Sònia

Sònia

dimarts, 27 de desembre de 2016

Soy MAMÁ y me gusta la NAVIDAD

No entiendo porqué te gustan tanto estos días.
– ¿No deberían gustarme?
Tú ya sabes que sois los padres quien os encargáis de los regalos.
– ¿Y esa es razón suficiente para no creer en la magia de estas fechas?
¿Qué es lo que más te gusta de la navidad, mamá?
– Que son unos días perfectos para creer en la ilusión.
Nunca olvidaré el escalofrío que sentí cuando aquel hombre de barba blanca me miró y me regaló una sonrisa de oreja a oreja. Sentada en sus rodillas, identifiqué al instante el pose de su boca y descubrí que en realidad era mi padre quien llenaba mis bolsillos de caramelos. Repasaba con atención la carta que sostenía en mis manos a la vez que me recordaba la importancia de no hacer enfadar tanto a mamá. Al volver a casa, tras repartir los regalos a los niños más necesitados del barrio, nos fundimos un largo abrazo. Nunca hicimos referencia a ese momento, nunca rompimos la magia, los deseamos que fuese mi rey para siempre.
Ahora yo soy madre y él abuelo y seguimos compartiendo ese hechizo. Soy de las que le gusta la Navidad, de las que trabaja para que su MAGIA e ILUSIÓN no desaparezca. Creo que las fiestas navideñas son una época perfecta para educar, para aprender, para compartir momentos que se convertirán en recuerdos que nos acompañaran a lo largo de toda la vida. Momentos que quedarán gravados en nuestra memoria y nos robaran sonrisas cada vez que nos acordemos de ellos.
La Navidad es una fecha ideal para inculcar valores a los pequeños de la casa que les permitan crecer y afianzar su identidad, que nos permitirán estrechar el vínculo familiar, que nos facilitarán soñar de la mano.
“Lo que vale mucho vale muy poco” así que la Navidad puede ser un momento excepcional para educar en la GENEROSIDAD, en la importancia de compartir, trasmitiéndolo desde el ejemplo de un consumismo responsable, evitando los excesos y el despilfarro. Nuestros hijos no quieren que les emborrachemos con regalos, desean que estemos presentes, que permanezcamos a su lado sin condición.
Unos días extraordinarios para que nuestros pequeños aprendan a EMPATIZAR con lo que sienten los demás, para ayudarles a identificar sus propias emociones y aprender a ponerle palabras a todo lo que les corre por dentro. Días para abrazar a los que nos importan, para susurrar al oído lo importante que son para nosotros, para decir te quiero y acostumbrarnos a hacerlo los 365 días del año como algo ordinario.
Datas para hacer cosas JUNTOS, demostrándoles lo mucho que disfrutamos del juego compartido, de las carcajadas espontáneas, de las tardes sólo para ellos. Tiempo para escribir la carta a sus majestades a cuatro manos, acordándonos de los que nos rodean y de aquellos que más los necesitan. Momentos perfectos para aprender a priorizar, para tener un sentido crítico de nuestras necesidades y deseos.
Días para dar las GRACIAS por lo que privilegiados que somos de poder estar un año más juntos y para recordar a los que se fueron con una sonrisa en los labios. Para sentirse agradecidos y dichosos, para compartir, para reconocer el esfuerzo que hay detrás de cada regalo. Tiempo para aprender a mimar y cuidar de los nuestros, para apreciar todo lo que hacen por nosotros.
Una época ideal para RENOVAR las ilusiones, las esperanzas, para soñar si cabe más grande. Días para escribir juntos nuevos compromisos, diseñar nuevos retos, elaborar nuevas estrategias en familia. Para cargarnos de optimismo y entusiasmo.
Días para disfrutar de los rituales de la Navidad, de sus villancicos desafinados, de sus pesebres, de su árbol lleno de luces. Para estimular la creatividad y la imaginación, para aprender a hacer nuevas cosas juntos, para conocer diferentes formas de celebrarla.
Hijo, nunca elimines de tu vida la MAGIA que te regala cada NAVIDAD.

dimarts, 20 de desembre de 2016

QUIZÁS MAÑANA SEA TARDE

- Ya lo haré cuando tenga 12 años.

- Es una pena que no te atrevas a intentarlo.

- No me va a salir.

- Postergar nunca es una buena solución.

-¿Y tú qué haces cuando vas a intentar una cosa y sabes que es muy probable que no te salga bien?

- Pensar que ese es el mejor momento para probarlo.

- ¿Aunque sepas que será un fracaso?

- Quien trabaja por sus sueños siempre es un ganador.

El paso de los años te enseña que el mundo es de aquellas personas que son capaces de jugársela, que están dispuestos a entrenarse a diario para ser feliz. De aquellos que se atreven a soñar grande, a arriesgar a doble o nada, a apostar a fuego por lo que creen. Personas intrépidas que actúan y no postergan, que no se escudan en excusas o se hacen pequeños ante la adversidad. Aquellos que aman sus sueños, que se comprometen a diario, que no dejan de caminar. Esos que no se esconden, ni esperan un golpe de suerte para empezar a construir.

Aquellos sujetos que deciden sin esperar la aprobación de los demás, que silencian las críticas con actos, que no necesitan ser elegidos para creer en su trabajo, para empezar a crear. Aquellos que se atreven a dar el primer paso aunque no sepan muy bien donde les va a llevar, esa primera pisada que te saca de donde estás y te abre mil y un camino por descubrir.

Aquellos que aprenden a simplificar, relativizar, a enfocar únicamente hacia lo que es importante. Esos que saben renunciar, que no se atan a causas imposibles, que no se aferran a aquello que les contamina. Individuos que están dispuestos a dar la vuelta a todo, a poner punto y a parte a todo lo que no merezca la pena, a colocar todo patas arriba si no se encuentran satisfechos. Sin pereza ni pausa, sin inventar pretextos, sin buscar culpables.

Personas que atacan las dudas, que eliminan los esfuerzos a media, que emprenden, que pierden el control cuando merece la pena. Los ambiciosos, los inconformistas, que aprenden a desobedecer a los cobardes, a saltar límites, que viven con coraje. Aquellos que buscan lo que les hace diferente, que invierten todo lo que tienen en sus utopías. Que no desean ser lo esperado, que dejan ir lo que les intoxica, que aceptan que hay cosas que no cambiaran.

Aquellos que saben remover bien adentro aunque les asuste, les duela, les ponga al revés. Sujetos que están preparados a tirar del hilo hasta llegar al final, a perseguir preguntas, a tentar el futuro. Esos que prueban mil y una estrategia, que saltan charcos, que son auténticos, que nunca se quedan con las ganas de volver a empezar.

Esas personas que hacen únicamente lo que les emociona, que no traicionan lo que sienten, que no se cansan de buscar nuevas oportunidades. Que creen que equivocarse es una maravillosa forma de aprender, que el error les motiva, que la duda no les paraliza. Aquellos que se hablan con respeto, que se quieren mucho, que tienen ganas infinitas de vivir. Esos que piden ayuda cuando lo necesitan o un abrazo cuando las cosas se empiezan a torcer.

Hijo, nunca olvides que sólo los valientes consiguen lo que quieren. Hoy siempre es el mejor momento para intentarlo, quizás mañana sea demasiado tarde.

diumenge, 11 de desembre de 2016

EDUCAR ANTE LA MUERTE

- ¿Tú también le echas de menos mamá?

- Creo que no hay un sólo día que no me acuerde de él.

- ¿Y también te pones triste al recordar que ya no está?

- Intento acordarme de todo lo bueno que compartimos juntos.

- Sé que papá a veces disimula sus ganas de llorar cuando hablamos de él.

- Se le hace difícil que él ya no esté.

- Ojalá pudiese verme cuando marco un gol.

- Estoy convencida que desde algún sitio lo hará.

Educar ante la muerte pertenece a la vida, es parte imprescindible de ella. Nuestra existencia está llena de encuentros pero también de pérdidas, nos gusté o no, es parte de las reglas del juego. Las pérdidas en ocasiones dan aún si cabe más sentido a nuestros días, nos recuerdan a menudo la necesidad de exprimirla al máximo, de tratarla con cariño. La vida es tan emocionante precisamente porque tiene un límite, la muerte es su esencia.

Hace 4 años que el abuelo se fue. La enfermedad se lo llevó de un manotazo, privándonos de tener tiempo para despedirnos de él, para poderle expresar lo importante que era para nosotros. La muerte le robó lo que más le gustaba en esta vida, ver a sus nietos crecer. Cuatro años donde ha costado mucho no llorar en cada celebración familiar, hablar sin miedo al recuerdo, superar la rabia, entender su marcha. Aprender a afrontar el vacío, la desolación, la ira.

Sin edulcorar la realidad aprendimos a hablar del tema sin rodeos, fantasías o engaños. Sin tabús y admitiendo que estábamos rotos por dentro. Desarrollamos mecanismos para sublimar el dolor, eliminamos los eufemismos. Superamos la negación, la furia, la tristeza. Nos permitimos tener días grises confiando en que poco a poco iría a mejor, aprendimos a seguir caminando sin tenerlo. Aceptamos nuestra presumidad como padres admitiendo que no teníamos respuesta para todo, le pusimos color a la injusticia, buscamos mil y una manera de mantenerlo vivo en nuestro recuerdo.

El tiempo nos ha enseñado a aceptar su pérdida sin enojo, a ponerle una sonrisa al recuerdo. A hablar con naturalidad de su ausencia, a respetar diferentes rituales de despedida, a compartir todo aquello que sentimos sin tapujos, a verbalizar lo mucho que le añoramos. A dejar expresar emociones sin miedo al ridículo, a responder con naturalidad preguntas incómodas, a entender las muestras de dolor sin tapujos. A comprender que el amor no se gasta, que él vivirá para siempre en nosotros.

El paso de los años nos ha permitido compartir el duelo, coger la rabia acumulada y convertirla en energía, a hacernos más fuertes. El primer contacto con la muerte nos ha hecho integrar nuevas emociones, a sentir muy adentro. Al principio necesitamos buscar una estrella que nos unía a él, ahora ya está presente en todo lo que hacemos.

Recuerdo cada vez que discutía porque malcriaba a sus nietos, ahora desearía que les atiborrase de chucherías. Si el abuelo viese como marco un gol, si el abuelo viese la nota del examen que he conseguido, ojalá el abuelo me pudiese abrazar.