Sònia

Sònia

dilluns, 16 de gener de 2017

NUEVE LECCIONES DE VIDA

- Parece que te ponga triste que cumpla años.

- No, me hace realmente feliz pero a veces siento vértigo al verte crecer tan rápido.

- ¿Te da miedo que me haga mayor?

- No, pero en ocasiones añoro poderte acunarte en mis brazos.

- ¿Qué es lo que más te gusta de verme crecer?

- Me enorgullece que hayas aprendido tantas cosas en tan poco tiempo.

- ¿Sabes lo que más me gusta de cumplir años mamá?

- ¿Qué?

- Que cada vez podemos compartir más cosas, vivir juntos más momentos.

Hoy Xavier cumple 9 años. Llegó a nuestras vidas casi sin hacer ruido, justo cuando más lo necesitábamos. Entusiasta, apasionado, osado, siempre al límite. Sin miedo a aprender, capaz de sonreír pase lo que pase, de gozar de todo lo que hace. Capaz de bailar con las dificultades, de cambiar todo lo que viene de serie, de no vetar sentimientos. Que se sacia de vida, que perdona sin esfuerzo, un experto ladrón de sonrisas.

Tiene el don de hacerme mejor persona, de contagiarme de emoción, de hacerme enormemente feliz. Capaz de cuestionar mis decisiones cuando no lo hago bien, de tener paciencia cuando no logro estar a la altura, de entender que hay días que mamá no de la talla.

Ojalá, a lo largo de su vida sea capaz de enseñarle estas nueve lecciones:

1) No dejes NUNCA que NADIE defina tus límites. Haz de la valentía tu bandera, de la osadía tu forma de entender la vida. Sueña GRANDE aunque los otros no lo entiendan, cree en tus proyectos, trabaja a diario por todo aquello que sea capaz de erizarte la piel.

2) QUIÉRETE mucho, con avaricia. Mírate siempre al espejo sin reproches, excusas ni desprecio. Sonríete a diario, date cada mañana una nueva oportunidad.

3) Tú eres el ÚNICO responsable de tu VIDA, de todo aquello que te pasa. ASUME la responsabilidad de tus acciones, no permitas que los otros elijan por ti. Toma decisiones, no postergues nada.

4) No te tomes demasiado en SERIO. Acepta tus limitaciones, nunca intentes aparentar algo que no eres. Tiñe tus días de humor. Busca tu marca y defiéndela con orgullo aceptando que no vas a gustar a todo el mundo.

5) NUNCA pidas permiso para aprender, para experimentar, para probar nuevas formas de hacer las cosas. No te canses de investigar, de darle una nueva vuelta a lo que te inquieta, de rediseñar tu mapa.

6) No olvides que tu PASADO nunca deberá determinar tu presente. Se capaz de CAMBIAR, de aceptar que nada es eterno, que como realmente se aprende es de los errores. Acepta lo que viene,  tus equivocaciones, aprende de cada resbalón sin censura.

7) Se AGRADECIDO, practica a diario la gratitud. Con los que ames y los desconocidos. Siéntete afortunado por todo lo que tienes, por cada amanecer que te regale el alba, por la gente que tienes a tu lado. Se altruista con tus acciones, aprecia la belleza de las cosas más simples. Saca siempre la cara por los que te importan.

8) VIVE sin cuestionarte el por qué de las cosas, no todo en esta vida tiene explicación, ni sentido ni respuesta. Haz caso a tu intuición, vive a fuego, arriesga si quieres ganar. Se disruptivo, insolente con los cobardes, aléjate de los que no se atreven a intentarlo.

9) AMA sin MEDIDA, sin esperar el momento perfecto, sin guardarte un te quiero para mañana. Comparte lo que sientas sin miedo al qué dirán. 

Hijo, JAMÁS olvides que TUS SUEÑOS son los míos, que caminamos de la mano. Que te acompañaré todos los días de mi existencia, que estaré a tu lado sin CONDICIÓN.

Feliz noveno cumpleaños, ojalá todos tus deseos se hagan realidad.

diumenge, 8 de gener de 2017

SER GRANDE ES CUESTIÓN DE ACTITUD

- Mamá, ¿existe alguna fórmula para conseguir lo que uno se propone?

- Sí, se llama actitud.

- ¿Es mejor que la de tener suerte?

- La suerte no la controlamos, la actitud la elegimos.

- ¿Y tener buena actitud siempre te asegura conseguir lo que quieres?

- No siempre, pero marca sin duda la diferencia.

Todos deberíamos estar dispuestos a hacer algo grande. Cada uno a su medida,  pero algo que fuese capaz de cambiarnos por dentro. Algo hecho con cabeza y mucho corazón, con dedicación hasta el extremo. Algo que suponga un cambio de sentido en nuestras vidas, una nueva forma de hacer las cosas, el inicio de un nuevo mapa. Algo que afectase al hacer y al sentir, que nos exigiese lo más valioso de nosotros. Algo que te zarandé de tal forma que te cambie por completo, que marcase un punto y seguido en tu forma de entender el mundo, que consiguiese que nunca volvieses a ser la de ayer. Algo que aunque los demás no lo entiendan te haga vibrar por dentro, que erice tu piel.

Y el secreto para conseguirlo reside en la actitud, esa que consigue que nos pongamos en marcha sin saber muy bien el destino. Que hace que te levantes día tras día pensando en un objetivo, que creas a fuego en lo que deseas. Que te hace rediseñar tu vida casi sin ser consciente, que te saca de donde estás, te sacude por dentro.

Esa disposición que mueve cimientos, que cambia tu forma de respirar, que te arrastra construir. Que te reconcilia contigo mismo, te llena de aliento y te susurra "tu puedes con ello". Que te hace confiar aunque los otros dejen de hacerlo, que te demuestra a diario que no necesitas de un don para lograrlo. Que te anima a jugar con las oportunidades, a comprometerte con lo que sientes, a conectar con lo que eres.

Esa que te saca al camino, que te exige responsabilidad, que busca respuestas. Que te enseña a idear las mejores preguntas, a aprender a dar los mejores pasos, eligiendo con cabeza, dejando atrás el victimismo. Que te hace percibir diferente, evocar tus empeños. Que rompe barreras, que alienta quimeras, que roba sonrisas. Esa que te regala amaneceres y te lleva a trabajar hasta la puesta de sol.

Ese talante que te lleva a vivir sin peros, a soñar grande, a que tus besos sean eternos. Que capitanea tus anhelos, eliminando los miedos, controlando los egos. Aquella que te hace dueña de tu vida, que no te permite que postergues, que bajes los brazos. Que hace que tu voluntad sea de hierro, que seas capaz de generar todo aquello que fantaseas, que te lleva a trabajar día a día hasta la exhalación.

Aquella actitud que te ayuda a simplificar, a ser consciente de lo que privilegiada que eres, que te permite identificar tu esencia. Que te invita a empezar en pequeño, luchar contra las excusas, afrontar para superar, explorar nuevas formas de hacer. 

Esa que nos ha llevado a cuatro mamás valientes a trabajar por un sueño, 100 kilómetros solidarios que han hecho de nuestra vida algo mucho mejor. Que nos permite educar con el ejemplo, compartir el camino con gente que suma, disfrutar de salir de nuestra zona de confort.

Esa actitud que hace que nuestros días importen.

diumenge, 1 de gener de 2017

GENTE DIFERENTE

- ¿Cómo hay que ser para ser especial?

- Ser simplemente tú.

- ¿Y si a los demás no les gusta lo que muestras?

- Quizás no sepan apreciar todo lo bueno que hay en ti.

- ¿Y como sabré elegirlos?

- Sólo debes rodearte de aquellos que te hagan mejor.

Es cierto que todos somos especiales pero hay quien lo es de una forma peculiar. Gente singular, que marcan diferencias, que calan en tu vida sin pretenderlo. Que aparecen siempre por casualidad y son capaces de cambiar tu existencia, que aportan algo mágico a tu destino. Aquellos que necesitas a tu lado sin un motivo concreto, sólo porque sí.  Que amenizan tus días, que no tienen en cuenta tus carencias, que tienen el don de hacerte mejor. Que hacen justo lo que necesitas sin que lo tengas que pedir, que le dan a tu existencia un cariz diferente.

Personas que producen respeto, que generan pasiones, que gozan de todo lo que hacen. Que saben bailar con las dificultades, que ven oportunidades donde otros sólo ojean niebla. Que cambian lo que viene de serie, que nunca se enfadan con el destino, que no culpan al pasado, que son los únicos responsables de pintar su presente. Que no vetan sentimientos, que manejan los contrastes, que no creen en las excusas. 

Aquellas personas que complacen a los que aman, que no toman atajos, que encuentran las contraseñas, que viven sin medida, que regalan oportunidades. Que rechazan los dobles sentidos, las interpretaciones, que no esperan que las cosas sucedan. Que no dejan de dar pasos, que se hacen enormes con su trabajo, que no se rinden. Aquellos que nunca negocian con cobardes, que cumplen sus propósitos, que son lo que deciden ser.

Gente que ocultan sus miedos, que lideran con aliento, que exprimen sus talentos, que se sacian de vida. Que dicen lo que sienten, que aprecian lo que tiene, que crean soluciones, que contagian entusiasmo, que siempre dan las gracias. Que saben potenciar las virtudes de los otros, que comparten su aliento, que creen en ti aunque aunque estés a punto de tirar la toalla. 

Aquellos que siempre son capaces de robarte sonrisas, que invitan a aventuras, que sacuden cuando más lo necesitas. Que enseñan nuevos colores, que quieren cuando menos lo mereces, cuando pocos te soportan. Que aconsejan sin sermones, que estiman sin requisitos, que no sucumben a los que no se atreven.

Personas que rechazan el letargo, que creen en la imprudencia, que aspiran a todo. Que aprenden haciendo, que van siempre de frente, que no conspiran ni necesitan de estratagemas. Que son contundentes con sus decisiones, que avalúan sin miedo a encontrar. Que hacen de la vida algo sencillo, que exprimen cada instante, que siempre hacen que aprendas.

Que perdonan, escuchan, aprecian, que suman. Que se quieren y respetan, que tienden puentes, y trazan planes sin esperar el momento adecuado. Que cambian de rumbo sin titubear cuando es necesario, que sueñan al alba, que aspiran a todo.

Personas junto a las que los próximos años quiero tener a mi lado, quiero que compartan mi suerte, de las que quiero empaparme de su saber. 

dimarts, 27 de desembre de 2016

Soy MAMÁ y me gusta la NAVIDAD

No entiendo porqué te gustan tanto estos días.
– ¿No deberían gustarme?
Tú ya sabes que sois los padres quien os encargáis de los regalos.
– ¿Y esa es razón suficiente para no creer en la magia de estas fechas?
¿Qué es lo que más te gusta de la navidad, mamá?
– Que son unos días perfectos para creer en la ilusión.
Nunca olvidaré el escalofrío que sentí cuando aquel hombre de barba blanca me miró y me regaló una sonrisa de oreja a oreja. Sentada en sus rodillas, identifiqué al instante el pose de su boca y descubrí que en realidad era mi padre quien llenaba mis bolsillos de caramelos. Repasaba con atención la carta que sostenía en mis manos a la vez que me recordaba la importancia de no hacer enfadar tanto a mamá. Al volver a casa, tras repartir los regalos a los niños más necesitados del barrio, nos fundimos un largo abrazo. Nunca hicimos referencia a ese momento, nunca rompimos la magia, los deseamos que fuese mi rey para siempre.
Ahora yo soy madre y él abuelo y seguimos compartiendo ese hechizo. Soy de las que le gusta la Navidad, de las que trabaja para que su MAGIA e ILUSIÓN no desaparezca. Creo que las fiestas navideñas son una época perfecta para educar, para aprender, para compartir momentos que se convertirán en recuerdos que nos acompañaran a lo largo de toda la vida. Momentos que quedarán gravados en nuestra memoria y nos robaran sonrisas cada vez que nos acordemos de ellos.
La Navidad es una fecha ideal para inculcar valores a los pequeños de la casa que les permitan crecer y afianzar su identidad, que nos permitirán estrechar el vínculo familiar, que nos facilitarán soñar de la mano.
“Lo que vale mucho vale muy poco” así que la Navidad puede ser un momento excepcional para educar en la GENEROSIDAD, en la importancia de compartir, trasmitiéndolo desde el ejemplo de un consumismo responsable, evitando los excesos y el despilfarro. Nuestros hijos no quieren que les emborrachemos con regalos, desean que estemos presentes, que permanezcamos a su lado sin condición.
Unos días extraordinarios para que nuestros pequeños aprendan a EMPATIZAR con lo que sienten los demás, para ayudarles a identificar sus propias emociones y aprender a ponerle palabras a todo lo que les corre por dentro. Días para abrazar a los que nos importan, para susurrar al oído lo importante que son para nosotros, para decir te quiero y acostumbrarnos a hacerlo los 365 días del año como algo ordinario.
Datas para hacer cosas JUNTOS, demostrándoles lo mucho que disfrutamos del juego compartido, de las carcajadas espontáneas, de las tardes sólo para ellos. Tiempo para escribir la carta a sus majestades a cuatro manos, acordándonos de los que nos rodean y de aquellos que más los necesitan. Momentos perfectos para aprender a priorizar, para tener un sentido crítico de nuestras necesidades y deseos.
Días para dar las GRACIAS por lo que privilegiados que somos de poder estar un año más juntos y para recordar a los que se fueron con una sonrisa en los labios. Para sentirse agradecidos y dichosos, para compartir, para reconocer el esfuerzo que hay detrás de cada regalo. Tiempo para aprender a mimar y cuidar de los nuestros, para apreciar todo lo que hacen por nosotros.
Una época ideal para RENOVAR las ilusiones, las esperanzas, para soñar si cabe más grande. Días para escribir juntos nuevos compromisos, diseñar nuevos retos, elaborar nuevas estrategias en familia. Para cargarnos de optimismo y entusiasmo.
Días para disfrutar de los rituales de la Navidad, de sus villancicos desafinados, de sus pesebres, de su árbol lleno de luces. Para estimular la creatividad y la imaginación, para aprender a hacer nuevas cosas juntos, para conocer diferentes formas de celebrarla.
Hijo, nunca elimines de tu vida la MAGIA que te regala cada NAVIDAD.

dimarts, 20 de desembre de 2016

QUIZÁS MAÑANA SEA TARDE

- Ya lo haré cuando tenga 12 años.

- Es una pena que no te atrevas a intentarlo.

- No me va a salir.

- Postergar nunca es una buena solución.

-¿Y tú qué haces cuando vas a intentar una cosa y sabes que es muy probable que no te salga bien?

- Pensar que ese es el mejor momento para probarlo.

- ¿Aunque sepas que será un fracaso?

- Quien trabaja por sus sueños siempre es un ganador.

El paso de los años te enseña que el mundo es de aquellas personas que son capaces de jugársela, que están dispuestos a entrenarse a diario para ser feliz. De aquellos que se atreven a soñar grande, a arriesgar a doble o nada, a apostar a fuego por lo que creen. Personas intrépidas que actúan y no postergan, que no se escudan en excusas o se hacen pequeños ante la adversidad. Aquellos que aman sus sueños, que se comprometen a diario, que no dejan de caminar. Esos que no se esconden, ni esperan un golpe de suerte para empezar a construir.

Aquellos sujetos que deciden sin esperar la aprobación de los demás, que silencian las críticas con actos, que no necesitan ser elegidos para creer en su trabajo, para empezar a crear. Aquellos que se atreven a dar el primer paso aunque no sepan muy bien donde les va a llevar, esa primera pisada que te saca de donde estás y te abre mil y un camino por descubrir.

Aquellos que aprenden a simplificar, relativizar, a enfocar únicamente hacia lo que es importante. Esos que saben renunciar, que no se atan a causas imposibles, que no se aferran a aquello que les contamina. Individuos que están dispuestos a dar la vuelta a todo, a poner punto y a parte a todo lo que no merezca la pena, a colocar todo patas arriba si no se encuentran satisfechos. Sin pereza ni pausa, sin inventar pretextos, sin buscar culpables.

Personas que atacan las dudas, que eliminan los esfuerzos a media, que emprenden, que pierden el control cuando merece la pena. Los ambiciosos, los inconformistas, que aprenden a desobedecer a los cobardes, a saltar límites, que viven con coraje. Aquellos que buscan lo que les hace diferente, que invierten todo lo que tienen en sus utopías. Que no desean ser lo esperado, que dejan ir lo que les intoxica, que aceptan que hay cosas que no cambiaran.

Aquellos que saben remover bien adentro aunque les asuste, les duela, les ponga al revés. Sujetos que están preparados a tirar del hilo hasta llegar al final, a perseguir preguntas, a tentar el futuro. Esos que prueban mil y una estrategia, que saltan charcos, que son auténticos, que nunca se quedan con las ganas de volver a empezar.

Esas personas que hacen únicamente lo que les emociona, que no traicionan lo que sienten, que no se cansan de buscar nuevas oportunidades. Que creen que equivocarse es una maravillosa forma de aprender, que el error les motiva, que la duda no les paraliza. Aquellos que se hablan con respeto, que se quieren mucho, que tienen ganas infinitas de vivir. Esos que piden ayuda cuando lo necesitan o un abrazo cuando las cosas se empiezan a torcer.

Hijo, nunca olvides que sólo los valientes consiguen lo que quieren. Hoy siempre es el mejor momento para intentarlo, quizás mañana sea demasiado tarde.

diumenge, 11 de desembre de 2016

EDUCAR ANTE LA MUERTE

- ¿Tú también le echas de menos mamá?

- Creo que no hay un sólo día que no me acuerde de él.

- ¿Y también te pones triste al recordar que ya no está?

- Intento acordarme de todo lo bueno que compartimos juntos.

- Sé que papá a veces disimula sus ganas de llorar cuando hablamos de él.

- Se le hace difícil que él ya no esté.

- Ojalá pudiese verme cuando marco un gol.

- Estoy convencida que desde algún sitio lo hará.

Educar ante la muerte pertenece a la vida, es parte imprescindible de ella. Nuestra existencia está llena de encuentros pero también de pérdidas, nos gusté o no, es parte de las reglas del juego. Las pérdidas en ocasiones dan aún si cabe más sentido a nuestros días, nos recuerdan a menudo la necesidad de exprimirla al máximo, de tratarla con cariño. La vida es tan emocionante precisamente porque tiene un límite, la muerte es su esencia.

Hace 4 años que el abuelo se fue. La enfermedad se lo llevó de un manotazo, privándonos de tener tiempo para despedirnos de él, para poderle expresar lo importante que era para nosotros. La muerte le robó lo que más le gustaba en esta vida, ver a sus nietos crecer. Cuatro años donde ha costado mucho no llorar en cada celebración familiar, hablar sin miedo al recuerdo, superar la rabia, entender su marcha. Aprender a afrontar el vacío, la desolación, la ira.

Sin edulcorar la realidad aprendimos a hablar del tema sin rodeos, fantasías o engaños. Sin tabús y admitiendo que estábamos rotos por dentro. Desarrollamos mecanismos para sublimar el dolor, eliminamos los eufemismos. Superamos la negación, la furia, la tristeza. Nos permitimos tener días grises confiando en que poco a poco iría a mejor, aprendimos a seguir caminando sin tenerlo. Aceptamos nuestra presumidad como padres admitiendo que no teníamos respuesta para todo, le pusimos color a la injusticia, buscamos mil y una manera de mantenerlo vivo en nuestro recuerdo.

El tiempo nos ha enseñado a aceptar su pérdida sin enojo, a ponerle una sonrisa al recuerdo. A hablar con naturalidad de su ausencia, a respetar diferentes rituales de despedida, a compartir todo aquello que sentimos sin tapujos, a verbalizar lo mucho que le añoramos. A dejar expresar emociones sin miedo al ridículo, a responder con naturalidad preguntas incómodas, a entender las muestras de dolor sin tapujos. A comprender que el amor no se gasta, que él vivirá para siempre en nosotros.

El paso de los años nos ha permitido compartir el duelo, coger la rabia acumulada y convertirla en energía, a hacernos más fuertes. El primer contacto con la muerte nos ha hecho integrar nuevas emociones, a sentir muy adentro. Al principio necesitamos buscar una estrella que nos unía a él, ahora ya está presente en todo lo que hacemos.

Recuerdo cada vez que discutía porque malcriaba a sus nietos, ahora desearía que les atiborrase de chucherías. Si el abuelo viese como marco un gol, si el abuelo viese la nota del examen que he conseguido, ojalá el abuelo me pudiese abrazar.

dimecres, 23 de novembre de 2016

LA SUERTE DE VIVIR CON UN ADOLESCENTE

- ¿Por qué no dejas de mirarme?

- Porque me cuesta creer que hayas crecido tanto.

- ¿Te gustaba más cuando era pequeño?

- No, me hace realmente feliz verte tan mayor.

- ¿Aunque discutamos más que antes?

- Aunque en ocasiones nos cueste entendernos.

Tengo la suerte de vivir junto a un adolescente. Un joven con ganas de retar al mundo, de descubrir caminos, de perseguir sus sueños. La adolescencia es para mi la etapa más apasionante, un despertad a la vida lleno de ilusiones, miedos y emociones a máxima intensidad. Una edad en la que parece que todo se tambalea, donde crees que nadie te entiende, donde sientes que a menudo vas a contracorriente, donde te ves extraño al mirarte al espejo.

Es sin duda la etapa en la que siento que mi hijo más necesita de mi ternura, mi serenidad, mi presencia, que estemos en sintonía. Que precisa que le acompañe a cierta distancia, que me muestre confidente, que le deje espacio para probar. Aunque le cueste aceptarlo, aunque aparente que es autosuficiente, aunque rechace mis besos en público, necesita a mamá.

El trayecto donde más le hace falta que le repita que le amo sin condición, que le ayude a poner freno, que le haga creer en su potencial, que celebremos juntos cada pequeño logro conseguido. Que compartamos secreto, busquemos aficiones comunes y tiempo para conversar. 

Entenderé sus cambios de humor, su desconcierto, sus dudas e impertinencias. Sus tropiezos, la variabilidad a la hora de opinar, que ría y llore casi a la vez. Que en ocasiones hablemos idiomas distintos, que tenga que poner a prueba los límites, sus salidas de tono, que viva en constante ebullición. Comprenderé sus indecisiones, su fragilidad, su rebeldía y sus deseos de transgredir.

Le daré importancia a sus dudas, a sus intereses, a sus ganas de saber. Sonreiré cuando diga lo contrario a lo que piense, aprenderé a leerle entre líneas, a no perder la compostura, a descifrar sus necesidades. Entenderé que sus amigos sean a veces más importantes que sus padres, que necesite intimidad, que haya espacios que no quiera compartir. Aprenderé a llamar a la puerta de su habitación, a no interrogarlo, a dejar que tome decisiones.

Sabré que sus enfados piden a gritos más paciencia, más tiempo para aprender. Evitaré las etiquetas, las comparaciones, las críticas que destruyen o limitan, le explicaré que yo también fui una joven rebelde.

Le invitaré a que escribamos juntos las normas, pocas y claras, a pactar nuevas condiciones, a reorganizar las responsabilidades, a marcar juntos el ritmo. Aceptaré mis errores, agradeceré que me cuestione, aprovecharé también para crecer. Intentaré no contagiarle mis miedos, mis limitaciones, mis tareas por cumplir.

Pero seré firme cuando toque,  hablaré claro sin discursos, sin debatir lo que no es negociable, mantendré la calma cuando más lo necesite aunque tenga que contar hasta diez. Le recordaré sus obligaciones, no justificaré sus errores, dejaré que se equivoque y se caiga para que aprenda a avanzar. Le haré sentir, pensar, decidir aunque le incomode.

Aceptaré que cada vez necesite menos ir de mi mano, le ayudaré a reconocer sus miedos, a superar sus complejos. Le encorajaré a inventar su mundo, a dibujar como quiere que sean sus pasos, a seguir a su instinto. A no olvidar de sonreír a todo lo que le regale el futuro, con optimismo y mucha dedicación. Le recordaré a diario que los éxitos llegan de la mano del trabajo y la constancia, le animaré a soñar grande y a mirar el futuro con ilusión.