Sònia

Sònia

diumenge, 30 de març de 2014

La caja de Pandora

Soy de las que piensan que las cosas pasan con una razón de ser. Por un motivo concreto y en un momento determinado. A veces nos sorprenden y a veces nos ponen nuevamente a prueba. Sea por lo que sea, llegan y toca volver a recolocarse. Reinventarse no es tarea fácil. Hace justo un año que lucho por poder trotar sin dolor. Por disfrutar de aquello que más me gusta.

Desde la Media maratón de Cambrils no he vuelto a poder dar una sola zancada. El pisotón que me produjo la lesión me dejó fuera de juego. Con el paso de los días me doy cuenta que aquello pasó porque tocaba. Lo que parecía que sería un corto parón por una sencilla distensión muscular, me ha llevado a volver a destapar la caja de Pandora. Quizás la caja la dejé mal tapada.
Estos días he vuelto a dar un salto en el tiempo. Confio en haber encontrado la solución a mis problemas. El diagnóstico es claro: todas las lesiones vienen provocadas por la cesárea que me practicaron cuando nació Pol. Los dos tuvimos mucha suerte. Ahora toca acabar de una vez con los fantasmas. Creo que es una parte de mi vida que queda por resolver.
Es la terapia más dolorosa que me han practicado. Ahora toca apretar dientes y acabar de una vez con esto. Controlar las emociones y limpiar definitivamente.
Tenía que haber corrido la maratón de Barcelona junto a Valentín Sanjuan. Estoy convencida que algún día haremos algo juntos.

Durante estos días te das cuenta que los tuyos nunca te fallan. Te ofrecen dejarte arrastrar por su confianza. Me siento privilegiada por ello. No estoy sola en esto y eso me reconforta.

Soy tozuda,constante y tenaz. Nunca le daré la razón a aquel que me dijo que no sería maratoniana.


dijous, 13 de març de 2014

Héroes

Yo sí que creo  en los héroes. No en aquellos héroes que  llevan capa y tienen súper poderes sino en los héroes de verdad. Los héroes mortales que intentan pasar desapercibidos y dedican sus esfuerzos a hacernos la vida mucho mejor.

El domingo debería correr mi cuarta maratón de Barcelona. Es sin duda la distancia en la que me siento más cómoda. Soy maratoniana de corazón. La distancia de Filípides me hace feliz. La constancia que me exige, la perseverancia, la confianza que debo tener en mi misma, me hace crecer a lo largo de los  meses de su preparación. Este año no ha podido ser. Las lesiones no me han permitido prepararla con el respeto que se merece y por eso decidí no inscribirme a ella. Sin duda habrá muchas más. Sólo hace falta seguir siendo paciente.

Pero si la correrá una de mis héroes personales. No diré su nombre porque sé que a ella no le gustaría. Es la persona más tenaz que conozco. Le hubiera sido muy fácil tirar la toalla en cientos de ocasiones. Ella sigue calzándose sus zapatillas diariamente; llueva, haga frío o las temperaturas sean altas. A las 5:30 de la mañana siempre realiza su entreno. Corto pero intenso. Es la persona más sencilla que conozco,  bondadosa y humilde. Su enfermedad no ha podido con ella. Cada día me da una lección.

El domingo volverá a disfrutar de las calles de Barcelona. Sin importarle el ritmo, el tiempo ni la posición. Sin duda será una de las corredoras que más la disfruten. Sus zancadas constantes le llevaran  a alcanzar su gloria. El deporte en estado puro.

Sólo desearle toda la suerte del mundo. Sólo pedirle que continúe estando a mi lado, que me siga animando a desinstalarme.


Gracias por hacerme cada día un poco mejor.




dimarts, 11 de març de 2014

INFINITO



Xavier , el peque de la familia, cursa su último año de parvulario. Es un niño entusiasmado por aprender, por experimentar, que disfruta de cada nuevo aprendizaje.  Cada nuevo descubrimiento produce que sus ojos brillen y se anime a ir un poco más allá.
Esta mañana, mientras mareaba sus cereales en la leche, contaba sin cesar. Le fascina llegar al cien y poder continuar. Su hermano mayor le miraba aburrido pensando que gracia tenía el contar como un loro.
Después de un largo rato de números y más números ha parado en seco. Se ha girado y me ha dicho: “¿mamá y donde se acaban los números? ¿Puedo contar hasta que llegue la noche?. Le he explicado que los números no se acababan nunca y que llegan hasta el infinito. Él ha arrugado su nariz mostrando que no lo acababa de entender. Entonces en una servilleta de papel  le he dibujado el signo de infinito y le he explicado que podría contar días y más días y no llegaría al final. Él emocionado iba mirando el número dibujado y se ha absorto en sus pensamientos.
Como cada mañana prisas para acabar el desayuno, para vestirse, para dedicar un rato a la lectura. Abrigos puestos, mochilas preparadas, desayunos guardados, un besazo y hacia al colegio junto a su padre. Cuando ya habían salido, Xavier ha llamado al timbre. Yo, con prisas he abierto la puerta y él, con una sonrisa de oreja a oreja, me ha dicho:

“¡Ya lo tengo mamá, a papa y a ti os quiero hasta el INFINITO!

¿Existe una mejor manera de empezar el día?