Sònia

Sònia

dimarts, 4 de juliol de 2017

Feliz décimo segundo cumpleaños

- ¿Por qué tenemos que pedir un deseo cuando soplamos las velas?

- Porque es un momento mágico.

- ¿Aunque sepamos que no vaya a cumplirse nunca?

- El futuro únicamente pertenece a aquellos que creen en la belleza de sus sueños.

Hoy hace 12 años que ejerzo el que es para mí el mejor oficio del mundo. Ese que me hace sacar lo mejor de mí y hace que desaprenda a diario. Recuerdo que me enamoré de él en el preciso momento que pude cogerle entre mis brazos, en el que pude acurrucarle con delicadeza y le susurré al oído "mamá nunca te va a fallar". 

Desde aquel instante no ha habido un solo día que no haya intentado ser la mejor madre del mundo. Con mis múltiples defectos, con mi poca paciencia cuando me sobrepasa el cansancio, con mis indecisiones o mi torpeza para dar respuesta a lo que realmente necesita. Pero con mi amor incondicional e infinito, con el deseo de acompañarle sin protegerlo, de aprender a la vez del camino, de convertirme en el mejor de los ejemplos.

Me emociona a diario verle crecer, aprender, sonreír, avanzar. Con su carácter afable que tan fácil nos lo ha puesto siempre, con su tenacidad y constancia infinita, su valentía, su sensibilidad extrema, con sus muestras constantes de cariño y agradecimiento. 

Hoy hace una docena de años que papá y yo trabajamos a diario para que entienda que la vida es un regalo diario, para que aprenda a expresar lo que siente, para que persiga cada uno de sus deseos. 

Hijo, 

1) VIVE despierto, curioso, teniendo el poder de tus días. Con la intensidad necesaria para vibrar por todo aquello que te propongas, como si no existiese el mañana.

2) No permitas que nadie te PRESTE tus sueños, dibújalos con ambición, decide tus pasos, no te arrepientas de nada por el que apuestes.

3) CREE en ti por encima de todas las cosas, siente que mereces todo lo bueno que consigues gracias a tu tesón y valentía.

4) Sé siempre AGRADECIDO, por lo que tienes, por los que te acompañan, por los que te quieren.

5) Enfréntate a diario a tu ego, MÍRATE con valentía ante el espejo, quiérete sin peros.

6) Ansia VIVIR sin dogmas, sin creencias limitantes, sin excusas ni pretextos.

7)  AMA sin complejos, sin guardarte nada, sin excusas. 

8) Recuerda que únicamente tú decides que es lo que realmente te hace FELIZ, aunque los otros no lo entiendan, aunque tengas que trazar un largo camino hasta conseguirlo.

9) PERSIGUE tu excelencia, haz lo poco convencional, no tengas miedo a ser diferente.

10) Jamás vendas tu LIBERTAD, nunca permitas que otros lleven las riendas de tus días. Sé el único que programe tu brújula.

11) ATRÉVETE a mostrar tu grandeza, a fallar útilmente, a trabajar hasta conseguir tus propósitos, a no bajar los brazos cuando todo se tuerza.

12) Ignora a los COBARDES, a los que no se atreven a perseguir sus deseos, a los que viven resignados por falta de ilusión.

Feliz 12 cumpleaños hijo, gracias por quererme siempre sin peros ni pros.

dilluns, 3 de juliol de 2017

8 LECCIONES REGALADAS A MI HIJO EL DÍA DE SU GRADUACIÓN

- Se nota que tienes muchas ganas de llorar mamá.

- Verte tan grande me hace inmensamente feliz.

- Parece que no te gusta que crezca.

- A veces me cuesta aceptar que ya estás preparado para volar.

- Pero yo siento que siempre te voy a necesitar.

- Yo te prometo que estaré siempre a tu lado.

Hace unos días que el mayor de la casa se graduó en educación primaria. Una fiesta llena de emoción, donde me sentí inmensamente orgullosa al ver en lo que se ha convertido, un momento ideal para valorar todo aquello que ha conseguido gracias a su esfuerzo y tesón. Una etapa que se cierra y te hace ser consciente de lo rápido que pasa el tiempo, parece que fue ayer el día que le acompañaba de la mano en su primer día de colegio. Ahora ya está preparado para empezar a caminar solo, para decidir en quien quiere convertirse, para dibujar sus sueños.

Ocho lecciones que me gustaría regalarle: 

1. VIVE el AHORA para que nunca puedas arrepentirte de que el tiempo se te haya escurrido entre los dedos, sin que te pese el pasado ni te ciegue el futuro. Reinvéntate a diario, involúcrate, impacta con tu trabajo, ves siempre más allá de lo ordinario. Baila con las dificultades, comprométete con lo que sientas.

2. Nunca olvides que lo importante es lo que ERES y no lo que logras hacer. Se de esos que SUMAN, que ofrecen, que merecen lo que consiguen, que viven con pasión. Da siempre rienda suelta a tu GENIALIDAD. Los resultados nunca serán fruto de la casualidad.

3. QUIÉRETE con avaricia, sonríete a diario ante el espejo. Perdónate a diario, respétate, aprende a decir no. No seas un fraude contigo mismo, cumple tus promesas, reconoce tus grandezas. Escúchate con atención.


4. Sé VALIENTE y toma DECISIONES. Haz que tus metas sucedan, no sientas miedo al mirar diferente, cree en tu INSTINTO. Vuélvete un experto en aquello que te haga realmente feliz. No vivas demostrando.

5. SUEÑA GRANDE y no permitas que los otros te presten sus sueños. Dibuja tu propio mapa, haz sin dejar dudas, conviértete en un inconformista, sé lo que realmente deseas. Crea oportunidades

6. Trabaja con tus MIEDOS a diario, falla útilmente, ponle nombre a los moustros que te atormentan. Acepta tu vulnerabilidad, aprende a caminar por la cuerda floja, ponle compás a la incertidumbre.

7. Recuerda siempre que lo importante no es lo que nos pasa sino la ACTITUD con la que nos enfrentamos a ello. Enfoca correctamente, vive en equilibrio, identifica y pausa tus emociones.

8. Ríe con EXCESO, salta de los márgenes, ama tu caos, prueba sin miedo. Sé agradecido, consciente de lo mucho que ya tienes. No te mientas ni postergues.

dissabte, 17 de juny de 2017

EL PRIVILEGIO DE CUMPLIR AÑOS

- ¿Qué vas a pedir cuando soples las velas del pastel?

- Seguir cumpliendo años a vuestro lado.

- ¿Y qué pedías cuando eras pequeña?

- Tener una vida muy parecida a la que hora tengo.

Soy de las que me gusta cumplir años, cada año lo disfruto mucho más. Hoy tengo el privilegio de cumplir 42. El paso de los años me regala experiencia, tranquilidad, ganas de seguir aprendiendo. Estoy en esa etapa de la vida en la que me gusta más escuchar que opinar, donde quiero menos pero con más intensidad, esa en la que decides dejar de gestionar tu vida para pasar a liderarla sin necesidad de recibir un ultimátum. Ese momento en el que ya no te da miedo salir de lo preestablecido, donde te dejas guiar por lo que te dicta tu corazón, a priorizar de verdad.

El tiempo me ha hecho mucho menos arrogante, más consciente de mi propia ignorancia, me ha hecho vivir a menos velocidad. Me ha enseñado a aceptar, a entender, a reconocer lo que es realmente importante. A perdonar, a dejar de juzgar la diferencia, a aceptarme sin complicaciones, a amarme sin peros. A perder el miedo a cosas absurdas, a reírme de mis defectos, a abrazar sin contener.

Ese momento de la vida en el que sientes que todos los días son buenos para empezar de nuevo, que te atreves a ser irreverente, a mirar que hay justo detrás del miedo. En el que adquieres compromisos, crees en el sinsentido y te das cuentas que eres tú quien debes crear las oportunidades. En el que apuestas por aquellos que saben quererte, vives de acuerdo a tus prioridades y haces lo que esperas de ti con coraje y sin excusas.

En el que aprendes a aceptar los altos y los bajos del camino, a bailar con las adversidades que antes te paralizaban, a saber que las malas rachas tienen fecha de caducidad. A no ser demasiado dura conmigo mismo cuando soy cobarde, a expresar lo que siento sin miedo, a apretar los dientes cuando toca. A saber que la vida en ocasiones hace daño, a aceptar que has hecho todo aquello que juraste que no harías.

Gracias a todos los que me acompañáis en mi camino, espero que lo sigáis haciendo siempre.

dimarts, 13 de juny de 2017

HIJO, PERDÓNATE A DIARIO

- No me lo voy a perdonar nunca.

- No hay nada que perdonar, todo el mundo falla a menudo. Además equivocarse es una de las mejores formas de aprender.

- Ya, pero yo esperaba mucho más de mi.

- ¿Y eso significa que no vayas a conseguirlo nunca?

Tenemos la imperiosa necesidad de infravalorarnos, de autoderribarnos, de ser demasiados duros con nosotros mismos. Somos verdaderos expertos en el arte de reprocharnos, de poner peros en nuestro camino, de convertirnos en nuestros peores enemigos. Nos autoimponemos un nivel de exigencia que nos ahoga, nos paraliza e inútilmente nos aleja de lo que realmente deseamos. Nuestra estupidez hace que nuestros errores usurpen nuestros sueños o que nos acostumbremos a culpar a los otros de aquello que nos pasa.

Todo sería mucho más sencillo si aprendiésemos a perdonar nuestros errores sin resentimiento, a indultarnos de la culpa que nos hace sentir minúsculos ante las caídas, a eximirnos de la brutal responsabilidad de querer hacerlo todo perfecto. A ser capaces de disfrutar del sentimiento de saber que has hecho todo lo que estaba en tus manos aunque no lo hayas conseguido, a valorar nuestros sacrificios.

Ojalá aprendiésemos desde la valentía a saber valorar los tropiezos, a tener piedad cuando fallamos.  A simplificar nuestras vidas, a ser capaz de cuidar todo lo que valemos, a aceptarnos tal y como somos y no como nos gustaría ser. A saber huir de las comparaciones, a ganar la batalla a nuestro ego, a sentir que merecemos todo lo bueno que nos pasa. A no tener que vivir pendiente de las aprobaciones, a aceptar el cambio, a arriesgar sin freno.

A cortar con la carga del pasado, a aceptar la fragilidad, a amar nuestras fortalezas y debilidades. A soltar, a dejar fluir, a no atarnos a la mirada de los otros. A entrenar nuestro talento bajo la tormenta, a invertir en nosotros como el mejor capital, a comprometernos con avaricia. A mirar el mundo sin reproches ni excusas, a no vivir de alquiler en nuestras propias vidas, a no sentirnos pequeños antes los que no confían en nosotros.

A aprender que el perdón es la mejor forma de cerrar las heridas, a no preocuparnos si los otros no creen en nuestra locura, a no poner el piloto automático a nuestras emociones. A comprometernos con nuestra propia felicidad, a no necesitar convencer, encajar, imponernos parar sentirnos vivos. A no dar poder a los demás en nuestras vidas, a no vivir de sueños prestados, a no ser esclavos de los golpes de suerte para atrevernos a empezar de nuevo.

Hijo, perdónate a diario, vive sin la necesidad que la vida te ponga un ultimátum, sin aceptar las segundas opciones, sin esperar que los demás cumplan sus sueños mientras tu esperas el beneplácito para sonreír a diario.

dilluns, 29 de maig de 2017

VIVE A FUEGO

- ¿Qué es la mejor de la vida para ti?

- Que cada amanecer nos regale una nueva oportunidad.

- Pero a veces no nos da lo que esperamos.

- Esos días están repletos de los mejores aprendizajes.

- ¿Y cómo podemos saber si nuestras decisiones nos van a hacer feliz?

- Siendo conscientes de lo que realmente necesitamos.

De pequeña me obsesionaba saber que pasaría al día siguiente, necesitaba tenerlo todo controlado, la incertidumbre me daba pánico. Sin embargo, el paso del tiempo me ha enseñado que lo que hace realmente la vida emocionante es que cada uno decide cómo quiere que sea su mapa. Lo mejor de esta vida es que acaba teniendo el sentido que le quieras dar, nosotros elegimos el color a lo que hacemos, odiamos o deseamos. Sentir que sólo yo puedo conducir mis días, decidir la dirección de mis pasos, me hace sentir inmensamente libre. Únicamente yo decido que necesito para ser feliz.

Lo que da sentido a nuestros días es lo que sentimos y no lo que logramos tener. La vida se esculpe a diario, con paciencia y tesón. Sin excusas ni demoras, con pasión y ganas de apostar fuerte. Siendo conscientes que siempre seremos el mejor de nuestros proyectos y que nunca es tarde para atreverse, para empezar de nuevo, para apostar.

Aprender a vivir sin demostrar, sin necesidad de que aplaudan nuestros éxitos, que reconozcan nuestros esfuerzos, es uno de los pilares para conseguir sonreír a diario. Sin justificaciones ni evasivas miedosas, matando a diario nuestros demonios y nuestras sombras, creyendo en nuestros sueños. Teniendo muy presente que merecemos lo mejor y eliminando los autoengaños, los complejos, las creencias limitantes a nuestros proyectos. Aprendiendo a aceptar sin filtros, a dejar ir, a querer con grandiosidad.

Vivir es decidir, elegir tu ruta aunque los otros no la entiendan, querer amar sin tamiz, ser osado. Buscar la mejor versión de uno mismo sin aparentar, sin necesidad de adaptarnos al molde que los otros imponen, comprometiéndonos a diario, sin miedo a soñar grande.

Vivir es aspirar a ser una persona que merezca la pena conocer, que sepa decir no como mejor forma de respetarse, que ayude únicamente a sumar. Que crea en su propia locura, que sienta que merece todo lo bueno que consigue, que esté dispuesta en invertir en su potencial y buscar su excelencia. Que falle útilmente, que consiga dedicarse a algo del cual nunca quiera jubilarse.

Vivir es no acomodarse a esperar el momento, es hacer aquello que jamás creíste que serias capaz. Es arañar cada instante,  sin esconderte, sin que los demás te hagan pequeño, sin negociar tus necesidades. Es ejercer de ti mismo peleando a diario, mimándote ante el espejo, sin vergüenza ni reproches, con ganas de provocar lo mejor de ti. Agradeciendo las oportunidades, marcando tu propia diferencia, creando las mejores estrategias, desaprendiendo a cada instante.

Hijo vive a diario como si fuese tu última oportunidad, aprendiendo cosas que te hagan accelerar el corazón, relativizando lo que no es importante,  mirarando con confianza, siendo lo que dibujas.

dilluns, 15 de maig de 2017

EL AGRADECIMIENTO ES LA MEMORIA DEL ALMA

- ¿Por qué siempre me recuerdas que debo dar las gracias?

- Porque las personas agradecidas son mucho más felices.

- ¿Y por qué hay gente que nunca las da?

- Porque no han aprendido que el agradecimiento es la memoria del alma.

Dicen que la gratitud es uno de los caminos más cortos que llevan a la felicidad. Numerosos estudios avalan que las personas agradecidas son mucho más dichosas, más capaces de exprimir la vida, de sentir a diario el privilegio de estar vivos. Son personas que manejan con maestría la autocrítica, la gestión de sus emociones y focalizan sus vidas en todo lo positivo. No necesitan impresionar, viven sin prisa, saboreando cada pequeño logro.

Las personas agradecidas aprenden a diario, valoran los pequeños detalles conscientes que el tiempo es efímero. Un pequeño gesto rebosante de intención, una sonrisa auténtica, un silencio compartido, un abrazo cargado de afecto, tienen en ellos efectos poderosos.

La gratitud nos hace más leales, optimistas, empáticos y vitales. Activa nuestro cerebro a comprometerse, a actuar, a creer en el optimismo. Hace que abandonemos el lamento, la insatisfacción y las excusas.La gratitud se debe entrenar a diario y practicar con altruismo. Dar las gracias transforma nuestras vidas, nos regala momentos para construir, para crear.

Las personas agradecidas regalan oportunidades, escuchan sin juzgar, aceptan lo que el destino les depara. Ayudan a los demás a dar pasos al frente, a vencer miedos, a borrar pretextos de los sueños. Tienden puentes, se ofrecen, acompañan, siempre están disponibles sin esperar nada a cambio.Ven lo extraordinario en lo ordinario, son más libres y osadas, no se apegan a los resultados, le dan la mano a la incertidumbre sin titubear.

Valoran las dificultades porque les hacen más fuertes, las noches en vela porque les ayudan a dibujar nuevos caminos,  las caídas y tropiezos porque creen que es la mejor manera de aprender. A los que les hicieron daño por enseñarles qué tipo de persona no quieren en sus vidas, a los incomodan o critican por provocar su ira en la defensa de sus ideales.

Agradecen los consejos repletos de sabiduría, el sentirse acompañados por gente maravillosa que forman parte de sus días, que conectan con lo que necesitan, que logran hacerles únicos. Personas que colaboran a que llegues más lejos, que te impulsan a seguir adelante.

Hijo la gratitud fortalece vínculos, nos ayuda a liderar nuestros días, a educar nuestra alma para sentir a máxima intensidad.

dimecres, 10 de maig de 2017

QUIÉRETE BIEN ADENTRO

¿Por qué hay días que no nos vemos guapos cuando nos miramos al espejo?

- Porque olvidamos de mirarnos con ternura.

- ¿Y qué podemos hacer para sonreírnos siempre?

- Debemos aceptarnos sin peros ni pros.

- ¿Aunque hayan cosas que no nos gusten de nosotros?

- ¿Alguien ha dicho que debemos ser perfectos?

La autoestima es uno de los factores claves en el bienestar emocional de nuestros pequeños, pilar  fundamental en su desarrollo personal y social. De ella dependerá la creación de un buen autoconcepto y una adecuada respuesta emocional.

La clave de una buena autoestima radica en que nuestros hijos se sientan queridos, respetados y valorados. Somos el espejo en el que se miran a diario y por esta razón es imprescindible que les retornemos una imagen positiva, sin matices ni distorsiones. Debemos conseguir que nuestros hijos se sientan únicos, valiosos, capaces de todo.

Una adecuada autoestima será fundamental para conseguir un apropiado desarrollo personal, una buena adquisición de los aprendizajes, el establecimiento de relaciones positivas con el entorno y sobretodo la construcción de la propia felicidad. 

La autoestima se construye día a día a partir de las experiencias y las relaciones personales de confianza y estima. Un niño con buena autoestima es seguro, valiente y tiene una buena tolerancia a la frustración. Se siente especial, útil, responsable, orgulloso de sí mismo y feliz.

 La autoestima es un tesoro muy frágil, ¿cómo podemos ayudar a nuestros hijos a construirla?

1- Creemos un buen VÍNCULO, una base afectiva segura. Seamos una fuente de confort, seguridad y protección para nuestros pequeños. Consigamos que sientan que les acompañamos sin CONDICIÓN y les queremos sin sobreprotegerlos. Demostrémosles amor y afecto a diario, dedicándoles tiempo de calidad. No nos cansemos de decirles lo MUCHO que les queremos y lo importante que son para nosotros.

2. Ajustemos nuestras EXPECTATIVAS a los hijos que tenemos y no a los que nos gustaría tener. Aceptémosles de forma incondicional sin excusas ni reproches. No les ahoguemos con nuestro excesivo nivel de exigencia, no deseemos hijos perfectos sino FELICES.

3. FELICITÉMOSLES por todo los que son capaces de conseguir a diario, utilizando un lenguaje positivo, hagámosles conscientes de todas las fortalezas y capacidades que poseen. CONFIEMOS en ellos, respetemos sus intereses, necesidades y ritmos para aprender.

4. Trabajemos a diario la TOLERANCIA a la FRUSTRACIÓN, la aceptación del error como parte esencial del aprendizaje. Enseñémosles a relativizar los fracasos, animémosles a tomar decisiones y resolver problemas asumiendo las consecuencias de sus decisiones. Establezcamos límites claros y cumplamos nuestras promesas.

5. Eliminemos las ETIQUETAS, las COMPARACIONES, los mensajes en negativo, las frases condenatorias. Pongamos atención no sólo a lo que les decimos sino al cómo lo decimos. Realicemos críticas CONSTRUCTIVAS siempre referidas a las acciones y no a la personalidad.

6. Eduquémosles en la cultura del AGRADECIMIENTO, enseñémosles a valorar todo lo que tienen en sus vidas, a dar las GRACIAS. Hagámosles conscientes de sus conversaciones interiores.

7. Animémosles a iniciar nuevos RETOS, a tomar la iniciativa en sus vidas, a asumir riesgos. A apostar por ellos a fuego, a que vivan fuera de su zona de confort.

8. Seamos el mejor ESPEJO, un ejemplo positivo que arrastre a soñar grande, a sonreírle a la vida. Recordemos que nuestros hijos no siempre nos escuchan pero si nos observan. Aceptemos nuestras propias imperfecciones, pidamos perdón cuando sea necesario, crezcamos de la mano junto a ellos.

Seamos capaces de conseguir que nuestros hijos se quieran con AVARICIA, que se miren con valentía al espejo, que se hablen con palabras bonitas.Que pisen sin miedo, que se sientan inmensos.

dimarts, 9 de maig de 2017

¿IMPOSIBLE?

- Es imposible que lo consiga.

- ¿Por qué estás tan seguro?

- Porque es muy difícil.

- Que tengas pocas posibilidades de éxito no significa que no vayas a lograrlo.

- Y ¿qué hago?

- Lo único imposible en esta vida es lo que no intentas.

Existen dos tipos de personas,  los que viven siempre bajo el escudo de las excusas, los pretextos y con el imposible como bandera y las que creen en los imposibles.

Los primeros viven plácidamente en su zona de confort, les asusta más lo que puedan decir que lo que les pueda pasar. Se sienten cómodos en la monotonía, en niveles de poca exigencia, viviendo una vida gris. Son aquellos que piensan que no poseen el talento suficiente para intentar algo nuevo, ni que nunca están bastante lo preparados  y nunca encuentran el momento perfecto para intentarlo.

Aquellos que siempre eligen la opción más cómoda para salir del paso, aquella ideal para rendirse, para justificar el fracaso. Que se empequeñecen ante los contratiempos, que se acomodan entre las dudas y su ineficacia les limita. Esos que viven de alquiler sus propias vidas, amoldados en la cobardía y les faltan agallas para soñar grande.

Al otro lado están lo que creen a fuego en que nada es imposible, que imposible sólo es algo más difícil de conseguir, algo que tarda un poco más en llegar. Que hacen lo imposible porque lo posible lo hace cualquiera, que viven de forma valiente y están dispuestos a batallar por el todo, que creen en el sin sentido y la disrupción.

Aquellos que defienden con uñas y dientes sus sueños, que viven a máxima intensidad, sin ceder ni un milímetro ante el miedo. Pisando con firmeza, rechazando atajos, amando lo que tienen entre manos. Esos que creen en lo imposible por responsabilidad ante sus vidas, sin pánico a empezar de cero, sobresaliendo cuando más se complican las cosas, tomando la iniciativa cuando los otros no se atreven. 

Esos que confían en su intuición, que emprenden a diario, que se sienten libres para decidir sin miedo a asumir responsabilidades, que aprecian el valor del cambio. Que asumen los rasguños que les produce en ocasiones caminar por la cuerda floja, la posibilidad de caer intentándolo, sin vetos ni condiciones ante los retos.

Que se parten el alma por lo que sienten, que diseñan sus propias reglas sin necesitar que los otros les den validez. Sin apegarse a los resultados, sin necesitar reconocimiento ni premios, sin tener que aladear de ellos. Aquellos que dejan ir, que admiten ser vulnerables y aprenden a surfear la incertidumbre. Que trabajan con humildad, paciencia, constancia y determinación. Que viven con coraje y aprietan bien fuerte los dientes cuando todo se complica. Que imaginan y crean aquellos que mucho no pueden ver.

Los imposibles sueñan con exceso, persiguen lo imposible porque le hace sentir diferentes, hacen que las cosas sucedan.

Hijo, no existe lo imposible únicamente debes desear algo mucho y estar dispuesto a ir a por ello a fuego.

¿Y tú de que bando eres?

dissabte, 6 de maig de 2017

¿A TI QUÉ ES LO QUE MÁS TE GUSTA DE SER MAMÁ?

- ¿A ti qué es lo que más te gusta de ser mamá?

- Que me susurres al oído lo mucho que me quieres.

- ¿Cuando te digo que te quiero infinito?

- Cuando me pides que hagamos una guerra de cosquillas.

- ¿Aunque a veces te enfades conmigo?

- Aunque a veces me cueste aceptar que te haces mayor.

Hace casi 12 años que soy mamá, para mí el mejor oficio del mundo. Aquel que te hace reaprender a diario y te invita a vivir fuera de tu zona de confort. Aquel que cursas la carrera a lo largo de toda tú la vida, el que aprendes con la práctica y no tiene trucos ni atajos. La maternidad sacudió como un terremoto mi vida, llegó para cambiarlo todo, para hacerme inmensamente feliz. Cambió mi concepción del tiempo, del espacio, de los hechos, del sentir. No soy una mamá de vocación pero si de pasión. 

Los inicios fueron complicados, lleno de baches, incertidumbre y miedos. De remordimientos, de inseguridades, de muchas cosas por aprender. De momentos de máxima exigencia, esa que te ahoga y te rompe por dentro. Por suerte el tiempo te enseña a relativizar los problemas, a disfrutar más de cada detalle, a entender que la culpa no es una buena compañera de viaje. A definir que tipo de madre eres, a tejer una determinada manera de educar.

La maternidad llegó a mi vida para hacerme mucho mejor, para pulir mi interior, para cambiar mi forma de ver el mundo. Para poner en orden mis sentimientos, hacerme más flexible y enseñarme a simplificar mis necesidades. Para aceptar mis altibajos, mis contradicciones, mi confusión y encontrar lo esencial. Para aprender a amar a máxima intensidad, a sonreír sin tener un motivo concreto. Para querer como nunca lo había hecho, para proteger con uñas y dientes, para ejercer con el alma.

La maternidad me ha hecho mucho más simple, auténtica, sensible y instintiva. Más respetuosa, comprensiva y mucho más fuerte. Potencia mis virtudes y pule mis defectos. Me contagia de ganas de vivir sin medida, de valor para arriesgar, llena mis días de humor.

Para mi ser mamá es querer sin condición, acompañar sin proteger, dejar caer sabiendo que es la mejor forma de aprender. Es respetar los ritmos e intereses, despertar las ganas de aprender, es creer en que el ejemplo arrastra. Es contagiar el placer de vivir, de tomar la iniciativa, de creer en uno mismo a fuego. Es transmitir emoción, deseos de soñar grande, valentía. Es dar alas y raíces a la vez. Es abrir puertas y regalar oportunidades. Es escuchar con ternura, mirar con ilusión, sentir sin medida.

La maternidad llena mis días de primeras veces que me hacen estremecer. La primera vez que les vi sonreír, que me llamaron mamá, que no me necesitaron para decidir. Maternidad también es noches en vela, dibujos en la nevera, regalos hechos a mano. Es volverse a emocionar con los reyes magos, volver a hablar de dragones, princesas y castillos.

Besos y abrazos que reconfortan, cuentos compartidos, mágica inocencia, miradas que sólo dos entienden. Complicidad en estado puro, ganas de compartir, códigos secretos, ganas de crecer de la mano.

Ser mamá es comprometerse para siempre, respetar la forma de crecer, es querer sin medida.

dimarts, 25 d’abril de 2017

HIJO, SÉ UN INCONFORMISTA

- ¿ Por qué no te enfadas cuando no hago las cosas como esperas?

- Porque admiro tu atrevimiento.

- ¿Aunque me equivoque por no hacerte caso?

- Dicen que el último error es siempre el mejor maestro.

- ¿Debería hacer las cosas como los demás las hacen?

- Lo mejor que puede pasarte en esta vida es que seas un inconformista.

Desde que tengo uso de razón me he considerado una inconformista. Siempre me ha costado seguir las normas, aceptar que tocaba hacer las cosas de una determinada manera, seguir patrones estrictos, imitar el paso de los otros. He vivido siempre con la sensación de ir a contracorriente, de no creer en las fórmulas preestablecidas, de tener la necesidad de romper los límites que otros intentan imponerme.

Me fascina hacer cosas poco convencionales, probar por mi misma, cuestionarme el porqué de las cosas, emprender caminos. No perder la necesidad de ser curiosa, de negar la complacencia, de no necesitar la aprobación de los demás para hacer las cosas.

Soy una inconformista de los pies a la cabeza y me alegra ver que mis hijos también lo son. Los inconformistas eligen el sentido de sus vidas, se crean a diario, aprenden de los fallos. Son disruptivos, exprimen sus talentos, baten sus miedos. Cogen las riendas de su vida con fuerza, con rebeldía, hacen cosas que les dan pavor.

Son honestos con su esfuerzo, buscan, pulen, mejoran, reajustan, se aferran a sus sueños sin excusas. Creen en la rebeldía sin miedo, en el riesgo, nos les importa andar por la cuerda floja. Los inconformistas no creen en fórmulas mágicas, en golpes de suerte, en el azar. Confían con tesón en sus decisiones, trabajan con alma, sin atajos. Con pasión, con ganas, con actitud. Remueven sus cimientos cada vez que hace falta, se reinventan a cada amanecer.



Asumen los riesgos, lideran sus vidas con autenticidad, sin filtros. Aceptan sus debilidades, piden ayudan, creen en el trabajo en equipo. Se muestran a través de sus virtudes, encajan las diferencias, admiten el fracaso. Se quieren, se miman, se tratan con ternura cada vez que se ponen delante de un espejo.

Los inconformistas odian esconderse, huyen de la vanidad y los elogios no merecidos, de los falsos premios. Sin fingir ser perfectos, sin aparentar cosas que no sienten, sin esperar nada a cambio. No se zarandean ante los cobardes, no buscan el reconocimiento de los temerosos, se alejan de los déspotas. Entienden que pocas cosas son para siempre, que las generalizaciones son falsas.

No necesitan justificar sus sueños, viven sin trampas, sin epítetos, sin necesidad de tenerlo todo controlado, de que todo sea exacto. Colegas de la incertidumbre, de los desafíos, de la vulnerabilidad. Dan respuesta a preguntas complejas, golpean fuerte, hacen que las cosas sucedan. No postergan, están dispuestos a lidiar con el cambio, no se acobardan a la hora de actuar. Con coraje, mirándose bien adentro, planificando logros y asumiendo erratas. Repitiéndose a diario, a cada instante, que lo único importante es vivir.

Hijo se un inconformista, con avaricia y recuerda siempre que la vida sólo se aprende viviéndola, cayendo, rompiendo moldes, tomando riesgos.

dilluns, 17 d’abril de 2017

¿TÚ ERES FELIZ?

- ¿Tú eres feliz?

- Cada vez más.

- ¿Por qué consigues todo lo que te propones?

- No, porque cada vez necesito menos cosas para serlo.

- ¿Y eso cómo se consigue?

- Siendo agradecido.

Con el  paso de los años y gracias a los éxitos y los fracasos, aprendes que la felicidad se puede aprender. En la mayoría de las ocasiones la tenemos justo en la punta de nuestra nariz pero somos incapaces de verla. A menudo la buscamos en lugares equivocados, culpabilizamos a los otros de su falta, buscamos excusas para no reconocerla o nos empeñamos a sufrirla en vez de disfrutarla. Eternos insatisfechos, ambiciosos, descontentos, cualquier excusa es buena para dejar de ser afortunado.

Ser feliz debería ser obligatorio, un asunto de estado. Ojalá en los colegios se enseñara a fuego la fórmula para conseguirlo y los progenitores nos responsabilizásemos a educar a nuestros hijos a vivir la vida con sentido, a disfrutar de lo cotidiano, a ser conscientes de lo afortunado que somos.

Creo firmamente que la felicidad es una elección que depende únicamente de uno mismo. Recuerdo cuando la relacionaba con el poseer, la postergaba a tener un golpe de suerte o esperaba el reconocimiento de los demás para darle la bienvenida. Todo cambia el día que eres capaz de darte cuenta que la felicidad es un viaje y no un destino y aprendes a no esperar nada de nadie, a ser consciente de los pequeños detalles que te regala a diario la vida, a apreciar lo que ya tienes, a ser enormemente AGRADECIDO.

La felicidad conlleva dejar de consumir el tiempo y empezar a exprimirlo, deshacerte de tus complejos, simplificar tus días. Apretar bien fuerte los dientes y defender con pasión tu trabajo, tus retos, tus sueños. Romper con todo cuando sientes que se ha acabado una historia, eliminar de tu entorno todo aquello que te intoxica, querer aprovechar cada instante.

La felicidad  es aceptarte con tus peros y tus pros, querer lo que uno hace, aceptar sin resignación las circunstancias, disfrutar de los pequeños momentos. Reside en la gratitud, en el cariño, en la amabilidad, en querer sumar siempre con los que convives. En las muestras de afecto, de aliento, de confianza. En los gestos más cotidianos, en el "te quiero mamá".

Es ser capaz de mirarse en el espejo y regalarse una sonrisa, es reencontrarte con alguien al que añorabas, recibir una llamada de la otra parte del mundo. Es disfrutar del silencio en una puesta de sol o compartir un café para escuchar a alguien que lo necesita. Es besar sin cordura, reír sin motivo,  abrazar arropando.

Felicidad es volver a empezar de cero regalándote una nueva oportunidad, vivir el ahora como si no existiese el mañana, dejar de postergar, estar dispuesto a reaprender a diario. Disfrutar de cada suspiro, aprovechar todo lo que se nos cruza en el camino, llenar nuestros días de experiencias.

Es acabar con las obsesiones sin sentido, las falsas expectativas, el excesivo nivel de exigencia que nos autoimponemos. Es terminar con el miedo a fallar, la culpa, la envidia o el rencor y amar lo que tenemos.

Hijo, la felicidad es efímera, empática, comprensiva, respetuosa, altruista. Búscala sin pausa, disfrútala sin control.

diumenge, 9 d’abril de 2017

El ÚNICO FRACASO SERÍA NO INTENTARLO

Decidir completar 100 kilómetros no es fácil. Restar horas de sueño, prepararse a conciencia, recaudar fondos, llenar nuestra vida con desafíos...

Nuestros 100 kilómetros solidarios en beneficio de Intermón Oxfan 




dilluns, 27 de març de 2017

¿Y tú a qué tienes MIEDO?

- ¿Tú también tienes miedo?

-  Por supuesto.

- ¿Y por qué la gente disimula tenerlos?

- Mostrarnos vulnerables nos da pavor.

-  ¿Y a ti qué es lo que te da más miedo?

- Ser cobarde y no atreverme a hacer lo que mi instinto me marca.

Todos tenemos miedo, muchos más de los que pensamos. Miedo a lo desconocido, al fracaso o al éxito. A no estar a la altura, a la oscuridad, a lo que nos depara el futuro o a los fantasmas del pasado. Miedos irracionales a cosas que nunca llegarán a pasar y que nos atormentan por dentro. Miedos que nos paralizan, nos restan energía y dejan nuestros sueños atrás. Terrores que nos llevan a no hacer, a no decir, a no sentir, a no desear, a no arriesgar.

Hablamos poco de ellos, de cómo nos afectan, del daño que nos causan, de las puertas que nos cierra. Hemos sido educados para esconderlos, para disimularlos, para vivirlos en silencio. Ahora lo que se lleva es ser valiente, intrépido. La sociedad actual nos da  poca opción al titubeo, a las dudas, al pavor. Los miedosos tienen poco espacio en este mundo de osados, de atrevidos, de intrépidos, de pocos límites.

Yo soy de las que tienen miedo, algunos los arrastro hace años y otros me acompañan desde hace poco tiempo. Miedo a caer, a perder, a desear, a sentir, a ser. Soy quien soy gracias a mis miedos. El paso del tiempo me ha enseñado a no esconderlos, a escucharlos poco, a luchar a diario contra ellos. Reconociéndolos, entendiéndolos, aceptándolos. Dejándoles formar parte de mí pero sin permitir que me manipulen, me controlen, me contengan. Estrujándolos bien fuerte para sacar lo mejor de ellos.

El miedo arropa y agudiza mis sentidos, me protege, me libra del aturdimiento. A veces me irrita, me agrede, me rompe por dentro. Otras me incomoda, me provoca, me invita a seguir adelante, convierte mi incertidumbre en nuevos retos. Contra más me quiero más pequeños son, cuanto más confío, más rápido se desvanecen. Los miedos me recuerdan que no tengo la obligación de tenerlo todo bajo control, de saber siempre que tengo que hacer, de creer que puedo con todo.

Y los supero practicando, trabajando, admitiendo que la batalla es conmigo. Mirándolos con respeto pero sin temor, convirtiéndolos en una ocasión para crecer, para experimentar, para aprender. Buscando a los mejores aliados para hacerlo, pidiendo ayuda siempre que la necesito sin sentirme frágil.  Me facilitan admitir mi imperfección, dibujar a la persona que quiero ser. Me enseñan a bailar con la vida, a aprender que las batallas más importantes son las que libran en el interior. Sin pavor al ridículo, a sentirse pequeña.

Aprendes a dejar de encubrirlos, a no sentir terror al ridículo, a no tener miedo a preguntar por temor a parecer estúpido, a dibujar nuevos caminos. A compartir lo que me incomoda, a decidir aunque los otros no entiendan, a pedir lo que realmente deseas vivir sin filtros, a acotar lo que te limita. A comunicar las emociones,  a analizarlo con detalle para conocer los pros y contras, a comprometerte y actuar, a adiestrar a las sombras.

Hijo nunca olvides que todo lo que vale la pena está justo detrás del miedo.

dilluns, 20 de març de 2017

HIJO, OJALÁ FALLES MUCHAS VECES

- ¿Tú también te enfadas cuando te equivocas?

- Sólo al principio.

- ¿Y luego por qué no?

- Porque siempre aprendo alguna cosa.

- A mi no me gusta equivocarme.

- Fallar puede convertirse en una gran fortuna.

Damos a nuestros hijos pocas oportunidades para fallar. Les educamos para ser triunfadores, para estar en la cima, para ganar. Para surfear siempre con la mejor ola, para destacar. Los entrenamos para ser capaces de ganar todas las batallas, para estar siempre a pie del cañón, olvidando de explicarles que una de las mejores cosas que les puede pasar en su vida es equivocarse.

Hagámoslo al revés, entrenémosles para convertirlos en verdaderos especialistas para enfrentarse al error, para sacar el máximo beneficio de él. Démosles herramientas para poder aprender de cada caída, para no avergonzase de sus resbalones. Ayudémosles a ajustar correctamente sus expectativas, a que no les ahogue la exigencia, a asumir responsabilidades, a no culpabilizar a los otros de lo que les pasa.

Consigamos que las ganas de intentarlo sean más grande que el miedo, a que la curiosidad les lleve a explorar sin recelos. Enseñémosles a no sobredimensionar las consecuencias de sus errores, a no creer en las justificaciones, a brillar sin apagar a los demás, a saber que siempre la batalla más importante es con uno mismo. A vivir sin la necesidad de tenerlo todo controlado, a saltar con ímpetu hacia sus retos,  a dejarse transformar por el cambio, a desear dibujar nuevos caminos. A aprender a darle la mano a la incertidumbre, a desear mejorar confiando en sus potencialidades.

A no permitir que el miedo y las dudas les inmovilice cuando fallen, a no creer en las excusas, a negarse a postergar. A huir de las sombras y los demonios que traen en ocasiones las caídas, a  querer brillar con luz propia, a sentirse merecedores de sus ilusiones. A pedir ayuda sin pudor a las reacciones, a admitir que no son perfectos, a mirarse siempre al espejo con respeto.

A ser consciente que fallar les hace más humildes y sencillos, que les transforma de pies a cabeza, que engrasa su voluntad. Que cada saliente les hace más rebeldes y fortalece su fuerza de voluntad. A creer en el ahora, en la constancia y los impulsos del corazón. A no sentirse culpable por lo intentando, lo peleado, lo errado. A aprender probando, acertando, fallando y volviendo a empezar.

A saber que sólo se equivocan los intrépidos, los que aceptan ser vulnerables, los que no temen los finales. A ser perseverante aunque caigan a menudo, a no dejar de estar en movimiento, a jugársela si la causa  merece la pena. A sobresalir sin necesitar que otros les comprendan, a tomar decisiones que les hagan progresar, a ser originales aunque vayan a contracorriente.

 Hijo, nunca olvides que el éxito sólo está a un paso del error. El camino más acertado suele ser el que más ejercita nuestro equilibrio.

dijous, 16 de març de 2017

Educar es acompañar sin condición

Quin me conoce bien sabe que para mi ser mamá es el mejor oficio del mundo. Aquel que te hace ser mejor persona  y te obliga a desaprender a diario.
 EDUCAR es acompañar sin condición, despertar las ganas de aprender, impulsar potencialidades y amar sin proteger. De todo esto hemos hablado estos días en el taller para familias que he realizado en la escuela pública Sala i Badrinas Terrassa.

Gracias por vuestra acogida y por esta magnífica ENTREVISTA

dimarts, 7 de març de 2017

PARA PODER SEGUIR A VECES HAY QUE EMPEZAR DE NUEVO

- Hoy es el peor día de mi vida.

- ¿Tan malo ha sido? Estoy convencida que algo positivo podrás sacar de él.

- Nada ha salido como esperaba.

- A veces que hay que fallar bien grande para volver a empezar con más impulso.

- ¿Y eso cómo se hace?

- Teniendo mucho valor.

Todos vivimos momentos en los que todo se desmorona, en el que te rompes por dentro. Ese día en el que parece que todo el esfuerzo que has realizado no ha servido para nada, en el que sientes que has perdido la batalla. Ese instante en el que no puedes más, en el que bajas los brazos y dejas que te lleve la corriente. Un golpe que nos deja fuera de servicio, sin aliento.

Todos deberíamos vivir a menudo un tropiezo que nos obligue a empezar de cero, que haga replantearnos nuestra existencia. Que nos recuerde lo vulnerable que es la vida, que nos zarandé bien fuerte el alma, que nos saque de nuestra zona de confort. La experiencia te enseña que es justo ese instante en el que más vas crecer, en el que te vas a hacer mucho más grande. Esa situación que sirve de revulsivo, que te transforma con arañazos, que te exige romper con todo. Que te permite empezar a narrar tu vida de nuevo.

Ese momento en el que eres consciente que lo que estabas buscando no es lo que realmente querías. Que te anuncia que ha llegado el día de empezar a vivir sin condiciones ni reservas, sin excusas. En el que aprendes a mirar tus cicatrices con cariño y te das cuenta de lo valiente que puedes llegar a ser. Ese día en el que te llenas de fuerza y decides ir más allá, en el que no sientes pudor por estar tan cerca del precipicio.

Ese amanecer donde decides sobresalir de ti mismo, sin engaños ni reproches. Donde te comprometes con tus sueños a fuego, sin miedo a los errores, sin querer huir de tu vida, sin permitirte malgastar más el tiempo. Ese día en el que recoges el ancla de las justificaciones y dejas de culpar a los otros de todo lo que te pasa.

Ese en el que estás dispuesto a mostrarte indulgente con la lógica, con el conformismo y te atreves a vivir con coraje. Ese donde ya no te aterroriza arriesgarte y aceptas estar incómodo con el fin de llegar a tu destino.

Ese en el que ya no necesitas que todo encaje,  tenerlo todo bajo control. En el que estás dispuesto a aprender nuevas habilidades, a buscar nuevos aliados, nuevas formas de hacer las cosas. En el que cierras la carpeta de tareas pendientes y te das cuenta que por primera vez sabes lo que quieres. Ese en el que ya no necesitas que nadie defienda tus proyectos o que apruebe tus decisiones, que crea en tus sueños.

En el que te sientes cómodo con tu rareza, con tus ganas de crear ocasiones y te llenas de energía para volver a intentar empezar algo grande. Ese momento que vuelve a robarte la sonrisa, la ilusión. Que pone de nuevo pasión a  tu vida, que saca tu excelencia. Ese en el que logras liberarte de lo que te limita y te aferras únicamente a lo que suma.

Hijo, ojalá vivas muchos de esos momentos, esos en los que te das cuenta que sólo importa el aquí y el ahora, sin olvidar que todo lo bueno empieza dentro de uno mismo.

dilluns, 20 de febrer de 2017

LAS LÁGRIMAS SANAN EL ALMA

- ¿Por qué tú nunca lloras?

- Claro que lo hago.

- ¿Y por qué nunca te veo?

- A veces los adultos nos mostramos torpes al mostrar nuestros sentimientos.

- Tú siempre dices que llorar es algo bueno.

- Llorar es signo de fortaleza, de que estamos vivos por dentro.

Deberíamos llorar mucho más junto a los que queremos, sin miedo al ridículo. Llorar sin tapujos, sin pretextos, sin justificaciones. Llorar en compañía al igual que lo hacemos cuando buscamos aliados para reír. Nuestra estupidez nos hace pedir perdón cada vez que lo hacemos en público, cuando mostramos nuestro llanto ante los demás.

Nos han educado a poner resistencia a expresar, a disimular nuestros miedos, a no mostrar nuestras debilidades, nuestra fragilidad. Nos han enseñado a llorar en soledad y a reír en compañía, a mostrar únicamente nuestras victorias, nuestras mejores galas, nuestros éxitos. Llorar debilita nuestra imagen, nos hace vulnerables, incomoda. 

El llanto tiene un poder terapéutico, es un gran analségico. Las lágrimas sanan el alma, acicalan la tristeza, nos regalan nuevas oportunidades. Marcan el tempo de nuestro corazón, comunican emociones, conectan sentimientos, resetean, ponen voz a donde no llegan las palabras.

Las lágrimas calman, acarician, arropan, consuelan. Limpian el pasado, alivian, serenan. Eliminan culpas, excusas, disminuyen la rabia. Apaciguan la ira, el resentimiento. Empatizan, crean vínculos, regalan conyunturas. Algunas piden ayuda, otras dan las gracias. Las hay que regalan pausa, reflexiones, confidencias al alba. Que liberan responsabilidades, sellan promesas, hacen creer en el cambio o expresan protesta. Otras en cambio buscan comprensión, apoyo, respeto, silencio.


Lágrimas que marcan un punto de inflexión, un punto y a parte, el inicio de algo nuevo. Que empujan, que llenan vacíos, que ayudan a avanzar. Que marcan nuevos rumbos, que hacen equipo, que contagian optimismo. Que invitan a seguir intentándolo, que regalan esperanza, que buscan respuestas, que sueltan tensiones. Que te recuerdan quien eres, que te invitan a volverte a mirar con cariño ante el espejo.

Lágrimas que desafinan, amargas, que desgarran por dentro, que queman las entrañas. Que reprimen la furia, que roban el aire, que desmontan. Que maldicen la suerte, repletas de injusticia, que destrozan tu esencia.

Otras descubren personas, regalan momentos, eligen nuevos aliados, unen para siempre. Contagian pasiones, describen sueños, tienden puentes, te achuchan bien fuerte. Esas que dibujan nuevos retos, motivos para volver a empezar.

Lágrimas que despiden, que recuerdan lo mucho que hemos querido, que nos acercan a los que ya no están. Que nos recuerdan lo imprescindible que es exprimir nuestros días, que nos enseñan a querer para la eternidad.

Hijo, llora mucho, junto a los que más quieres, sin miedo al que dirán.

dilluns, 13 de febrer de 2017

Educar en la CORRESPONSABILIDAD

- ¿Tú también crees que hay actividades de chicos y de chicas?

- No, ¿por qué deberíamos diferenciarlas?

- ¿Y por qué hay niños de mi clase que no se creen que tú corras maratones?

- ¿Tú crees que el sexo determina que puedas correr una maratón?

- Claro que no, depende del esfuerzo que estés dispuesto a hacer para prepararla. Yo lo que veo es que papá y tú sois capaces de hacer lo mismo.

- Exacto, las cosas las logramos por nuestra capacidad,  independientemente del sexo que tengamos.

- ¿Y por qué se extrañan cuando explico que papá plancha?

- Porqué seguramente en sus familias no hayan entendido la necesidad que las tareas domésticas estén repartidas de forma igualitaria.

- Si nos repartimos las faenas tenemos más tiempo para jugar juntos.

- Trabajar en equipo siempre tiene una gran recompensa.

Aunque en los últimos años nuestra sociedad haya dado pasos agigantados hacia a una igualdad de género, aún vivimos lejos de conseguirla. A diario, en nuestro entorno,  observamos innumerables situaciones en las que se demuestra que aún perduran las diferencias, las discriminaciones y los prejuicios entre sexos.

Las madres, los padres y los educadores tenemos la posibilidad de trabajar activamente para acabar con estas desigualdades. Somos los principales transmisores de valores y estereotipos de género y,  por este motivo, la RESPONSABILIDAD de ofrecer a nuestros pequeños una educación basada en la IGUALDAD y el RESPETO. Una igualdad REAL, con el gran objetivo de conseguir un desarrollo integral basado en la LIBERTAD y la igualdad de OPORTUNIDADES.

Una educación no sexista, donde la paridad de género, el respeto a la diferencia y el trabajo de la corresponsabilidad sean la clave para formar a nuestros hijos. Y eso sólo lo conseguiremos regalándoles el mejor de los EJEMPLOS. Seamos familias en las que la convivencia esté basada en los principios de la CORRESPONSABILIDAD y donde padre y madre estén igual de implicados en la educación. Donde se potencien las capacidades independientemente de si son niñas o niños, donde se den las mismas posibilidades para aprender, experimentar y soñar.

Construyamos las MISMAS EXPECTATIVAS hacia nuestros hijos indistintamente del sexo que tengan. Potenciemos comportamientos libres de roles impuestos y actitudes donde TODOS nos mostremos valientes; capaces de todo, donde no exista el sexo débil. Dejemos elegir libremente a nuestros hijos las actividades que les gustaría hacer sin miedo al que dirán, desterremos los comportamientos que excluyen, que marcan diferencias. Eliminemos el vocabulario sexista de nuestras conversaciones y no ofrezcamos artículos de consumo o actividades de ocio que refuercen la diferencia. Mostrémonos CRÍTICOS con toda desigualdad.

Eduquemos en el COMPROMISO y la RESPONSABILIDAD dentro de la familia, apostando por una distribución EQUITATIVA de las tareas domésticas desde bien pequeños, libre de estereotipos, donde TODOS los miembros estemos dispuestos a cooperar. Una corresponsabilidad que mejorará el bienestar familiar, las relaciones, estrechará vínculos y regalará a todos más tiempo de ocio familiar y personal. Asumir responsabilidades potenciará en nuestros hijos valores tan importantes como el esfuerzo, la perseverancia, la tolerancia, la autonomía y la confianza en uno mismo.

Aprendamos a DELEGAR, a implicar, a gestionar nuestro tiempo para eliminar de nuestros días la sobrecarga de trabajo. Tomemos decisiones de forma conjunta, valoraremos cada pequeño esfuerzo de los de nuestro alrededor, aprendamos a pedir ayuda antes de llegar a nuestros límites. Sumemos esfuerzos sin querer aparentar, creamos en el EQUIPO.

Seamos familias que decidamos vivir en la igualdad, en plena corresponsabilidad doméstica y donde la educación de nuestros pequeños sea un proyecto en el cual padre y madre vayamos de la mano con el objetivo común de construir una sociedad justa y equitativa  para nuestros hijos.


Logremos un mundo donde TODOS podamos soñar GRANDE.

dilluns, 6 de febrer de 2017

CUANTO MÁS TE ESFUERCES, MÁS SUERTE TENDRÁS

- ¿Por qué sonríes si estás muerta de sueño?

- Cumplir con lo que te propones te hace sentir especial.

- ¿Y no te da pereza salir tan pronto a entrenar?

- Mucha, pero retarse a uno mismo es una maravillosa forma de vivir.

- ¿Y por qué lo haces?

- Porque me hace feliz.

- ¿Y vale la pena tanto esfuerzo?

- Cuanto más me esfuerzo, más suerte tengo.

La fuerza de voluntad necesita motivos, razones para actuar y los RETOS son el motor perfecto para ponerla en funcionamiento. Desafíos que te convierten en lo que deseas, te acercan al éxito y te invitan a soñar. Retos que te hacen despertar de tu letargo, que te ponen a prueba, que te alientan a ser valiente. Que hacen de la vida algo mucho más apasionante, que llenan tu calendario de  días importantes,  de promesas por cumplir.

DESAFÍOS que son capaces de sacar lo mejor y lo peor de ti, que te abren nuevos senderos, que crean estrategias, que hacen que se crucen en tu camino gente diferente. Que te permiten liderar tus días, dirigir tu camino, tu causa, involucrarte con lo que sientes. Que te exponen al riesgo, que te hacen sentir VIVO. Que te vuelven desobediente, provocador, inconformista.

Los RETOS se miden por sentimientos, no por medida. No existen grandes ni pequeños, todos son importantes si son capaces de tocarte el alma, de provocarte acción. Si te contagian de ganas de querer crecer, de estar dispuesto a intentarlo, de arriesgar. Desafíos que crean un estilo de vida a tu medida, donde sólo tú pones las normas y decides la forma de hacer. 

Objetivos que zarandean tus excusas, tus dudas, que rompen tus propias limitaciones. Desafíos que exprimen tu mejor versión, que te enseñan a evaluar decisiones, a dibujar los próximos movimientos. Experiencias que te recuerdan que te va a tocar poner el alma en ello, aprendiendo a saborear cada esfuerzo, a dejar de echar la culpa a los demás. Entendiendo que cada fracaso te acerca a tu meta, que cada pequeño paso es crucial.

Los retos sacuden tu vida, te hacen más imprudente, osado, te enseñan a bailar con el riesgo. Provocan que las cosas pasen, te recuerdan la importancia de ser paciente, de ser humilde a la hora de reconocer tus tropiezos, de aceptar que caer es parte del viaje. Te exigen ser flexible, implicarte con lo que palpita en tu interior, te enseñan a darle la mano a la inseguridad y a silenciar a los que no se atreven a soñar.

Desafíos te enseñan a no esperar la aprobación para lanzarte, a hacer de tu rareza tu forma de entender tu vida, a conseguir que las dificultades saquen lo más valioso de ti. Los retos transforman tu manera de ver el mundo, enfortecen tu actitud, te hacen poderoso. Ponen pasión a tu vida, te vuelven más inconsciente, exprimen tu talento, te ayudan a brillar.

Los RETOS imprimen tus jornadas de sentido, te demuestran lo valiente que puedes llegar a ser, te envuelven de sentimientos que te hacen vibrar.

Hijo, elige tu reto y no dejes de luchar.

dimarts, 31 de gener de 2017

QUE NADIE TE DIGA QUE NO ES EL MOMENTO PARA SOÑAR

- ¿Qué es lo peor que puede pasar cuando persigues un sueño?

- Postergarlo.

- ¿Y cuándo sabes que tienes que empezar a perseguirlo?

- En el preciso instante que lo imaginas.

- ¿Y si no es el momento adecuado?

- Sólo construyéndolo sabrás si estás preparado.

- ¿Y si los demás no lo ven claro?

- Nunca permitas que nadie te diga que no es el momento.

Cada mañana debería ser ese día, el marcado en rojo en el calendario. Ese que esperas con deseo, en el que no sabes muy bien porqué pero que todo empieza a cambiar. Ese en el que te invade la necesidad de volar alto, de empezar a construir, de emprender de nuevo. En el que te sientes decidido a intentarlo, a dejar de postergar, a empezar a caminar aunque no tengas claro el camino que vas a tomar. En el que dejas de esconderte, de guardar lo que sientes y empiezas a confiar en tu potencial.

Ese amanecer en el te invade la necesidad de dejar de aferrarte a tus miedos, en el que te sientes capaz de todo y ya no necesitas saber si saldrá bien o mal. En el que todo tus pretextos anteriores te parecen ridículos y estás dispuesto a invertir en tus ilusiones sin reproches, sin verdades a medias, sin mirar atrás. 

Ese preciso momento en el que te atreves a ser insolente con los que no dejan que lo intentes, dejas de preocuparte por lo que piensan los cobardes y silencias a los que no creen en ti. Ese segundo en el que te miras al espejo con rabia y maldices lo miedoso que has sido hasta el momento y sonríes de medio lado consciente que no te va a volver a pasar. Porque has decidido a apostar a fuego por aquello que te eriza la piel y regalar el mejor ejemplo que podrías dar.

Ese instante en el que notas que estás en los minutos de descuento y si no lo aprovechas lo vas a lamentar, en el que eres consciente que se te escapa el último tren. Donde se enciende la mecha y todo empieza a funcionar.

Ese día en el que te sientes capaz de bailar con el riesgo, con la incertidumbre, con la posibilidad de errar. Donde ya no te asusta fracasar, caerte o lo que pueda salir mal. Donde aprendes a gestionar tus fantasmas, a querer ser ambicioso, a no esperar el reconocimiento de les demás.

Ese tris en el que la incomodidad se hace más amable, los miedos se transforman en oportunidades y estás dispuesto a romper con todo lo que no te ha permitido navegar. Donde ya no dependes de la marea que haga o donde el viento decida soplar. Ese preciso momento en el que te muestras disruptivo, rechazas la mediocridad, los patrones establecidos y estás dispuesto a no parar de trabajar. A partirte el alma por tu proyecto, a buscar los mejores aliados para tu viaje, a saltar muros sin miedo a defraudar.

Esa mañana en lo necesitas ser fiel a lo que sientes, estás dispuesto a desafiar la lógica, a aumentar la intensidad de tus acciones, a dejar fluir. A romper las limitaciones que otros te han creado, a viajar con una nueva brújula, a correr en buena dirección.

Esos serán los días por los que sólo intentarlo ya habremos ganado, donde nuestra vida tomará sentido, que nunca nos digan que no podemos soñar. Ese día en el que decides brillar.