Sònia

Sònia

dimarts, 26 d’abril de 2016

11 ERRORES QUE NINGUNA MAMÁ DEBERÍA COMETER

- ¿Quién te ha enseñado a ser mamá?

- Aprendo el oficio a la vez que tú te haces mayor.

- ¿Y quién te dice lo que tienes que hacer?

- Me dejo guiar por mi intuición.

- Pues creo que tu intuición te chiva muy bien. ¿Y si un día tu olfato se equivoca?

- Los errores deben convertirse en las mejores lecciones de vida, la mejor manera de aprender es tener que volver a empezar.

Sin duda se aprende haciendo, recorriendo el camino, aprendiendo de cada bache y disfrutando de cada momento. La  maternidad es una carrera de fondo, un trayecto lleno de altibajos donde no se puede tener prisa por conseguir ya que los objetivos se logran a largo plazo. Una ruta a veces llena de inseguridades,  de culpas en busca de la perfección, de momentos en los que todo el mundo es capaz de opinar sobre lo que debes o no hacer.

Una itinerario perfecto para aprender a confiar en la intuición, para aceptar que se aprende mucho más del error que de los aciertos, para entender que tienes derecho a la duda, a no tener siempre la solución, a pedir ayuda cuando las cosas se empiecen a torcer.

Más de una década que me ha enseñado la necesidad de ser paciente, de gozar de cada uno de sus pequeños logros y a tener muy claro algunos de los errores que ninguna madre debería cometer.

- Creer que EDUCAR consiste en ENSEÑAR o adoctrinar. La educación debería centrarse en DESPERTAR, en contagiar las ganas de aprender, de descubrir, investigar o crear.

-  Amar al hijo que QUEREMOS y no al que TENEMOS. En ocasiones nuestras expectativas no se ajustan a la realidad y ahogan a nuestros pequeños. No debemos proyectar nuestras frustraciones en ellos. 

- Creer que en la educación existen ATAJOS.  El arte de educar no contiene fórmulas mágicas que nos digan lo que debemos o no hacer. Así que tocará ser pacientes, estar presentes, establecer objetivos a largo tiempo, aprender de la experiencia y del ensayo-error.

- ALLANAR el camino para evitar que sufran o se equivoquen. Evitemos la sobreprotección y  asumamos que la adversidad forma parte de sus vidas. Evitemos  hacerles dependientes, inseguros y sin una buena tolerancia a la frustración. Dejémosles caer, probar, errar y volver a empezar.

- Olvidar lo maravilloso que es ser un NIÑO privándoles del tiempo para realizar la actividad más importante para su desarrollo que es la de JUGAR. No abarrotemos sus agendas y permitámosles el beneplácito del aburrimiento, el mejor aliado de la creatividad.

- Ignorar o minimizar los SENTIMIENTOS de nuestros pequeños. La educación emocional debe ser la columna vertebral de nuestra educación. Enseñemos a ponerle nombre a aquello que les pasa, a expresar las dudas o miedos, a compartir lo que les hace vibrar, a conectar con las emociones sin temor a sentir.

- OÍR sin ESCUCHAR, utilizando un código distinto. El DIÁLOGO debe ser un pilar en la educación con nuestros hijos. Aprendamos a conversar con ganas de entendernos, a darle valor a nuestras palabras, a escuchar de forma empática, a respetar su forma de pensar o hacer.

- Actuar en función de nuestro ESTADO de ÁNIMO. Las normas deben ser siempre las mismas independientemente del día que hayamos tenido. Actuemos siempre de igual forma controlando el humor provocado por el cansancio o el estrés. Evitemos la disparidad entre papá y mamá, trabajemos en equipo.

- Educar SIN LÍMITES y RESPONSABILIDADES. Si nuestros hijos crecen sin normas claras serán niños con dificultades para vivir en sociedad. Enseñémosles que deben o no hacer, hagámosles responsables de sus decisiones, motivémosles a asumir riesgos y las consecuencias de sus actos.

- COMPARAR constantemente a nuestros hijos con el resto de hermanos o otros niños sólo puede provocar celos, envidias y baja autoestima. Cada niño merece ser educado de forma individualizada, dando respuesta a sus necesidades, haciéndole sentir único, creyendo en él.

- HABLAR y ACTUAR de forma diferente. El ejemplo es el lenguaje más persuasivo y por eso debemos ser coherentes con el decir y el hacer. Un mal ejemplo llenará nuestra educación de incongruencia y decepción.

dimarts, 19 d’abril de 2016

100 KM SOLIDARIOS

Las mejores cosas en la vida aparecen sin buscarlas, de manera casual se cruzan en tu camino para hacerlo mucho más emocionante, para enseñarte un sinfín de aprendizajes, para hacerte crecer. Un reto solidario apareció en nuestra ruta y 4 mamás valientes decidimos embarcarnos en él. Ocho meses por delante para preparar 100 km solidarios. Una jugadora de pádel, dos mamás sedentarias y una maratoniana dispuestas a demostrar a nuestros ocho hijos que querer es poder, que quien no arriesga no gana, que sólo los valientes consiguen lo que quieren, que en la vida se pierde más por miedo que por intentarlo.
Cuatro mujeres con poco que perder y mucho por ganar.

32 semanas por delante para conseguir la aportación económica necesaria para poder inscribirnos en la carrera y aportar así nuestro pequeño grano de arena con la ONG Intermón Oxfam. 225 días para entrenar de forma responsable, para conciliar nuestra vida familiar y profesional con nuestro sueño. Meses llenos de dudas e incertidumbre, de momentos mágicos, de lecciones de vida. De molestias físicas, de bajones emocionales, de instantes de abatimiento.
De darse cuenta como nuestro cuerpo se adaptaba al sacrificio, como cada paso nos provocaba una sonrisa.   De trabajar duro para perder el miedo a la distancia, de aprender a confiar en nuestra ilusión, de conseguir sacar la mejor versión de cada una de nosotras.

Meses de sentirte querida por gente que es capaz de tocarte el alma con pequeños gestos, que te dan la mano sin pedir nada a cambio para ayudarte a saltar las piedras del camino. Gente que contagian magia y coraje, que te hacen sentir grande, que creen en tu sana locura, que te regalan sonrisas en los momentos de decaimiento. Una mujer estupenda que crea pulseras para nuestro reto, 8 empresas que de forma desinteresada deciden patrocinar nuestro proyecto, aportaciones de desconocidos y amigos del 2.0. El Club de las Malasmadres que da voz a nuestro sueño, un grupo de rockeros que organiza un concierto a nuestro beneficio, un experto en marketing que nos ofrece su sabiduría, un entrenador personal que nos marca cada paso.

Días para aprender a confiar en las ganas de conseguirlo, para descubrir la fuerza que albergamos en nuestro interior, para desear que ocurran las cosas, para crear las sinergias necesarias. Momentos para aliarnos con aquellos que creían en nuestro proyecto sin peros ni porqués y para silenciar a aquellos que dudaban de nuestras capacidades, aquellos que no se atreven a soñar grande.

Un reto solidario que nos instruye a aceptar la fragilidad, la vulnerabilidad, el miedo a no estar a la altura. Un proyecto que nos exige asociarnos con nuestras imperfecciones,  a romper todos los límites que nosotras mismas nos habíamos creado, a comprometernos a fuego. A no titubear cuando nuestro cuerpo se quejaba y a creer en el talento aprendido, aquel que sólo se consigue con constancia y trabajo.


Largos meses donde hemos aprendido a confiar en el trabajo en equipo, a respetar ritmos y deseos, a no dejarnos acomplejar por los que se reían de nuestras posibilidades. A remar a contracorriente cuando algo se empezaba a torcer, a trabajar a ocho manos, a volver a empezar las veces que ha hecho falta. A ser conscientes que cada pequeño paso nos acercaba a nuestro objetivo, a saber que las dificultades nos fortalecían, que cada pequeño logro nos engranaba el alma.

La semana previa estuvo llena de incertidumbre, de emociones a raudales, de perfilar preparativos, de valorar lo conseguido, de hilo de voz cada vez que intentábamos expresar lo vivido, de "mamá" cuando no puedas más piensa que los ochos os estaremos esperando en meta.

Pistoletazo de salida y 32 horas para completar nuestro camino, serotonina  y dopamina a niveles estratosféricos. Kilómetros recorridos entre risas y silencios, entre ánimos y desalientos, confidencias y deseos. 100 km para tocar con las puntas de los dedos el cielo pero también el infierno. Millas para disfrutar del regalo de conocer a gente anónima que compartían nuestra quimera, para descubrir los  motivos para compartir el sendero, para que nos narrasen sus ganas de superación.

Horas de ir superando cada avituallamiento entre el dolor y la ilusión de conseguirlo, de utilizar como mejor medicina el deseo de cruzar la meta junto a nuestros hijos. De calor extremo, de superar vómitos, curar llagas y luchar contra el sueño. De superar la noche que tanto nos castigaba, de sobreponerse a las molestias que casi ya no tolerábamos. Horas de sentirte especial con los cuidados de nuestro equipo de apoyo, por recibir cientos de mensajes de aliento, por sentir que nuestros pasos iban a contribuir a mejorar vidas, que nuestro trabajo mejoraba nuestro entorno.


Recorrer el último kilómetro conteniendo el llanto, andando bien juntas saboreando lo conseguido. Últimos instantes para sonreír a todos aquellos que nos veían llegar a nuestro destino, para aplaudir a aquellos que valoraban nuestro esfuerzo, para abrazar con todas nuestras fuerzas a nuestros pequeños, para mirar con complicidad a nuestros maridos, para agradecer que nos acompañasen nuestros amigos.

Instantes para cruzar la meta dando las gracias por todo lo recibido, para mirar al cielo al ver que lo habíamos conseguido y acordarnos de aquellos que ya no están pero desde algún lugar nos habían echado una mano.

Sin duda las mejores 25 horas de nuestras vidas para no olvidar nunca que creer en uno mismo cada día resulta la mejor estrategia que nos podemos plantear.

dilluns, 11 d’abril de 2016

¿TÚ CREES QUE TENGO TALENTO?

- Mamá, ¿tú crees que tengo talento?

- Por supuesto que lo tienes.

- Yo tengo la sensación que no hago nada del todo bien.

-  Lo mejor es que la mayoría de tus talentos están aún por descubrir.

- ¿Tú crees que todo el mundo nace con uno en concreto?

- Algunas personas estoy convencida de que sí. 

- ¿Y cuál es el mío?

- Eso debes descubrirlo tú, sólo debes estar dispuesto a dar la mano al atrevimiento, al descaro y la determinación.

Recuerdo como de pequeña me obsesionaba encontrar algo en lo que realmente destacase, que hiciese extremadamente bien. Siempre tenía la sensación de que todos los niños de mí alrededor eran especiales en algo menos yo. Quien no hacía hermosos dibujos, tenía dotes con las lenguas o progresaba admirablemente tocando un instrumento. Yo intentaba buscar algo que mi hiciese singular pero, quizás mi impulsividad o torpeza, me hacían sentir poco interesante.

Con el paso del tiempo y el aliento de mis padres y profesores, descubrí que el talento sólo nos acompaña hasta la puerta y es el carácter, el trabajo y perseverancia la que nos permite cruzarla. Comprendí que mi lugar en el mundo no iba a estar nunca condicionado por mi lugar de nacimiento, mi color de ojos o mis aptitudes innatas. Mi gran aprendizaje fue ser consciente que nunca destacaría si esperaba sentada en casa que alguien observara que era especial y comprendí que lo que tenía que hacer era ponerme manos a la obra.

Todos nacemos con un potencial, con un conjunto de aptitudes y destrezas naturales e innatas que marcan nuestro punto de salida  pero soy de las que cree que el secreto del éxito reside en el talento aprendido, aquel que sólo se consigue con horas de práctica, sacrificio y esfuerzo. Un talento consechado gracias al trabajo diario, a la constancia infinita, a las ganas que las cosas ocurran. A desear vivir de acuerdo a nuestro máximo potencial, a estar dispuesto a aprovechar cada oportunidad, a empezar de nuevo las veces que sea necesario.

 Talentoso es aquel que dibuja su propia hoja de ruta sin esperar que los otros crean en sus sueños,  que actúa aunque toque ir a contracorriente,  que reconoce sus fortalezas y ocupa toda su energía en mejorar, sin excusas o atajos. Aquel que innova y aprende a pensar diferente después de cada aprendizaje, que tira del coraje cuando empieza a llover. Aquel disfruta de cada minúsculo detalle del camino, que inventa su propia victoria, que rechaza la rutina, que busca nuevos enfoques. Quiero hijos talentosos en tener la capacidad de contagiar ilusión, de crear oportunidades, de liderar sus proyectos, de no cansarse de aprender. Que le den la mano a la curiosidad, que acepten el error como parte del trato,  que no necesiten tenerlo siempre todo controlado, que no teman a lo incierto, que no escuchen a los cobardes.

Quiero niños capaces de encontrar lo que les hace diferente, únicos. Que hagan las cosas porque les apasionan, que sepan y actúen en búsqueda de lo que les hace realmente vibrar, que crean que la perseverancia y el trabajo en equipo seran la base para conseguir sus objetivos. Pequeños que deseen la felicidad y no en la perfección, que consigan que sus propias limitaciones jueguen a su favor, seres inconformistas, que tomen responsabilidad en sus actos, agradecidos con todos aquellos que estén dispuestos a echarles una mano.

Creo en el talento de aquellas personas que son capaces de vivir una vida que les hace realmente feliz, que buscan espacios estimulantes, que se lanzan a dar el primer paso. Aquellas que gracias a su trabajo son capaces de mejorar su entorno, que ayudan sin esperar nada a cambio, que huyen de la mediocridad, que provocan reacciones y aprovechan la adversidad para despertar su ingenio.

Familias y maestros debemos ir la mano a la hora de descubrir talento, alimentando las ganas de avanzar. Formemos a nuestros pequeños en una educación que no penalice el error, que potencie el pensamiento flexible y creativo, que les permita desarrollar su liderazgo en espacios creativos. Apostemos por una comunicación empática que anime a poner el talento al servicio de los sueños, a crear retos originales que hagan desarrollar habilidades y capacidades de aprendizaje consiguiendo siempre mantener el interés y la satisfacción por aprender, por descubrir, por avanzar, por ser feliz.

Hijo, recuerda siempre que sí tienes talento sólo hace falta que esté dispuesto a perseguir tus propósitos y tu trabajo hará el resto.



dimarts, 5 d’abril de 2016

AYÚDAME A ESFORZARME MAMÁ

- Házmelo tú mamá.

- Si lo hago yo nunca aprenderás.

- Ya, pero estoy harto que me salga mal.

- A menudo a mamá también le cuesta conseguir lo que se propone.

- Es un rollo tenerse que esforzar.

- Pero cuando consigues lo que realmente quieres, ¿no te hace sentir especial?

- Mucho, me siento muy feliz por haberlo logrado.

- ¿Por qué no dedicas toda tu energía en querer mejorar? El esfuerzo seguro que te recompensa.

- Creo que ya casi lo tengo mamá

- Dicen que la victoria pertenece siempre al más perseverante.

La vida está llena de desafíos y enseñar a nuestros hijos a superarlos, debe ser una de nuestras prioridades. La fuerza de la voluntad debe convertirse en un elemento clave en la educación emocional de nuestros pequeños. Conseguir hijos mentalmente fuertes, resilientes, que sean capaces de afrontar las adversidades con optimismo y con una buena autoestima, deben ser pilares en nuestra educación. 

Hagámosles creer que la voluntad es la fuerza del querer, el deseo que las cosas ocurran. Démosles mil y un motivo para esforzarse, ayudémosles a creer en su trabajo, convirtiéndonos en el mejor de los ejemplos. Demostrémosles que cada paso les acercará a su objetivo, que cada intento ayuda a sumar, que cada dificultad fortalece, que cada logro engrandece el alma. Consigamos que se hagan amantes de los retos y de las ganas de dar lo mejor de ellos en cada momento, a creer en el camino.

Enseñémosles a comprometerse con sus sueños especialmente cuando las cosas se compliquen, a responsabilizarse con sus decisiones, reforcemos todos sus pasos regalándoles un ambiente familiar seguro, afectivo, alegre y motivador. No nos casemos de recordarles que estamos siempre a su lado especialmente cuando les toque volver a empezar, felicitemos cada uno de los progresos. Aprendamos a exigirles de manera adecuada para dar paso a la autoexigencia, 

Démosles la mano para que sean capaces de enfrentarse a sus miedos, animémosles a probar con valentía sin temor a fallar, despertemos el interés por el éxito, por sentirse orgulloso de cada pequeño triunfo, por la búsqueda de la satisfacción personal. Consigamos que entiendan que la perseverancia es la virtud por la cual todas las otras virtudes dan su fruto, donde la práctica diaria se convierte en el mejor maestro.

Consigamos que tengan motivos para no dejar de avanzar, para buscar retos que les hagan emocionar, para aprender a trabajar con el corazón. Logremos que apuesten a fuego por lo que deseen, hagamos que la constancia, la paciencia, la tolerancia a la frustración y el compromiso sean los mejores compañeros de viaje.

Ayudémosles a planificar la ruta, a definir objetivos, a trabajar sin bajar los brazos, a perseverar y resistir. Contagiémosles de energía, de voluntad de querer hacerlo, de creer que son capaces. Consigamos borrar la queja de sus labios, enseñémosles a ser osados, a soñar grande, a dominar la situación cuando las cosas se tuercen, a controlar la impulsividad. Recordémosles a diario que cada logro empieza con la decisión de intentarlo.

De esta manera ayudaremos a nuestros hijos a creer en la constancia y esfuerzo como la fuerza motriz más poderosa que existe, aquella que permitirá conseguir todo aquello que deseen sin depender que sea el destino quien decida lo que pueden o no hacer. Tendámosles la mano para ayudarles a conseguir cada uno de sus sueños,




diumenge, 3 d’abril de 2016

MONSTRUARIO

- Hoy he soñado que un monstruo me comía la nariz.

- ¿Y estaba salada o dulce?

- No te rías mamá que daba mucho miedo.

- Soy una apasionada de los monstruos especialmente de aquellos que son divertidos y enseñan cosas. No todos los monstruos son malos.

- Algunos quieren comer niños.

- Yo creo que son la minoría, seguro que encontramos a muchos que son vegetarianos.

- ¿Sólo existen en los cuentos?

- Existen en nuestra imaginación. ¿No te gustaría tener uno en casa?

- Voy a coger la caja de colores. Cuando vuelva papá le explicaremos que somos uno más en la familia.

Recuerdo el miedo que me daban los monstruos cuando era pequeña. Antes de irme a dormir miraba siempre debajo de la cama para asegurarme que no se había escondido ninguno en mi habitación y durante la noche con mi linterna me aseguraba que no se colase ninguno entre las sábanas.

En cambio, ahora animo a mis hijos a conocer el fascinante mundo de los monstruos y la imaginación. Nos gusta pasar tiempo juntos dibujándolos, fantasear con sus personalidades, idear aventuras, planear encuentros llenos de risas y carcajadas. Inventamos nombres divertidos para cada uno de ellos, les regalamos un oficio, les hacemos viajar a diferentes parte del mundo. La familia de monstruos ocurrentes nace día a día y todos son bienvenidos. Monstruos de siete brazos, azules o de colores, a los que les gusta el fútbol o devoran palomitas.

Tener en casa a MONSTRUARIO nos acerca un poco más al fascinante mundo de estos seres maravillosos. Ángeles Navarro nos presenta tres magníficas y divertidas familias de monstruos que nos invitan a participar en juegos de memoria, observación y lenguaje. Lena, Elda o Sun nos enseñaran a elaborar divertidos brebajes, nos invitaran a observarlos con detenimiento para descubrir sus mutaciones o encontrar el camino correcto de un peculiar laberinto. 

Los más valientes podrán animarse a ponerse el delantal para preparar un menú repugnante característico de los restaurantes más selectos o elaborar un postre monstruosamente sorprendente. Los habilidosos de la aguja e hilo confeccionaran un super cojín o una camiseta  que será la envidia de todos este verano.

Un libro lleno de juegos, desafíos y pasatiempos llenos de creatividad y mundos maravillosos. Una estupenda manera de pasar tiempo en familia jugando y creando.Y tú, ¿quieres adoptar un monstruo?