Sònia

Sònia

dilluns, 29 de setembre de 2014

MAMÁ, ¿CUÁL ES EL MEJOR OFICIO DEL MUNDO?

- Mamá, ¿cuál es el mejor oficio del mundo? me pregunta Pol mientras acaba sus deberes. 

 - Le miro asombrada y no se muy bien que contestar. 

 - Tengo una duda mamá, ¿aquél en el que ganas más dinero o aquél donde debes trabajar poco?

 - Sonrío y le contesto que el mejor oficio del mundo es aquel que te haga feliz. 

     Su pregunta me transporta instantáneamente al pasado. Recuerdo que durante mi infancia me incomodaba enormemente que me preguntasen que quería ser de mayor. Primero, porque yo nunca tuve prisa por crecer y no quería tener las responsabilidades y preocupaciones que tenían los adultos. Yo era feliz en mi mundo y lo que más me preocupaba era jugar o reír con mis hermanas cuando era la hora de dormir y mi madre apagaba la luz. Recuerdo ese momento como algo completamente mágico.

     La segunda razón era porque no tenía ni idea a que quería dedicarme en el futuro. Me inquietaba que mis hermanas respondiesen sin titubear cuando les preguntaban al respecto. La mayor quería ser "más alta que mamá" y a mi me parecía una respuesta genial, que arrancaba a todo el mundo una enorme sonrisa. Mi hermana gemela respondía muy segura de si misma que quería ser periodista y escritora. Yo le escuchaba con resignación y deseando que por arte de magia me llegasen las ganas de ser alguna cosa cuando fuese mayor . 

     Recuerdo cambiar de idea cada vez que pensaba sobre ello y sentir que no sería capaz de elegir  jamás una profesión. Las dudas me persiguieron durante toda mi escolaridad, y en el momento de  entrar en la universidad, seguí dudando. El destino me llevó a dedicarme a la educación y eso , en la actualidad, me hace feliz.

     Pero no es el oficio en el que desarrollo mi mejor faceta. En los últimos nueve años he comprendido que mi profesión  es aquella que no tiene horarios establecidos, en la que debes estar al máximo rendimiento las 24 horas del día, los 365 años del año, en cualquier estación . Aquella donde no se puede coger la baja, solicitar una excedencia o faltar si me encuentro mal. Ocupación en la que no existe una escuela para ir a aprender y vas haciendo maestría gracias a los innumerables  errores que vas cometiendo.

     Oficio que exige hacer las cosas con una sola mano, dormir con un ojo medio abierto, fingir que siempre estás de buen humor y comer siempre la porción más pequeña y fría. Aquel que te exige perder muchas horas de sueño, renunciar a tener algo de tiempo libre o que me obliga a peinarte con una coleta porque no hay tiempo para más. Que exige de mi gran cantidad de paciencia, calma, empatía, eficacia y constancia y que además, me desafía a cada instante.

    El quehacer  que exige de mí la máxima responsabilidad, donde no existe hoja de ruta, donde se aprende sobre el terreno y siempre debes dar calidad. Puesto donde no existe un jefe al que me pueda quejar de las condiciones laborales a las que estoy sometida. Tarea altruista, desinteresada y sin paga doble en Navidad.

     Pero a la vez es único oficio que a mi edad me permite jugar, crear lazos de complicidad,conversar sin interrogar y me contagia espontaneidad.  Tarea que te convierte en una experta negociadora, desarrolla tu capacidad de generar soluciones, te obliga a mirar las cosas desde otra óptica y superar todos los retos que te quieras marcar.¿Quién no querría tener un oficio que te hace ser generosa, mejor persona, más tolerante y te enseña a ver la vida desde una  perspectiva mucho mejor?

     Única función que es capaz aún de sorprenderme, de ofrecer abrazos sin pedirlos, que me hace sufrir y gozar, dar y recibir, errar y acertar. El único empleo que llevo dentro de mi alma, que me crea adicción, que me recuerda que fácil es perdonar y vivir con sinceridad, Que me exige ser eficaz, atenta, activa, sensible y confiable.

     He tardado más de cuatro décadas en saber qué quería ser de mayor. Ahora soy yo la que le pregunta a los demás si quieren saber cuál es mi profesión. Sí,  por fin sé que nací para ser MAMÁ.

dimarts, 23 de setembre de 2014

CREO QUE MAMÁ Y PAPÁ AHORA SE QUIEREN DIFERENTE

Soy de las personas que piensan que hay cosas que no duran para siempre, que nada es eterno.

Cuando te comprometes con alguien siempre crees que será para toda la vida pero, si un día te das cuenta que no es posible, mereces una segunda oportunidad.

Los hijos merecen vivir con unos padres que se quieren y se respeten con un objetivo bien claro: conseguir la felicidad. Recordemos que ellos no son culpable de nada.

Hoy os dejo mi nueva colaboración con el Club de la Malasmadres.

CREO QUE MAMÁ Y PAPÁ SE QUIEREN DIFERENTE

diumenge, 14 de setembre de 2014

MAMÁ, ¿Y SI NO SÉ HACER LO QUE ME PIDEN?

     
     El tiempo transcurre a pasos agigantados y yo me doy cuenta en el momento que empieza un nuevo curso escolar. Al dedicarme a la educación mi año empieza en septiembre y acaba cuando el calor empieza a apretar. Este primer mes es el de pasar de cero a cien, el de organizar y programar. Invadida por el síndrome postvacacional intento coger el ritmo sin poder casi respirar.

     Sí, si, debo confesarlo, mis hijos tienen la manía de no parar de crecer, de estirarse por momentos, de dejar la ropa pequeña y de medirse conmigo constantemente recordándome que pronto me pasarán. Te percatas que tus hijos se hacen mayores cuando compruebas que debes multiplicar las tallas que llevaran en el uniforme escolar y las mangas de las batas han quedado cortas y se tienen que cambiar.

     En nueve años hemos superado, y digo superado porque  ha sido una ardua tarea, diez adaptaciones diferentes. Admito que en la mayoría de ellas mis hijos lo han llevado mucho mejor que yo. En muchas ocasiones me ha tocado disimular mis miedos y mi inseguridad. Qué confundida estaba cuando sufría porque que no fuesen capaces de adaptarse a la vida escolar o a vivir sin mamá. Cuantos logros conseguidos sin tener que pronunciar la palabra papá.

     La vuelta al cole siempre implica un trabajo adicional. Marcar ropa, preparar el material,  forrar libros que siempre quedan mal o cuadrar horarios para que todo empiece a rodar.

     Desempolvo recuerdos de los primeros años de guardería cuando la maestra casi debía cortarme la mano para dejarlos en clase, cuando no dejaba de mirar las agujas del reloj en el trabajo deseando que llegase la hora de irlos a buscar, de preguntar si habían comido mucho o de salir de clase con el corazón encogido cuando pedían berreando que no me fuese a trabajar. Ya en el cole de grandes fue todo más normal. Se adaptaron sin problemas y mamá estaba mucho más preparada para dejarles volar.

     Recuerdo el primer día  de colegio de Xavier. Observando mi cara de pánico por dejarlo en libertad se acercó a mi, me achuchó y me susurró al oído que no sabía como debía actuar. Me preguntó que prefería que hiciese, si llorar o no llorar. Ese fue el detonante que me enseñó a que debía confiar más, valorar cada uno de sus pasos al caminar y fue el momento de comprometerme a enseñarles a perder el miedo a errar.

     Mañana comienzan un nuevo año escolar. Con las mochilas preparadas en casa se palpa el nerviosismo por lo que les deportará. El peque cambia de etapa y eso le crea inseguridad. ¿Mamá y si no se hacer lo que me piden? Mamá y papá te ayudarán.

     Se hacen mayores cuando te advierten que no dejarán que aplastes su pelo con colonia nunca más, cuando piden que no les repitas cuatro veces si están preparados para empezar o advierten que no debes darles un beso en la puerta del colegio delante de sus amigos por el que dirán. Piden ir solos al cole sin que les lleve papá, tener un PC propio o dormir en casa de un amigo al que explicarán cosas que otros nunca sabrán.

     Estoy convencida que será un año muy especial, cargado de miles de aprendizajes, de experiencias y sorpresas que nos enriquecerán. Ellos no lo saben pero seguiré achuchándoles antes de salir de casa para que no se avergüencen de mamá y preguntándoles una y mil veces cuando quieren a  su mami como hacíamos de pequeños cuando casi no sabían hablar.

     Volar solos, que yo estaré esperando al lado del camino para ayudaros a avanzar.


dilluns, 8 de setembre de 2014

MAMÁ, ¿TÚ SABES PESCAR NUBES?

- Mamá a mi lo que me gustaría es aprender a pescar nubes, ¿tú sabes?

- Yo no sé, lo siento. ¿Para qué quieres pescarlas?

- Para darles millones de formas, pintarlas de colores y regalarlas con un lazo.

- !Qué gran idea!, me gustaría una para mi cumpleaños.

- Mamá la tuya será la más bonita, repleta de colores y tendrá la forma que tú me pidas.

- Le achucho con todas mis fuerzas, mientras le susurro que aprenderemos juntos a pescarlas.

     Me impresiona la capacidad creativa que tienen los pequeños de la casa, la disposición innata para hacer preguntas insólitas, para imaginar, investigar y soñar. Sus castillos de arena parecen auténticas obras de ingeniería, sus dibujos rebosan fantasía, tienen la capacidad de ver en el agua que llenan los charcos formas fantasmagóricas y un insignificante insecto puede transportarles al más maravilloso de los bosques encantados.

     Admito que con el paso de los años mi imaginación ha ido mermando y ponerme delante de un folio en blanco, en muchas ocasiones, se convierte en una ardua tarea. Mi creatividad se ha ido centrando en áreas muy concretas, envidio las mentes creativas de mis hijos. Añoro ver el mundo desde su óptica inventiva, su capacidad de crear cuentos repletos de risa y paisajes llenos de magia. Anhelo su sentido del asombro, su insatisfacción si no logran la respuesta a su curiosidad, sus ganas de saber más y más.  Nunca se cansan  de probar hasta aprender como va aquello que quieren utilizar.

     La creatividad es la forma de expresarse uno mismo usando la originalidad y la imaginación y en eso los niños consiguen un cum laude. Teatro, música, danza, arte, pintura, escritura, nada se les resiste. Inventar un nuevo bocadillo para merendar, diseñar un nuevo instrumento musical o dibujar una nueva mascota se convierte en actividad apasionante.

     Intento inspirarles y no sólo explicarles o demostrarles. Proporcionarles un entorno favorable para el descubrimiento y la experimentación. Estimular todas las curiosidades, provocar la duda, motivarles a crear, a buscar siempre el por qué.

     Muestran interés por todo lo que hacen, sus ideas inéditas e inesperadas rebosan originalidad. Una idea fortuita les transporta a experiencias enriquecedoras, expertos en nada y aprendices de todo, sin miedo a aprender, sin la necesidad de demostrar. El error es parte del juego sin importarles tener que volver a empezar o el que dirán.

    Admiro su capacidad de observar a un cangrejo durante horas que antes han pescado con tenacidad y osadía, diseñar las zapatillas de correr con la mejor aerodinámica para que mamá no se vuelva a lesionar o esbozar la bandera de un país donde jamás nadie tendrá que llorar.

     Gracias por recordarme cada día que todas las personas adultas han sido niños  antes pero en muchas ocasiones nos obligamos a olvidarlo.