Sònia

Sònia

dimarts, 27 d’octubre de 2015

#TeLoPrometoORG CUIDEMOS DEL MEDIO AMBIENTE

- Mamá ¿por qué te preocupa cuidar tanto el planeta si cuando desaparezca ya no vivirás?

- ¿No crees que es responsabilidad de todos cuidar de él?

- Ummm, sí tienes razón.

- No creo que sea un esfuerzo excesivo cuidar de algo que disfrutamos a diario, ¿no?

- No además a mí me gusta cuidar de él, es hasta divertido.

- Es responsabilidad de todos asumir el compromiso de respetar y cuidar de nuestro entorno. Vivir en un entorno bien conservado nos hace vivir más felices.

Tuve la suerte de ser educada en el respeto del medio ambiente. Recuerdo que fuimos una de las primeras familias de Barcelona en empezar a realizar la clasificación de residuos en casa hace ya más de 20 años. También recuerdo como mis padres debían justificar muy a menudo, a vecinos y familiares, el por qué lo hacíamos. Me acuerdo que la gran mayoría de personas les decían que sería sólo una moda y que no merecía la pena tanto esfuerzo. Lo más importante que aprendí es como explicaban que los pequeños cambios que una persona podía hacer en su entorno más cercano podían convertirse en  acciones poderosas si se unían las fuerzas. Por suerte, en la actualidad la mayoría de las familias realizamos una selección selectiva de nuestros residuos a casa y nuestros puestos de trabajo.

Esta educación ambiental intento trasmitírsela a mis pequeños. Dicha educación no debe centrarse únicamente en que nuestros hijos realicen acciones para mejorar y conservar lo mejor posible su entorno inmediato, sino que debe tener un objetivo mucho más ambicioso; adquirir la responsabilidad de dejar un planeta bien conservado a las generaciones futuras. Hasta el momento los habitantes de este planeta no lo hemos hecho bien pero nunca es tarde para ponerse manos a la obra.

Desde bien pequeños hemos intentado que nuestros hijos vayan adquiriendo, en su día a día, acciones sencillas que contribuyan en el cuidado del medioambiente. Recuerdo cuando de bien pequeños cogíamos diferentes residuos y aprendían a seleccionarlos en el cubo de color que correspondía.  Un juego bien sencillo y divertido que poco a poco les enseñó todos los tipos de residuos que existen y que hoy aún vamos aprendiendo a colocarlos en su depósito adecuado. Aún recuerdo la primera vez que visitaron el punto verde de nuestra ciudad. Ahora que han crecido son ellos los que controlan que toda la familia realicemos de forma correcta esta selección.

Sin duda el ejemplo es la mejor forma de aprender así que aprendimos a lavarnos los dientes y ducharnos apagando el grifo cuando nos fregábamos con la esponja o nos cepillábamos los dientes. Continuamos recordándolo de vez en cuando a alguno se nos olvida! También lo hacemos con el uso de las luces o los aparatos conectados a la corriente. Recuerdo como nos acompañaron a comprar bombillas de bajo consumo y a ponerlas por toda la casa.

En casa hace un par de cursos elaboramos una caja bien divertida donde vamos depositando aquellos materiales que ya no utilizamos y podemos reutilizar; rollos de papel del wáter, el cartón de los cereales,  la hueveras de cartón o los briks de leche. Con ellos hacemos divertidos talleres que nos sirven para decorar las habitaciones, preparar regalos o construir juguetes divertidísimos. Nos encanta crear y nos damos cuenta que !nuestra imaginación es inagotable! Los Reyes magos del año pasado nos regalaron libros que nos han dado muchas ideas.

Cuando salimos de excursión siempre estamos atentos a dejar el bosque, la playa o los senderos tal como lo hemos encontrados y guardamos en una bolsa todos nuestros residuos para seleccionarlos cuando llegamos a casa. Además intentamos asistir a exposiciones o actividades familiares que nos ayuden a conocer la realidad de nuestro planeta y nos animen a seguir trabajando por su conservación.

Este año hemos incorporado dos nuevas acciones para continuar mejorando nuestro entorno. Siempre que podemos para ir a los entrenamientos y competiciones intentamos compartir el coche con otras familias con el objetivo que siempre vayan llenos. La promesa de este año es crear un huerto casero en casa que seguro se convertirá en una actividad familiar super divertida,¡además comeremos deliciosos tomates!

Y tú, ¿qué haces por el medio ambiente?


diumenge, 25 d’octubre de 2015

#YONORENUNCIO #YOCONCILIO

- Mamá me gustaría que fueses como la mamá de Esther.

- ¿Ah sí? ¿Y por qué?

- Porque ella la lleva siempre al colegio y la viene buscar.

- Ya sabes que hay días que mamá no lo puede hacer porque tiene que trabajar.

- Esther dice que su mamá la quiere más que tú a mi.

- ¿Y por qué dice eso? 

- Porque su mamá siempre está con ella.

- ¿Y tú también lo crees?

- No lo se mamá, ¿tú no podrías dejar de trabajar?

- Pues no se si podría o no, pero es que mamá no quiere dejar su profesión.

- ¿No te gustaría hacer sólo de mamá? así podrías acompañarme cada día a entrenar.

- ¿Crees que si no me separase nunca de ti te querría mucho más?

- No lo creo mamá, pero a veces me pongo triste cuando marco un gol y tú no estás. 

- Pero mamá siempre está ahí cuando necesitas que te de un buen abrazo, compartir lo que te preocupa o ayudarte con lo que no te sale bien.

- Tienes razón mamá, yo no quiero otra mamá.

- ¿Sabes qué? Le podrías explicar a Esther que tú mamá, aunque a veces no esté contigo porque va a trabajar, intenta ayudarte siempre a conseguir todo aquello que te haga sonreír. 


El reloj suena en casa al amanecer para hurtar al alba minutos para poder entrenar. El día transcurre a un ritmo frenético donde casi no hay tiempo para comer. Tardes de actividades, entreno, estudio y sobretodo momentos de complicidad que me colman de ganas de seguir. También de nervios y alguna frase fuera de tono, cuando las cosas se empiezan a torcer y el cansancio se come mis ganas de reír. Las jornadas acaban tarde porque, tras el beso de buenas noches, toca seguir preparando clases, adaptando material o haciendo cursos de formación. Los fines de semana el trabajo sigue presente e intento, como experta equilibrista,  hacer las mejores peripecias para seguir robándole horas al reloj. Cualquier momento es bueno para intentar poner al día toda aquella faena que se  ha ido acumulando porque durante la semana no ha habido tiempo para más, siempre con la agenda a punto de explotar.

Quien me conoce sabe que hace años descubrí que ser mamá es mi real vocación, aquel oficio que me hace realmente feliz. Aquella profesión que me obliga a desinstalarme, a desaprender a diario, me hace mejor persona y me da el privilegio de acompañar a dos personitas que tienen el don de sacar lo mejor de mí. Una madre que no sabe hacer croquetas, ni coser disfraces y en ocasiones olvida firmar alguna autorización, pero que lucha a diario para estar presente en la educación de sus hijos, ser un referente para ellos y ofrecerles el mejor ejemplo para conseguir el objetivo primordial que para mi es la felicidad. Que asume la responsabilidad de la educación de sus pequeños como el reto más importante que en la vida llegará a tener.

Y sí, no soy como la mamá de Esther y no siempre puedo estar con Xavier. Entiendo que a un niño de 7 años le cueste entender que su mamá se pierda cada año la actuación de Navidad que ve emocionada gracias al video que le envía papá, que nunca le pueda ir a decir adiós al autocar cuando se va de excursión o pueda acompañarle el día de carnaval en la escuela. Esa mamá que le observa mientras duerme y que, por motivos laborales, no ha podido llegar a leerle el cuento de dragones que tanto le gusta escuchar o le explica que en ese momento no puede jugar con él porque debe enviar un documento urgente antes de cenar.

Estoy convencida que Xavier, cuando se haga mayor, entenderá que tiene una mamá que lucha a diario para que cada uno de sus sueños se hagan realidad y eso le conlleva, en ocasiones, a perderse algunos momentos en los que pagaría cualquier precio por poder estar. Ojalá un día sea capaz de apreciar que le tocó una mamá osada, dispuesta a trabajar de sol a sol para crecer, para mejorar, para llegar a ser una gran profesional. Que exige tiempo para emprender, para dibujar todo aquello que le hace feliz, para ser mamá sin dejar de ser mujer. Una mujer que no cree en los ideales de maternidad que la sociedad le quiere vender y que acepta que en ocasiones la maternidad le llega a sobrepasar.

Una mamá que hace años se cansó de buscar la perfección ya que se dio cuenta que nunca la iba a conseguir, que guardó la capa de superwoman en un cajón, que rompió el disfraz de maternidad que le querían subastar. Una mujer que nunca se cansa de exigir la igualdad en todos los ámbitos que tiene la suerte de actuar, que está harta de demostrar las cosas sólo por el hecho de ser mujer. Que en ocasiones se siente exhausta de tener la obligación de estar siempre al pie del cañón, de sentir que sólo logra sobrevivir.

Una madre que se niega a vivir perseguida por la sombra de la culpa, los complejos, el miedo y el que dirán. Que no cree en el modelo de madre que la publicidad y los medios de comunicación le quieren vender, que está saturada de escuchar, a otras mamás juzgar, la manera que tenemos de entender la maternidad las mujeres valientes que buscamos conseguir todos nuestros propósitos fuera de la vida familiar.

Una mujer que exige tener tiempo de calidad para poder ver crecer a sus hijos, que necesita estar presente en todos los momentos importantes de sus vidas para poderles ofrecer un acompañamiento repleto de afecto, confianza y apoyo incondicional. Que no quiere enterarse de cada uno de sus logros por las fotos de whatsaap que papá le pueda enviar. 

Una madre que quiere ser la responsable de encorajarles a probar, experimentar, descubrir y estar ahí cuando caigan y necesiten una mano para levantarse y continuar. Una mamá que convierte cada "te quiero" en un motivo para luchar. Una mujer dispuesta a planificar, a priorizar lo que debe o no atender, que ha aprendido a delegar,  que tiene la suerte de tener a su lado un papá que cree en la corresponsabilidad, que comparte con él de forma equitativa las tareas a hacer, que establece prioridades donde la familia es siempre la punta del iceberg. Me niego a aceptar que conciliar es renunciar o elegir.


Y junto a mi, hay miles de mujeres que luchamos a diario para que la reivindicación de conseguir una  conciliación real no sea escuchada como una queja sino como un derecho que deben tener todas las mujeres profesionales de este país. Hemos tenido la suerte que Laura Baena, creadora de el Club de las Malasmadresapoyada por miles de mujeres que han decidido fundir su voz, haya creado la campaña #Yonorenuncio #Yoconcilio con el objetivo de conseguir 100.000 firmas para solicitar a Change.org que se incentive fiscalmente a aquellas pymes que implanten una jornada continua con flexibilidad horaria.

¿Y tú, ya has firmado? ¿nos ayudas a que nuestra voz nos acerque a una conciliación real?



Hijos, recordad siempre que mamá no está dispuesta a compraros por sus ausencias,  lo que si os puede prometer que hará todo lo posible por ayudaros a conseguir tocar con los dedos las estrellas.




dilluns, 19 d’octubre de 2015

UN MUNDO FASCINANTE

- Me hubiera encantado gustarle.

- ¿Y quien te ha dicho que no lo has hecho?

- Ni siquiera me ha hablado mamá.

- Que no te haya hablado no significa que no le haya gustado conocerte. No a todo el mundo le resulta fácil expresar lo que siente.

- Cuando le hablaba no me miraba.

- Sólo necesitáis más tiempo para poder congeniar.

- Me hubiera gustado jugar un rato con él al balón.

- Estoy convencida que el próximo día lo pasareis bien.

- A ti si que te ha dado un beso cuando le hemos dicho adiós. 

- Hace mucho tiempo que nos conocemos. Poco a poco hemos conseguido crear un mundo maravilloso en común. ¿Te gustaría volver a verle?

- !Claro mamá!  ¿Y seré capaz de lograr que sea mi amigo?

- Sólo necesitará saber que quieres estar a su lado y estará encantado de compartir contigo lo mejor de él.

Podría empezar explicando que Pablo sufre un trastorno generalizado del desarrollo. Que no le dirigió ni una palabra ni un gesto a Xavier. Que no le miró ni se despidió de él. Seguiría aclarando que está diagnosticado como alguien que padece un trastorno autista. Podría explicar que comprendo la desilusión que sentía Xavier ese día sentado en el parque sin entender porque no querían jugar con él.

Pero prefiero empezar contando que Pablo es un niño muy especial, al que todo el mundo le gustaría conocer. Podría asegurar que si tu mirada logra entrelazarse con la suya no podrás dejar de desear saber más sobre él. Un niño al que le fascina jugar al igual que a todos los compañeros de su edad, no para de reír cuando le haces cosquillas sin avisar y se enfada cuando no entiendes lo que te quiere decir. Al que le gusta que le achuches cuando las cosas no salen bien y le animes a intentar cosas nuevas que probar. Que te pide protección cuando el ruido empieza a aumentar y te expresa su miedo cuando no entiende lo que va a pasar. Al que le gusta soñar y construir.

Podría concentrarme en hablar de todo lo diferente que es de los demás, en describir todo lo que nunca podrá llegar a hacer, en los problemas que presenta a la hora de comunicarse con los demás. Elijo focalizar mi energía en explicar todo lo que día a día es capaz aprender, de sentir, de intuir. Nunca llegará a la universidad pero ya es un licenciado en el arte del querer. Jamás formará una familia pero posee el master en lograr que a su alrededor todos lo quieran sin condición. No conseguirá conducir un coche pero encarrilará su vida para llegar a descubrir todo lo que le haga feliz. No acabará un doctorado pero será capaz de vivir en un mundo hecho a medida lleno de emoción y bienestar. 

Debo confesar que hay días en los que me cuesta mucho aceptar que no tenga ganas de mí, que me exija una paciencia infinita para poder llegarle a ayudar, que no pueda conectar con la realidad, que no muestre interés por escuchar y aprender todo lo que le quiero enseñar. De que haya jornadas donde no se deje tocar y se muestre indiferente a que le narre ese cuento que días antes le hipnotizó. Que me niegue un abrazo o nunca me explique lo que siente por mi. Mañanas en las que no logro entender el porqué de su llanto que me lleva a desesperar, en los que me invaden las ganas de abortar mi esfuerzo y volver a la normalidad. Momentos en los que me molesta su rigidez, su desinterés por todo aquello que le pueda ofrecer, que no pare de repetir que no quiere que me acerque a él o que sus rabietas y berrinches no paren de aparecer. Que me obligue a dejar mi humor y la ironía en un cajón.

Pero llega el día que consigues aliarte con la incertidumbre y lo desconocido te deja de molestar, que te anclas en la clínica de la comprensión y decides ir borrando cada una de las etiquetas que le quieren colgar. Ese justo momento en el que decides centrar tu mensaje en hablar de convivencia y no de inclusión, de igualdad y no de diferencia, de oportunidad y sensatez. El día a día en el aula te lleva a aprender que, sea cual sea la condición, todos los niños necesitan un abrazo cuando todo se tiñe de gris, un "eres capaz de hacerlo" cuando las cosas se empiezan a torcer o un "estoy aquí a tu lado" cuando empiezan a temer. Pablo, al igual que sus compañeros,  sólo necesita comprensión, que respeten sus ritmos, que compartan su silencio y crean en él. Que le susurren al oído "todo saldrá bien". 

Trabajo a diario por conseguir sumergirme en su mundo en ocasiones inaccesible para mí, aceptar que con él dos más dos nunca son cuatro. Aliarme con la incerteza para tener ganas de saber cada día más de él, valorar cada uno de sus pequeños progresos e intentar que tenga ganas de saber de los demás. Un mundo extraordinario donde nada está regulado y ordenado, donde nuestras miradas llegan a ser cómplices sin pedir uno al otro ninguna explicación. Un universo donde, llegar a compartir su fascinación por ver las gotas caer, se vuelve algo mágico o que observemos embelesados como ruedan los coches se convierta en el mejor plan. 

Me pides que te ayude a comprender, que te anticipe lo que va a suceder y elimine el caos en tu vida porque te produce estupor. Que entienda tu fascinación por cosas a las que yo ni siquiera he llegado a apreciar, que respete tu ritmo y tu forma especial de comprender la realidad. Que no hable demasiado deprisa porque sino no entiendes lo que quiero de tí, que te felicite cada vez que lo haces bien. Que entienda  todos los rituales que necesitas para vivir, que sea previsible para que me puedas seguir. Que camine lento, que acepte que no dejes de agitar tus manos y tu cabeza sin cesar, que repitas siempre la última palabra que acabo de pronunciar.

Gracias por haberte cruzado en mi vida y obligarme a diario a improvisar, crear o inventar para encontrar la tecla que te haga feliz. Por hacer que me enternezca por tu ingenuidad, tu manera de besar, tu forma de decirme que te gusta mi olor. Deseo contagiarme de tu naturalidad a la hora de elegir, de decir siempre la verdad, de mostrar una picardía sin intoxicar, de tu ritmo pausado a la hora de actuar. 

Aprendo a diario cuando su mamá le viene a buscar y se funden en un fascinante abrazo que sólo ellos logran entender. Y estoy convencida que Xavier y él lograran crear un mundo único donde poder soñar juntos sin miedo a errar.


dilluns, 12 d’octubre de 2015

UNA DÉCADA Y CUATRO AÑOS

- Ésta es la que más me gusta mamá

- ¿Por qué?

- Porque papá te coge bien fuerte de la mano.

- También es una de mis preferidas.

- En todas las fotos no paráis de sonreír.

- Fue un día muy especial. Explicar a la gente que te quiere, que has encontrado a la mejor persona para compartir el resto de tu vida, te hace inmensamente afortunada.

- ¿Y como supiste que querías a papá?

- Porque es el único que ha sido capaz de hacer temblar mi corazón.

- ¿Y cómo sabré yo que tengo a esa persona delante?

- Será aquella que logre hacerte sonreír cada vez que hayas decidido dejarte llevar por la tormenta.

Hoy hace 14 años que decidimos coger el mismo tren, que elegimos compartir vagón, que nuestros caminos se cruzaron en una genial casualidad. No hizo falta dar el beso al sapo para saber que era él el elegido para empezar a dibujar un destino compartido. Llegaste sin hacer ruido, quizás en el momento menos adecuado. Fuimos pacientes, construimos sin prisas, marcamos nuestros ritmos. Aprendimos a no escuchar a los que no creyeron en nosotros, a los que sólo veían pegas en nuestro camino, a los que aseguraban que no merecía la pena intentarlo. Fuimos valientes resurgiendo ambos de la adversidad, creímos en nuestro proyecto, demostramos que nos necesitábamos y el destino acabó alineándose a nuestro favor.

5113 días de amar con coraje cuando ha habido tempestad y con dulzura cuando todo ha ido todo bien, de reinventarnos a diario para luchar por nuestra elección, de compartir ausencias, de curar heridas, de tejer lo que está a punto de romperse, de enorgullecernos de lo conseguido. Un amor compañero, comprometido, sin secretos ni dobles sentidos, donde la idealización se ha ido difuminando para dar paso al respeto, cuidado, cariño y la admiración. El paso del tiempo nos ha enseñado que el amor no tiene que ser perfecto para ser maravilloso, que lo único que debemos pedirle es que sea sincero, un lugar donde no haga falta fingir. Un amor sentido y poco pensado, especialmente los días que se tiñen de gris.

La experiencia te revela que quieres a alguien de verdad cuando no necesitas poemas ni flores, ni promesas eternas, ni pactos perpetuos, sólo que te susurre al oído "estoy a tu lado" cuando la vida se empeña a hacerte sufrir. Amar es enamorarse de las diferencias, entender lo que tú nunca harías, querer las imperfecciones, respetar nuevas ideas,  tener el mejor aliado para que te impulse a volar. Quererse es viajar en la misma dirección y desear hacerlo por vida, compartir coordenadas y retos. Amar es entender que lo importante es con quien viajas y no el destino, que en ocasiones la vida se balancea, que constantemente te tocará reconstruir. Conseguir que los demonios sean capaces de entenderse,  respetar espacios, dejar al otro ser quien quiera y amar cuando menos lo merezca.

Amor es encontrar a alguien que se enamora de ese lado oscuro que nadie conoce, de tu caos, tus imperfecciones, tus fracasos, dudas y cambios de humor. Aquel ser único que entiende tu delirio, respeta tu silencio, cree en tus sueños, comprende tu ausencia y se aparta cuando necesitas respirar. La persona que apacigua tu ira, potencia tus cualidades, disimula tus defectos y te aguanta cuando la apatía y el desánimos se han apoderado de ti. Aquel que desea pasar a tu lado el vendaval y tira de ti cuando no puedes más.

El único individuo que ama tu lado sombrío, el más miserable, rompe tus barreras y te protege cuando te muestras inmensamente vulnerable. Aquel que elige quererte cuando decides que ni tu misma te aguantas, te muestras torpe, vacías lo peor, eliges inmolar lo conseguido y amas a destiempo. Sólo él sabe cuidarte y abrazarte fuerte, sin reproches ni censuras, haciéndote sentir única y logra que vuelvas a empezar.

Ese ser singular que consigue un equilibrio entre tus deseos y sus demandas, desea a fuego que las cosas funcionen, logra convertirse en tu mejor refugio, no muestra miedo al acuerdo y lidia con cada uno de tus fantasmas. Aquella persona con la que deseas llenar tu vida de buenos recuerdos, de experiencias encontradas, de problemas resueltos y definir juntos cual es la mejor manera de querer. Aquel que siempre sabe lo que te pasa, con el que te sientes libre, define lo que sientes, pone nombre a tus penas y no deja de mostrarte el sendero para lograr vivir a la máxima intensidad. 

La única persona que te ama con el alma y te hace entender que la felicidad está dentro de ti y no al lado de alguien. Aquel con el que compartes el maravilloso oficio de ser madre y se convierte en el mejor papá que pueda existir. Una década y cuatro años compartidos que deseo sigan transformándose en una eternidad.

dilluns, 5 d’octubre de 2015

A MI ME GUSTA SER MAMÁ

- ¿A ti  te gusta ser mamá?

- Es lo que más me hace feliz.

- ¿También cuando te hacemos enfadar porque no hemos hecho alguna cosa bien?

- De esos momentos, en muchas ocasiones, surgen los mejores aprendizajes, ¿no crees?

- A mi me gusta mucho que seas mi mamá.

- ¿Ah si?

- Sí, tu eres la única que consigue que no tenga miedo en la oscuridad, tus besos me curan cuando me hago daño y cuando estoy triste consigues que vuelva a reír. Además tienes un poder especial.

- ¿Un poder?

- Sí, sólo con mirarme sabes si estoy bien o mal, además eres capaz de darme lo que necesito sin que te lo tenga que pedir.

- ¿Sabes lo que más me gustaba de la abuela cuando tenía tu edad?

- ¿Qué mamá?

- Que siempre sabía cuando me tenía que achuchar.

Me encantaría ser de esas mamás que poseen infinita paciencia y han nacido únicamente para estar con sus hijos sin cansarse ni un instante de la maternidad. Aquellas que nunca se quejan ni añoran su vida cuando tenían tiempo libre y dormían todas las noches de un tirón. De esas que no echan de menos el silencio ni la soledad o que nunca desean que se vayan a la cama para poder desconectar. Que no pierden la sonrisa aunque la casa vaya a explotar, que no se exaltan cuando sus hijos no dejan de discutir, ni nunca pagan con ellos alguna de sus frustraciones el día que amanece gris. Me gustaría ser de esas mamás que observo en el colegio que no dejan de reír aunque les haya costado casi la vida llegar puntual, que no protestan cuando están hartas de cumplir las necesidades de los demás, que cumplen los deseos de sus pupilos sin rechistar. Aquellas heroínas que nunca gritan, ni pierden los nervios, ni desean que lleguen los abuelos para que se lleven a sus hijos un rato a pasear. Que no sufren de lumbago sin sus hijos han invadido la cama al alba y saben disimular sus ojeras y mal humor cuando llevan tres días sin descansar. Esas elegidas que han nacido para ser mamás sin peros, carencias o imperfección.

Envidio a aquellas madres que siempre consiguen que sus hijos coman fruta y verduras sin gruñir, que no muestran pereza si les toca jugar al parchís, que nunca se olvidan de explicar el cuento antes de irse a dormir y saben de memoria todas las canciones de moda que sus hijos piden sin cesar. Aquellas escogidas a las que el ritmo acelerado no les llega a agobiar, las que gestionan todo sin titubear, las que montan espectaculares fiestas de cumpleaños sin rechistar, aquellas que no se quejan cuando les toca trasnochar para poder conciliar.

Os prometo que yo lo he intentado pero se me ha negado esa potestad, sin duda me ubico en el otro bando de mamás. Aquellas que resoplamos en varios momentos al día cuando la cosa se empieza a torcer, a menudo no vamos estupendas porque no ha habido tiempo para más y maldecimos cuando nos llaman a las tres de la mañana porque tienen sed.  Confieso perder los nervios, estar incómoda fuera de mi zona de confort, añorar mi libertad, desear dormir 24 horas seguidas y perderme durante una temporada en algún sitio que nadie me pueda encontrar. Soy de aquellas que acumulan listas de tareas por hacer y maldicen los días que no les ha dado tiempo ni estornudar. 

Y tras leer cientos de manuales de crianza, de cursar licenciaturas de educación, de intentar imitar a las madres con super poderes llega un día que te convences que la perfección en este magnífico oficio nunca te llegará. Y es, en ese justo momento en que te sientes la peor madre del mundo porque has sido incapaz de gestionar algún conflicto que ha acabado casi en una nueva guerra mundial, cuando tu hijo te susurra al oído "te quiero mamá". Esas palabras poderosas capaces de trasformarlo todo y de recordarte que ellos nunca te han pedido que seas la mejor sino sólo que estés ahí cuando necesiten seguridad, les escuches sus demandas y les enseñes las mejores estrategias para no dejar de avanzar.

Tras 10 años de ejercer oficio aprendiendo por ensayo-error, de tener el honor de poder acompañar a dos seres maravillosos desde la casilla de salida, de compartir cada paso de la fascinante senda del aprender, de tender la mano cada vez que se caen, de dibujar proyectos que les hacen crecer, sólo deseo convertirme en una mamá experta en el arte de entusiasmar.

No prometo tener siempre el control, ni poder constantemente controlar mi humor ni saber siempre la solución. A lo que si me comprometo es a luchar porque no pierdan nunca el amor por la vida que tienen la suerte de gozar,  a intentar controlar la incongruencia entre el decir y el actuar, a bajar el tono de voz cuando pierda la dirección, a eliminar de nuestras vidas la negatividad. A no usar la amenaza y utilizar la anticipación, a no generalizar cuando me toque corregir, a no abusar de la autoridad y cumplir las promesas que tanto les hacen ilusionar.

Y trabajaré para conseguir que crezcan en libertad, sin sobreprotección, explicando con paciencia que deben mejorar,  intentando equilibrar el sentido común y añadiendo a los contratiempos dosis extras de humor. Cultivaré para que nunca se cansen de aprender a aprender, de mejorar, de interrogarse y defender lo que sientan, de creer en el esfuerzo como el mejor cómplice para lograr, de eliminar las quejas, dudas y el que dirán. Os animaré a empezar de nuevo cuando las cosas no salgan bien, a buscar motivos para seguir, a utilizar el fracaso para aprender, a comprometerse con todo aquello que les haga vibrar, a hacer locuras que les hagan feliz, a despertar las ganas de experimentar, innovar y conocer.

Creo que educar es más guiar que corregir, amar que reprochar, acompañar que advertir, aceptar que negar, felicitar que reprobar, confiar sin censurar, elogiar sin juzgar, querer sin condición, ser el mejor modelo que puedan tener sin cansarnos nunca de aprender.

Prometo que entenderé que a medida que se hagan mayor se muestren más críticos con mi forma de entender será el momento adecuado para dejaros volar.

Y si hijo me gusta mucho ser mamá, sin duda es el mejor oficio del mundo.