Sònia

Sònia

dilluns, 30 de maig de 2016

¿QUÉ ES EDUCAR?

- ¿Qué es lo que más te gusta de ser mamá?

- Ver como eres capaz de dibujar tu propio camino.

- ¿Y no tienes miedo a que lo haga mal?

- La mejor forma de aprender es equivocándose.

- ¿Sabes lo que me gusta de ti mamá?

- ¿Qué?

- Que siempre estás ahí donde te necesito.

El paso de los años, los errores y el aprendizaje compartido junto a tus hijos te enseña que lo más importante a la hora de ejercer la maternidad es aprender a creer en tu instinto, a dejarse guiar por lo que te dicte tu corazón. Porque a ser madre se aprende, entre resbalones y tropiezos, entre ilusiones y desengaños, entre lloros y arrumacos.

Es bien curioso que, aunque los padres actuales dispongamos de mucha información y formación para poder ejercer nuestra tarea educativa, a menudo nos mostremos preocupados, indecisos, insatisfechos con nuestra forma de ser mamá o papá. Absortos por seguir modas o tendencias, por querer hijos perfectos y no felices, por pretender tenerlo todo bajo control, olvidamos disfrutar de este maravilloso oficio que es el de educar.

Por suerte, la experiencia te enseña que en la educación no existen manuales, fórmulas mágicas, soluciones rápidas, triunfos apresurados o atajos que tomar. No hay lugar para la magia o la casualidad. Educar requiere tiempo, paciencia, ilusión, confianza y voluntad. Exige estar presente de forma consciente, confiar con los ojos cerrados, ofrecer la mano cuando todo se empieza a balancear, buscando un equilibrio perfecto entre el sentido común y el del humor.

Para mí, 

1) Educar es decir TE QUIERO sin condición, sin peros ni porqués, valorando cada pequeño progreso, cada valiente paso, aplaudiendo la osadía y la determinación. Es animar a ser valientes, a trabajar por los sueños, a ir a buscar todo aquello que les hace feliz.

2) Educar es aprender a ver en cada DIFICULTAD una oportunidad educadora poniendo la vista en el futuro con acciones en el presente, conseguir que quieran volar sin miedo a irse de nuestro lado, atreverse a dejarles caer.

2) Educar es COMPROMETERSE, estar disponible, compartir parte del camino estimulando la curiosidad,  las ganas de aprender, ayudando a descubrir, seduciendo a no dejar de avanzar.

4) Educar es enseñar a RESPONSABILIZARSE de tu propia vida, potenciar la autonomía y la libertad para decidir. Dar la oportunidad de pensar, de elegir, resolver y asumir las consecuencias.

5) Educar es IMPULSAR a saltar, desarrollar el potencial, abrir nuevos caminos que recorrer. Enseñar a actuar sin miedo al error, a querer la imperfección, a perder y esperar. A descubrir todos los TALENTOS que ellos no son capaces de ver.

6) Educar es RESPETAR los ritmos para aprender, la forma de pensar o actuar, de sentir. Es escuchar todo aquello que necesitan compartir, comprender lo que les hace inquietar o vibrar, acompañar en la reflexión, en las ganas de mejorar.

7) Educar es INCITAR a crear retos que les hagan sonreír, a animar a esforzarse si de verdad se desea con corazón. Enseñar a aprovechar cada oportunidad, compartir experiencias que nos hagan crecer.

8) Educar es decir NO cuando sea necesario, marcar límites para dar seguridad, enseñar a hacer frente a la frustración. Es dejar LLORAR cuando sea necesario, es provocar una SONRISA en cada amanecer.

9) Educar es BUSCAR la coherencia en nuestra propia voz, convertirnos en el mejor ejemplo que pueda existir, demostrar con hechos lo que pretendemos enseñar, es evidenciar la necesidad del TRABAJO y el ESFUERZO.

10) Educar es entrenar para VIVIR con humildad, es AMAR sin sobreproteger, es AYUDAR a superar los contratiempos, es enseñar a pedir AYUDA sin miedo al ridículo, es SUSURRAR al oído que son lo mejor que tenemos.




dilluns, 9 de maig de 2016

HIJO, NO TENGAS PRISA

- No tengas tanta prisa por acabar.

- Si lo hago rápidamente me dará tiempo a hacer más cosas.

- Quizás,  pero estás olvidando lo más importante, disfrutar del momento.

- Tienes razón mamá.

- Cuando no gozamos o aprendemos haciendo algo es cuando realmente perdemos el tiempo.

-  De mayor inventaré una máquina que sea capaz de detenerlo.

- ¿Y qué harás con ese tiempo?

- Ver anochecer sin miedo a que desaparezca el sol.

Vivimos siempre con prisas, con la sensación que nunca llegamos. No hay tiempo que perder, todo es rápido, apresurado, acelerado.  Una velocidad que en ocasiones no controlamos, que nos arrastra a hacer cosas por pura inercia, donde lo urgente nos limita. Corremos para ganarle tiempo al tiempo cometiendo la estupidez de perderlo. Días, horas, instantes irrecuperables que no hemos sabido exprimir. Invertimos toda nuestra energía en lo próximo que llegará, ignorando que lo importante es lo que tenemos justo entre las manos.

Días de intentos, de obligaciones, de largas listas por hacer, de creer poder con todo. Donde prima la cantidad, la inquietud por lo que llegará, la culpabilidad por no estar, el desear hacer aún más. Atropellados por la inmediatez, las ganas de conseguir, de demostrar. No hay espacio para la improvisación, para perderse y sentir, para valorar. Vamos tan deprisa que sólo sobrevivimos.

Prisa por crecer, por llegar, por marchar, por madurar, poco tiempo para vibrar. Apremio por cumplir cada uno de nuestros sueños sin importarnos si realmente los gozamos, olvidando que lo que realmente nos hace feliz es el camino. Deseos de explicar metas obviando si hemos sonreído.


Tememos perder el control, hacer lo que realmente nos hace crecer. No hay holgura para hallarse, notarse, estar. Para que se nos erice la piel, para gozar de cada paso, de cada suspiro, de cada detalle. No hay tiempo para susurrar al oído, para bailar pausado, para sentir el latido.

Olvidamos que el tiempo es lo único que realmente nos pertenece, aquello que nos iguala, nuestro más valioso capital. Ese oro negro que malgastamos sin sentido, aquel que puede convertirse en el mejor juez para sentenciar que todo es finito, condenando la torpeza con el peor de los castigos. Lo único que nos diferencia de los demás es lo que hacemos con él, nuestra capacidad para estrujarlo, macerarlo o comprimirlo.

Aprendamos a que justo ahora es el momento, antes que la vida nos prive de él. Tracemos el mejor plan, de manera explícita y valiente, delegando todo aquello que no sea realmente ineludible. Conjuguemos nuestro presente como nuestro único propósito, demos la mano a la inseguridad, al riesgo, a la ventura. Vivamos como si fuese el último amanecer, riamos sin miedo al que dirán, compartámoslo únicamente con los que quieran aportar. Obliguémonos a asombrarnos a diario, a gozar a pleno rendimiento, a romper la rigidez, a gestionar la incertidumbre. A perder el miedo a la desconocido, al cambio, a salir de nuestra zona de confort. Cambiemos la comodidad por un corazón a máxima pulsaciones, por la velocidad, por la ocurrencia.

Olvidemos los objetivos a largo plazo, las planificaciones a dos navidades vista, no esperemos que los astros se alineen a nuestro favor. Enfoquemos, mitiguemos los ladrones del placer, entendamos que el éxito está justo detrás del riesgo, del salto al vacío, de seguir aunque seas el único que crea que saldrá bien. Demos la mano a los imposibles si es eso lo que te hace vibrar. Saquemos el máximo partido a nuestra existencia, creamos en la disrupción, en nuestras utopías, sacudamos con nuestro trabajo, provoquemos ilusión. Aprovechemos cada milésima de segundo sólo en aquello que nos hace conmover.

Seamos el mejor modelo para nuestros pequeños en demostrar que el futuro es ahora sin importarnos el mañana, que la esencia es este preciso momento. Hijo la vida no se elige, se vive.


dijous, 5 de maig de 2016

PUEBLO MANDARÍN

- ¿Y si no entiendo lo que me dicen?

- Irás aprendiendo el idioma a la vez que no dejas de jugar, casi sin enterarte.

- ¿Y por qué es tan importante saber más de un idioma?

- Aprender idiomas te abrirá una ventana al mundo.

- ¿Y si no se hacer algo de lo que me piden?

- Los monitores te ayudarán en todo aquello que puedas necesitar.

- ¿Y si te echo mucho de menos?

- Te lo pasarás tan bien que no tendrás tiempo para añorar.


Recuerdo como me gustaba ir de colonia cuando era pequeña. Días fuera de casa, aprendiendo a ser mayor,  haciendo nuevas amistades y compartiendo grandes dosis de diversión. Ahora que soy mamá animo a mis hijos a participar en campamentos que les hagan disfrutar del verano. Jornadas teñidas de risas e entusiasmo, de mil y un aprendizajes, de alboroto y distracción.

Y que mejor que hacerlo en el campamento de inmersión lingüística PUEBLO MANDARÍN. La mejor forma de aprender chino mandarín de forma lúdica y competencial, que hará que mis pequeños aprendan la lengua con más hablantes del mundo y que más futuro tiene. Un aprendizaje lingüístico que les posibilitará ser políglotas, que les abrirá puertas a una nueva cultura y les invitará a sumergirse en ella. 

Aprender chino mandarín contribuirá a mejorar su flexibilidad cognitiva, su agilidad mental, sus ganas de aprender. Un aprendizaje que entrenará su cerebro a resolver mejor los problemas, a adaptarse a nuevas situaciones, a despertar las ganas de descubrir. Una nueva lengua extranjera que les facilitará conocer nuevas tradiciones y diferentes formas de vivir, un oriente por descubrir, que despertará sus ganas de no parar de aprender.

Un campamento de verano diferente,  situado en un entorno único les permitirá conectar con la naturaleza, conocer nuevos paisajes y disfrutar del aire puro. Días llenos de actividad física y enriquecedoras peripecias ideales para aprender, crear y fantasear. Donde podrán realizar manualidades orientales, aprender caligrafía china y calcular con ábacos. Los fogones se encenderán para aprender a disfrutar de la gastronomía china y se convertirán en pequeños chefs.

Jornadas llenas de concursos, juegos de mesa tradicionales, puentes tibetanos, tiro con arco, bádminton y piraguas. Tardes de partidos y campeonatos, de excursiones y juegos de noche. Actividades que les ayudarán a darse cuenta de lo valientes que son, que les posibilitará superar su timidez, que les exigirán aprender a trabajar en equipo y experimentar la libertad.  De tiempo libre para conocerse y gozar.

Días de dormir en cabañas de madera, de mirar las estrellas, de baños y sorpresas. De sentirse queridos por los monitores, de crear nuevos amigos, de sentirse orgulloso por todo lo aprendido. Y volverán a casa con la maleta llena de miles de aprendizajes que querrá compartir, de recuerdos y aventuras. De cientos de palabras aprendidas y con ganas de seguir aprendiendo chino mandarín.



dimarts, 3 de maig de 2016

EL GRAN PROBLEMA DEL FRACASO ESCOLAR

- ¿Por qué Maria no sabe contestar cuando le preguntan lo que a mí?

- Porque no todo el mundo aprende a la misma velocidad.

- ¿Y por eso nunca levanta la mano para participar?

- Hay niños a los que les cuesta un poco más aprender.

- Siempre habla bajito, yo creo que le da miedo decirlo mal.

- Nunca es fácil equivocarse delante de los demás.

- ¿Y cómo le puedo ayudar?

- Respetando su forma de aprender, su ritmo para avanzar, ayudándole a creer que ella también será capaz de contestar.

La historia de María se repite a diario en las aulas de nuestras escuelas. Los últimos sondeos hablan que entorno al 30 % de los escolares de nuestro país sufren fracaso escolar, una cifra muy superior a la media europea. España se sitúa en la cola de la Unión en cuanto a resultados, demostrando así que las sucesivas leyes educativas no han sabido dar respuesta a las necesidades educativas de nuestros estudiantes. Muy lejos quedan países como Finlandia o Suecia punteros en innovación educativa y buenos resultados.

La mayoría de los niños a lo largo de su escolaridad presentan alguna dificultad de aprendizaje pero, con un diagnóstico precoz y unas intervenciones educativas adecuadas, éstas serán solventadas con éxito. Pero si estos obstáculos no son atendidos adecuadamente, reparados o no se les da la suficiente importancia se irán agravando y acabarán generando importantes dificultades para seguir correctamente el itinerario educativo. Las dificultades irán provocando una desafección y desvinculación progresiva del alumno con su entorno escolar.

Así que no es el niño quien tiene el problema del fracaso escolar sino quien lo sufre y pasa a convertirse en el eslabón más débil del sistema. Es en el momento en que el sistema educativo no halla la manera correcta de dar respuesta a las necesidades del alumno y las estrategias educativas utilizadas no han sido orientadas correctamente cuando condenamos al fracaso al estudiante.

Este fracaso se traduce en suspensos y si son muy reiterados, pueden provocar la repetición de algún curso escolar. A menudo, el único criterio utilizado para valorar el éxito o el fracaso escolar del estudiante son las calificaciones que, en muchas ocasiones, no reflejan lo que realmente sabe o no el niño, dejando al margen de la evaluación aspectos importantes del desarrollo afectivo, social o emocional. 

Es imprescindible hacer hincapié que el fracaso escolar se convierte en mucho más que un suspenso para los pequeños. Detrás de él encontramos un alumno con baja autoestima, inseguridad, poca motivación por aprender y mucha frustración. Además no podemos obviar que las malas calificaciones pueden llegar a generar problemas en la relación entre iguales, humillación, depresión y trastorno de ansiedad.
A menudo el fracaso escolar es un contratiempo que no responde a una única causa y en él influyen multitud de variables que afectan el contexto familiar, social y escolar del estudiante. Algunas de estas causas pueden ser;

- Trastornos específicos de aprendizaje: dislexia, disgrafia, discualculia, agrafia,...

- Trastornos de déficit de atención.

- Altas capacidades o superdotación.

- Déficits intelectuales.

- Trastornos emocionales.

- Situación socioeconómica desfavorable.

- Falta de motivación.

- Falta de buenos hábitos de sueño o descanso.

- Adiciones.

- Metodologías educativas o proyectos educativos inadecuados que no dan respuesta a las necesidades de los alumnos.


El fracaso escolar es un tema que crea gran discusión en el momento que nos centramos en buscar culpables a esta situación. A menudo los profesores son la primera cabeza de turco y reciben las críticas en primera línea de fuego. A la vez, ellos culpan a las políticas educativas de las cifras negativas de nuestro sistema escolar y denuncian los pocos recursos con los que deben trabajar. Además, en ocasiones las familias también son señaladas por su poco interés e implicación en el proceso de aprendizaje de sus hijos.


Podíamos pasarnos horas buscando los culpables verdaderos del fracaso de nuestros escolares pero pienso que es mucho más provechoso, necesario e importante unir todos nuestros esfuerzos en crear un tándem perfecto entre escuela, familia y administración. Una comunicación fluida y un trabajo en equipo en la misma dirección hará mucha más efectiva la respuesta educativa hacia el alumno y posibilitará dar respuesta a cada una de las necesidades educativas de nuestros pequeños apostando por una educación personalizada. 

El diagnóstico precoz debe convertirse en el punto de partida que nos posibilite descubrir la dificultad concreta que planea el niño y todos los factores que intervienen en ella. La prontitud en la intervención facilitará una intervención a medida y evitará que el problema vaya anquilosándose. 

La intervención educativa deberá centrarse, además de responder a cada una de las necesidades que vayan apareciendo a lo largo del proceso, en conseguir despertar en el estudiante las ganas de aprender, la motivación por avanzar con pequeños avances diarios y la construcción de una adecuada autoestima y una buena tolerancia a la frustración. El trabajo interdisciplinar y la toma de responsabilidades por parte de cada uno de los agentes educativos implicados serán la clave para conseguir el éxito del estudiante.

Además, las familias en casa deberían implicarse en el día a día de la escuela, creando un ambiente rico en estímulos, animando cada esfuerzo, requiriendo una adecuada responsabilidad y una buena exigencia por parte del niño delante de los aprendizajes, consiguiendo así una imagen positiva de quien son y lo que hacen. Deberán trabajar codo a codo con los profesionales que comparten la educación de sus pequeños, confiando en su trabajo, apoyando sus decisiones y colaborando en todo lo que se les requiera.

El objetivo de la educación debe ir mucho más allá de aprobar o no una asignatura, debe despertar en el niño las ganas de aprender, de contagiar las ganas de aprender, de descubrir, investigar o crear.

Para ponerle un poco de humor, un libro divertido y lleno de aventuras llamado Abajo el Cole de Maria Frisa.