creen en el trabajo en equipo. Se muestran a través de sus virtudes, encajan las diferencias, admiten el fracaso. Se quieren, se miman, se tratan con ternura cada vez que se ponen delante de un espejo.

Los inconformistas odian esconderse, huyen de la vanidad y los elogios no merecidos, de los falsos premios. Sin fingir ser perfectos, sin aparentar cosas que no sienten, sin esperar nada a cambio. No se zarandean ante los cobardes, no buscan el reconocimiento de los temerosos, se alejan de los déspotas. Entienden que pocas cosas son para siempre, que las generalizaciones son falsas.

No necesitan justificar sus sueños, viven sin trampas, sin epítetos, sin necesidad de tenerlo todo controlado, de que todo sea exacto. Colegas de la incertidumbre, de los desafíos, de la vulnerabilidad. Dan respuesta a preguntas complejas, golpean fuerte, hacen que las cosas sucedan. No postergan, están dispuestos a lidiar con el cambio, no se acobardan a la hora de actuar. Con coraje, mirándose bien adentro, planificando logros y asumiendo erratas. Repitiéndose a diario, a cada instante, que lo único importante es vivir.

Hijo se un inconformista, con avaricia y recuerda siempre que la vida sólo se aprende viviéndola, cayendo, rompiendo moldes, tomando riesgos.

dilluns, 17 d’abril de 2017

¿TÚ ERES FELIZ?

- ¿Tú eres feliz?

- Cada vez más.

- ¿Por qué consigues todo lo que te propones?

- No, porque cada vez necesito menos cosas para serlo.

- ¿Y eso cómo se consigue?

- Siendo agradecido.

Con el  paso de los años y gracias a los éxitos y los fracasos, aprendes que la felicidad se puede aprender. En la mayoría de las ocasiones la tenemos justo en la punta de nuestra nariz pero somos incapaces de verla. A menudo la buscamos en lugares equivocados, culpabilizamos a los otros de su falta, buscamos excusas para no reconocerla o nos empeñamos a sufrirla en vez de disfrutarla. Eternos insatisfechos, ambiciosos, descontentos, cualquier excusa es buena para dejar de ser afortunado.

Ser feliz debería ser obligatorio, un asunto de estado. Ojalá en los colegios se enseñara a fuego la fórmula para conseguirlo y los progenitores nos responsabilizásemos a educar a nuestros hijos a vivir la vida con sentido, a disfrutar de lo cotidiano, a ser conscientes de lo afortunado que somos.

Creo firmamente que la felicidad es una elección que depende únicamente de uno mismo. Recuerdo cuando la relacionaba con el poseer, la postergaba a tener un golpe de suerte o esperaba el reconocimiento de los demás para darle la bienvenida. Todo cambia el día que eres capaz de darte cuenta que la felicidad es un viaje y no un destino y aprendes a no esperar nada de nadie, a ser consciente de los pequeños detalles que te regala a diario la vida, a apreciar lo que ya tienes, a ser enormemente AGRADECIDO.

La felicidad conlleva dejar de consumir el tiempo y empezar a exprimirlo, deshacerte de tus complejos, simplificar tus días. Apretar bien fuerte los dientes y defender con pasión tu trabajo, tus retos, tus sueños. Romper con todo cuando sientes que se ha acabado una historia, eliminar de tu entorno todo aquello que te intoxica, querer aprovechar cada instante.

La felicidad  es aceptarte con tus peros y tus pros, querer lo que uno hace, aceptar sin resignación las circunstancias, disfrutar de los pequeños momentos. Reside en la gratitud, en el cariño, en la amabilidad, en querer sumar siempre con los que convives. En las muestras de afecto, de aliento, de confianza. En los gestos más cotidianos, en el "te quiero mamá".

Es ser capaz de mirarse en el espejo y regalarse una sonrisa, es reencontrarte con alguien al que añorabas, recibir una llamada de la otra parte del mundo. Es disfrutar del silencio en una puesta de sol o compartir un café para escuchar a alguien que lo necesita. Es besar sin cordura, reír sin motivo,  abrazar arropando.

Felicidad es volver a empezar de cero regalándote una nueva oportunidad, vivir el ahora como si no existiese el mañana, dejar de postergar, estar dispuesto a reaprender a diario. Disfrutar de cada suspiro, aprovechar todo lo que se nos cruza en el camino, llenar nuestros días de experiencias.

Es acabar con las obsesiones sin sentido, las falsas expectativas, el excesivo nivel de exigencia que nos autoimponemos. Es terminar con el miedo a fallar, la culpa, la envidia o el rencor y amar lo que tenemos.

Hijo, la felicidad es efímera, empática, comprensiva, respetuosa, altruista. Búscala sin pausa, disfrútala sin control.

diumenge, 9 d’abril de 2017

El ÚNICO FRACASO SERÍA NO INTENTARLO

Decidir completar 100 kilómetros no es fácil. Restar horas de sueño, prepararse a conciencia, recaudar fondos, llenar nuestra vida con desafíos...

Nuestros 100 kilómetros solidarios en beneficio de Intermón Oxfan